viernes, 30 de septiembre de 2016

Ocho

Estamos en Montevideo, por segunda vez, desde el pasado domingo 25 de septiembre y nos quedaremos aquí hasta recibir a Juanita.  Nos alojamos en Hotel Palacio, el mismo de la primera vez, y en el que nos sentimos -además nos tratan- como en familia.

Hemos estado en contacto con la empresa que lleva lo de Juanita en tres ocasiones. Mientras esperamos seguimos conociendo la ciudad y sus alrededores. Nos han ocurrido cuatro cosas estupendas que ahora mismo os vamos a compartir.

PRIMERA EXPERIENCIA  motivada por Gloria.

El lunes 26/09 fuimos a conocer la Asociación Uruguaya de Alzheimer y Similares (AUDAS). Comparte sede con un dispensario de salud en un edificio antiguo de color verde.

Teníamos cita concertada previamente con su presidenta Doña Victoria Repiso, de la que luego supimos que es inmigrante e hija de inmigrantes españoles (madre vasca y padre andaluz). Fue una conversación relajada, al calor de un té para mí y un café para Antonio, y que se prolongó por casi tres horas durante las cuales compartimos vivencias. Las de mi trabajo en Salamanca con y para personas con demencia y la enorme experiencia de Victoria como mujer cuidadora familiar de sus padres, como cuidadora formal en una residencia en España, apoyando a familias de asociados y no asociados, en reuniones con administradores y políticos buscando que el Alzheimer se haga visible en el marco de las políticas de salud del país.  

La asociación cumplió 25 años. Tiene un centro de día que funciona de lunes a viernes en dos turnos (mañana y tarde) y ofrece apoyo a 17-18 personas en cada uno. Además, brinda información sobre el Alzheimer, responde a consultas personales y telefónicas; produce material informativo que distribuye gratuitamente; realiza actividades de sensibilización sobre la enfermedad para la población en general. Una de las actividades de las que están más orgullosas en la Asociación es el “Café para el recuerdo” que una vez al mes reúne a las personas con su familiares y amigos y a todo el que esté interesado, para compartir, estar en contacto y sentirse como en casa.

Desde aquí queremos agradecer a Victoria y a las personas que forman parte de su equipo (socios, voluntarios y trabajadoras) la amabilidad, buena disposición e información que nos brindaron. Así como felicitarlas por la dedicación y esfuerzo diario en el que las hemos encontrado muy motivadas y comprometidas pese a las dificultades económicas y la escasa sensibilidad social sobre la problemática de las personas mayores con demencia.



SEGUNDA EXPERIENCIA motivada por Antonio. 

El martes 27/09 fuimos a conocer la estación de trenes. Se llama “Estación Central General Artigas” y es un edificio de finales del siglo XIX que fue Monumento Histórico Nacional. Por diversos motivos económicos y políticos, la estación fue “muriendo” y actualmente el edificio se encuentra vallado y en estado de abandono.  Recorriendo las vallas fuimos a parar, unos 500 metros más abajo, a una pequeña y nueva estación en los mismos terrenos de la antigua. Iba a circular un tren de pasajeros así que nos quedamos a observar. Preguntando, Antonio encontró el despacho de maquinistas y logró conversar con cinco que se encontraban allí. Personas amables, muy informadas, enamoradas de su oficio y deseosas de que el tren de Montevideo no muera. Algunos están próximos a jubilarse. Por ellos supimos que circulan nueve trenes diarios de lunes a viernes, el primero sale de esta nueva estación a las 06:55 horas y el tren con el recorrido más largo sale a las 17: 30 y llega a su destino en la estación 25 de agosto a las 19:14. Rubén Darío - uno de los maquinistas- nos invitó a conocer por dentro una de las locomotoras. Ha sido una experiencia que hemos disfrutado juntos, pero especialmente emotiva para Antonio.



TERCERA EXPERIENCIA “salvar a una foquita”. 

Caminábamos por La Rambla a la altura de las playas de Carrasco. Disfrutando del paisaje. Escuchando el sonido relajante del mar. Estábamos solos. Hacía frío y había viento. Antonio, como era de esperarse, sin jersey y con el pantalón remangado caminaba descalzo mojándose los pies en “la mar océana atlántica” (para él, para los demás El Río de la Plata). 

De repente, a unos 15 metros del agua y sobre la arena, observamos un bulto marrón que parecía un animal muerto. Con pena nos acercamos para verlo y cual sería nuestra sorpresa al descubrir que se trataba de un cachorro de foca, cansado y adormilado. ¿Estaba varada?  ¿Se había desorientado por la turbiedad del agua? ¿Estaba enferma? ¿Había salido a la playa para protegerse de una amenaza?… teníamos muchas hipótesis, ninguna respuesta y lo peor no sabíamos qué hacer...!!!

Cuando Antonio comenzó a acercarse ella, levantó la cabeza y abrió la boca como gruñendo en un intento de defenderse. Pero en cuanto sintió sus caricias sobre el lomo bajó la cabeza, se recostó en la arena y cerró los ojos. Pensamos que había muerto, pero nos dimos cuenta de que aún respiraba y que poco a poco se iba tranquilizando. De vez en cuando nos miraba y volvía a “dormir”.  

Mientras Antonio la acompañaba, comencé a buscar a otras personas en la playa que nos pudieran sugerir qué hacer. En la distancia se veía a un hombre que con un tractor aplanaba la arena de la playa, fui hacia él haciéndole señas para que se detuviera pues venía en dirección al sitio en el que estaba la foquita. Cuando le comenté lo que ocurría acercó el tractor al sitio y desde el asiento miró al animal, dijo que había tenido algunas focas, que esa parecía enferma y era mejor dejarla ahí a que muriera. También podía llamar a la Prefectura (guardia costera) pero primero debía terminar su recorrido y luego sí iba al coche a buscar el móvil. 

En ese momento se acercó a nosotros un joven que no hablaba español pero que quería ayudar. Intentó levantar a la foca y ella con una agilidad increíble levantó la cabeza y caminado sobre el pecho y las aletas traseras se metió debajo del tractor para protegerse. ¿Enferma? Pues ahora no lo parecía. No podíamos dejarla ahí. Así que Antonio y el “extranjero” se pusieron en la tarea de hacer que se moviera de allí arrastrándola por las aletas traseras. Esto fue cuestión de segundos, la orientaron hacia el mar y ella rápidamente se arrastró como serpenteando, levantó la cabeza y se impulsó mar adentro. Pronto la perdimos de vista. 

Estuvimos unos minutos esperando por si ella misma o la fuerza de las olas la regresaba, pero no fue así. No la volvimos a ver. ¡Qué alegría! Aplaudimos y nos felicitamos como si hubiéramos ganado un premio… que sensación y que experiencia más bonita.



CUARTA EXPERIENCIA… ¿Dónde está Juanita?

Metida en un contenedor enviamos a Juanita desde nuestra casa en Salamanca el pasado 18 de agosto con rumbo a Montevideo y tuvieron que pasar ¡¡40 días!! para volver a verla. 

Por fin... ayer 29/09 a las 12:30 en compañía de Maximiliano responsable de Altercargo en Montevideo y del Sr. Ramón operario de la empresa en el puerto, pudimos ver ese contenedor en tierra, verificar que los sellos estaban intactos, abrir las puertas y VER A JUANITA!!!! No os imagináis la emoción que sentimos. Casi como reencontrarse con un amor que podía haberse perdido (jajajaja). 

Pero solo la pudimos ver y tocar dentro del contenedor, aún tendremos que esperar porque ahora depende del turno que le asignen en la aduana del puerto para darle salida. Esperamos que pueda ser el próximo lunes 3 de octubre. Al parecer todo está bien. Volvimos a cerrar las puertas del contenedor, pusimos un candado y la dejamos allí.

 
 
 
 
 
 
 
 
  
 


NOTAS:
1. Sigue haciendo mucho frío en Montevideo. 
2. Probablemente tengamos que abrir un espacio digital en Youtube para colgar los vídeos de los que os hemos hablado en las entradas anteriores y los que seguiremos tomando a lo largo de éste viaje. Primero tendremos que aprender cómo hacerlo.

ULTIMA HORA: Nos acaban de comunicar, hace apenas media hora, que el lunes 3 de octubre podremos ir a recoger a Juanita y salir con ella del Puerto.  ¡Qué bien!!!!

Salud y buen viaje para todos.


Gloria y Antonio

jueves, 29 de septiembre de 2016

Siete

Os habíamos contado que después de visitar las cataratas de Iguazú, el día 14 de septiembre salimos rumbo a Montevideo. Ilusionados con la idea de que en un par de días llegaría Juanita al puerto, podríamos recibirla y entonces comenzaría nuestra aventura con ella.

Las cosas no resultaron como esperábamos. Nuestro vuelo hacia el Aeroparque de Buenos aires salió con demasiado retraso debido a una tormenta tropical que afectó la zona del Río de la Plata. Como era de esperar, perdimos el vuelo de conexión y nos vimos obligados a comprar nuevos tiquetes.  Ese mismo día nos enteramos de que Juanita también venía con retraso… 10 días. 

Así que decidimos estar en Montevideo del 15 al 18 de septiembre, los días que teníamos contratados de hotel. Aprovechar la semana siguiente para ir a conocer la ciudad de Buenos Aires y luego regresar a esperar a Juanita. 

Llegamos al bonito y muy amigable Aeropuerto de Carrasco en Montevideo aproximadamente hacia las 19:30 horas y nos fuimos en taxi al hotel. Elección inadecuada. Nos salió carísimo. Luego supimos que con regularidad circula desde allí una línea de buenos autobuses de costo mucho más asequible. El hotel está en la zona antigua de la ciudad. Es un edificio de 1930 que conserva la belleza de la arquitectura de esos primeros años del siglo XX, con un ascensor precioso y habitaciones sencillas, cómodas y limpias. Lo administra una pareja de españoles (Alejandro y Rosa) que inmigraron hace más de 50 años.

Dejamos las maletas y salimos a cenar. Otra cosa que aprendimos, comer fuera es muy caro. Casi siempre cobran los cubiertos y hay que aclarar bien en que consiste lo que van a servir, ya que cobran cada cosa por separado, por ejemplo, en los espaguetis la salsa es adicional y se cobra.

Al día siguiente fuimos a las oficinas de la empresa que gestiona la llegada de Juanita a puerto para obtener más información y tranquilidad. Luego y durante los tres días siguientes nos dedicamos a recorrer la ciudad dejándonos llevar por las edificaciones, los monumentos, los colores, los sabores y la guía de las personas con las que íbamos conversando: los dueños del hotel, algún camarero, una persona de la oficina de turismo, gente en la calle que nos orientaba cuando revisábamos el mapa que nos dieron en la oficina de turismo. Así conocimos la Catedral Metropolitana, la Plaza de la Independencia, el Mercado del Puerto, la Avenida 18 de Julio, la Rambla…  y descubrimos aficionados al tango bailando en la calle. Podéis ver las imágenes a continuación.

En uno de esos paseos y gracias al encuentro fortuito con un mexicano que trabaja temporalmente en la ciudad, fuimos a parar al restaurante “Tomate” (mirad con cuidado las fotos ya que en una de ellas encontrareis la explicación del porqué de ese nombre) en donde nos amenizó la comida el dúo formado por una trompetista (Alejandra) y una bajista (Patricia) que tocaban jazz, a veces clásicos y otras veces improvisaciones. Son gemelas y comienzan su andadura en este tipo de escenarios. Una de las canciones que improvisaron nos la dedicaron, dicen que la llamaran “La ranita y el monstruo” …  un lindo e inesperado detalle ¿verdad? En el vídeo que incluimos podéis escuchar un poquito de su música y ver el restaurante.

Así terminó nuestra primera visita a Montevideo. Nos fuimos para Buenos Aires. Sobre ese viaje ya escribimos. En la siguiente entrada os contaremos cómo nos está yendo actualmente en la segunda visita a Montevideo y lo que ha ocurrido con Juanita.

NOTAS:
De la gente de Montevideo hay que destacar y felicitar su amabilidad y el buen trato que ofrecen a quienes les visitan. De su gastronomía es indudable que se come una carne deliciosa. La ciudad es preciosa, estaría aún mejor si pudieran poner en marcha una campaña de aseo de las calles y de mantenimiento de esas preciosas edificaciones de comienzos de siglo pues algunas corren peligro de perderse. Nos sorprendió el clima: días grises, nublados y fríos; como la ropa de abrigo viene en Juanita, he tenido que ponerme una camiseta térmica y un jersey de Antonio, él ha estado usando su chaleco de invierno.


Salud y buen viaje para todos.


Gloria y Antonio