miércoles, 14 de diciembre de 2016

Doce

Salimos de Ushuaia a primeros de noviembre, sabíamos que a partir de ahora el Sur estaría a nuestra espalda y no nos abandonaría hasta 17000 km más al Norte. Nuestro destino era Punta Arenas, ciudad situada a la orilla del estrecho de Magallanes en la Patagonia de Chile.  

Llegamos a media tarde y estacionamos en la costanera, allí pernoctamos los días que estuvimos en la ciudad, de vez en cuando venía el viento del suroeste y Juanita se comportaba como una cuna gigante, a mí me servía de arrullo, pero a Gloria no le hacía mucha gracia. Paseamos varios días por la ciudad y nos gustó. Entramos en el museo de historia natural que fue fruto del esfuerzo de una orden religiosa que antes tenía los objetos diseminados y ahora los mostraba catalogados y en un edificio que fue seminario. También nos gustó el museo regional Braun-Menéndez. Una mansión de últimos del siglo XIX con muebles originales de la familia que la habitaba, de estilo art nouveau muy bonitos, también se podían ver en la planta de abajo las dependencias de los empleados y la cocina de la casa.

Durante las últimas décadas del XIX y primeras del XX, la llegada de colonos europeos (anglosajones, centro europeos, eslavos, nórdicos, portugueses y también españoles) fue constante en la zona. Los edificios de la ciudad reflejan las fortunas que hicieron los ganaderos. Éstos poseían millares de ovejas que pastaban en estancias tan grandes como algunas provincias en España. El gobierno quería poblar la zona para revindicar su pertenencia como parte del territorio chileno y ofrecía millones de metros cuadrados a gente que quisiera establecerse. Pero en la zona había nativos, principalmente Onas y Tehuelches que en ocasiones fueron desalojados de forma violenta. También hemos leído crónicas de la época, que narraban actuaciones por parte de colonos que nos deberían sonrojar. Me pregunto si ante la codicia deberíamos llamarnos todavía Homo…”sapiens”.

El clima de Punta Arenas es lluvioso y ventoso, en primavera tardía (mes de mayo en el hemisferio norte) la temperatura no pasa de 18 grados. A nosotros nos ha gustado, a Gloria el clima no tanto, pero la ciudad le ha parecido agradable.

A los cuatro días de estar en Punta Arenas fuimos al Fuerte Bulnes, a unos 50 km de la ciudad. En su día fue un destacamento militar que con su presencia anunciaba que el territorio pertenecía a Chile. El fuerte, está situado en lo alto de una península con vistas al estrecho y tiene una posición estratégica. Se encuentra muy cerca de Puerto Hambre, uno de los sitios que Pedro Sarmiento de Gamboa a últimos del siglo XVI intentó repoblar con familias campesinas venidas de España. A juzgar por el nombre del puerto se puede adivinar cómo acabó el intento de fundar una ciudad en estas latitudes. El libro cuenta los pormenores de fundar ciudades (todos fallidos) en la zona, es muy ameno de leer y narra las aventuras y los sufrimientos de aquellos primeros colonos.

Otro día, hicimos un recorrido hasta el faro de San Isidro, éste se encarga de señalar la parte más meridional del continente (sin contar las islas) a los barcos en su ruta, bien al Pacífico o al Atlántico. El faro se encuentra a unos 45 km de fuerte Bulnes, la carretera es de ripio y los últimos 8 kms hay que hacerlos andando bordeando la costa. Regresamos muy cansados pero contentos.

El paisaje es precioso incluso con el tiempo tan cambiante, a nosotros nos llovió y nos hizo sol unas cuantas veces en el día. El lugar sigue teniendo la atracción irresistible de esta parte de la Tierra que medio mundo quiere conocer. Corresponde a la parte norte del estrecho. Enfrente, es decir en la otra orilla, la isla grande de la Tierra del Fuego, al sureste la isla Dawson y al sur la isla del capitán Aracena, ambas envueltas en la bruma con sus montañas de nieve perpetua. También, las estribaciones montañosas que son producto de la colisión de dos placas activas, la del Pacífico y la del Continente Americano, de la presión de ambas, se plegó la litosfera y nacieron los Andes, el sistema montañoso más grande del planeta después del Himalaya.

El tributo que hay que pagar para acceder a tanta belleza, es tratar de hacer caso omiso a la sensación de soledad y abandono que se experimenta constantemente en estos lugares. Presenciamos la tumba de un capitán hidrólogo inglés qué cartografiando la zona no resistió la soledad y se pegó un tiro al año de estar allí. Al parecer le quedaba otro año para completar los mapas geodésicos que le demandaba el almirantazgo británico. 

Aquella noche a orillas del estrecho, la Pacha mama nos trató con ternura y nos permitió dormir sin sobresaltos.
Con pesar, dejamos Punta Arenas y por la carretera del Fin del Mundo (como viene anunciada) nos encaminamos a Puerto Natales, una ciudad de unos 20 mil habitantes que básicamente es el punto de partida del P.N. de las Torres del Paine. Recorrimos la ciudad con Juanita, esto lo hacemos siempre que llegamos a un sitio nuevo para hacernos una primera impresión. Después paseamos por ella y finalmente aparcamos en la Plaza Mayor, en un sitio que nos pareció bueno, dormimos bien y de un tirón.

Después de unas tres horas de carretera asfaltada, llegamos al Parque Nacional. Desde la entrada, al camping Pehoe situado a orillas del lago del mismo nombre, hay unos 30 kms de ripio. En él estuvimos dos días. Tiene unas instalaciones buenas y personal amable y dispuesto.

Hicimos dos recorridos: el de los Cuernos, que tardamos unas tres horas y tiene una dificultad baja y el del Cóndor con unas cuatro horas de duración y su dificultad es media. Éstos se pueden hacer en menos tiempo, pero nosotros somos unos pesaos. Por los caminos que vamos, paramos mucho, que si mira esto, que aquello, lo de más allá, en fin, que nos enrollamos mucho.

El primer recorrido permite ver las paredes graníticas del Paine, son unas moles casi verticales de 2800 m. Las pudimos ver a intervalos pues el clima es muy caprichoso, en un mismo día puede salir el sol, llover, nevar, granizar y todo con vientos fuertes, pero el espectáculo es grandioso, son de esos sitios que vas con una sonrisa constante, como si te hubiera “dao un telele”.

El segundo, es una subida a un cerro que tiene al menos unos tres nidos de cóndores. Nosotros tuvimos suerte y presenciamos cómo uno de ellos se metía en el agujero de la montaña y pudimos observarlo un buen tiempo con prismáticos. Son aves muy grandes y dominan las corrientes Andinas a la perfección.

La montaña de los cóndores, tiene unas vistas al lago espléndidas, como de postal, también constantemente sopla el viento proveniente del Pacífico, al lado, hay otro cerro con menos altitud, pero están muy cerca el uno del otro, por lo que el ruido y la intensidad del viento que hay entre los dos es muy grande. Nunca habíamos experimentado la fuerza del aire en nuestro cuerpo como aquel día, decía Gloria que la cara la teníamos en la nuca y nos tuvimos que agarrar para poder pasar por el camino que había entre las dos montañas, otro efecto destacable es que costaba levantar los pies del suelo y teníamos que andar inclinados. Tanta emoción y tensión tuvimos, que al sitio en cuestión lo bautizamos como Paso Venturi.

El PN de las Torres del Paine (las montañas azules para los nativos del lugar), es un sitio que si se va por la zona hay que visitar, pero un ruego, soy de la opinión de estar algo más que el tiempo que tarda uno en hacerse la foto, éste como otros lugares “estrella” que hemos estado hay que saborearlo un poquito más. Es preferible a la hora de proyectar las vacaciones contratar un paquete más pequeño. Me parece más conveniente estar más tiempo en los sitios que merezcan la pena, que intentar ver todo. 

Aquí va un ejemplo: Juanita estaba en la orilla del lago Salado, fuera del P.N. yo estaba paseando a un km del lago y en la orilla opuesta había unos flamencos, me siento, los observo con los prismáticos, estoy un buen rato sin moverme para no molestarlos y de repente, Marisaaaa… noo… todavía no, espérate que llegue y me haces la foto. Por un momento creí, que un Puma había dado cuenta de mí y estaba soñando en el Paraíso. Había llegado un camión 4x4 lleno de turistas (algunos españoles) venían de Bariloche, Argentina. Tenían poco tiempo para visitar el parque, hacerse fotos como locos y continuar hacia Calafate (glaciar Perito Moreno) y el Chaltén (montaña Fitz Roy). Habían visto a los flamencos y le pidieron al conductor que saliera del camino y que aparcara al lado de aquella furgoneta que veían.

De vuelta a Juanita y dando gracias a Dios por no poseer en esos momentos una ametralladora de grueso calibre, veo que alguien está hablando con Gloria, al llegar, la persona me dice que es de Asturias y viene con otros diez españoles. En total son unas 30 personas de diversas partes del mundo, me cuenta que al ver la matrícula ha pasado de los flamencos y prefiere enterarse de nuestra aventura. Tienen poco tiempo para rrecorrer la zona y quieren aprovechar cada minuto. Me confiesa que está un poco estresado, que hay mucho que ver pero que era la ilusión de su mujer tomar estas vacaciones. Tienen 10 días, contando el viaje desde España para recorrer todo, incluido Ushuaia y Punta Arenas.

Después de unos días, llegó el momento de abandonar las Torres del Paine. Algo de nuestros espíritus se quedará, serán como unos duendes benefactores vagando por estos lugares, pues todo el tiempo hemos sentido buena energía.

En Cerro Castillo, pasamos la frontera en dirección a Argentina. Nos vamos a encontrar con la mítica ruta 40 (pasado el tiempo acabaré soñando con ella) y maravillas naturales como los P.N de Perito Moreno y el de los Glaciales, pero esta parte de nuestro viaje ya os la contaremos.

Hasta entonces,


Salud y buen viaje a todos.


































martes, 13 de diciembre de 2016

Cruzando el Estrecho de magallanes

Hola. Un saludo para todos. 

Tenemos una nueva oportunidad para compartiros un vídeo. Esta vez vamos con la Juanita en la barriga del ferry Patagonia, navegando para atravesar el Estrecho de Magallanes. Esperamos que os guste.  

Salud y buen viaje a todos.

Gloria y Antonio.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Once


La salida de Río Gallegos la hicimos a las 18,30 h. Antes, en una gasolinera nos abastecimos de gasoil, vaciamos el W.C. químico y llenamos de agua el depósito del habitáculo de Juanita. En la gasolinera al preguntar dónde había un grifo para cargar agua, el hombre me contesta que depende y a continuación me dice: vos de quien sos, del Barsa o del Madrid, me quedo con los ojos a cuadros, de mi respuesta dependía que pudiéramos tener agua o no, de repente la neurona me funciona y cojo el camino del medio, soy  de la selección nacional, el tipo me mira y al final me dice, menos mal que vos no sois del Madrid, salvado, puede coger agua sin problema, al final de buen rollo nos reímos y nos despedimos. Pero la tarde futbolera no acaba aquí, en Argentina, al entrar y salir de las ciudades hay un puesto de control policial, en esta ocasión nos pararon para informarnos que la frontera chilena está con paros parciales de dos horas y que se nos puede hacer de noche antes de cruzar, le damos las gracias por la información y a continuación me dice que sigue el fútbol español y que tiene simpatías por el Atlétic de Bilbao, también me pregunta de que parte de España somos, de Salamanca le contesto, se queda pensativo y acto seguido me cuenta la historia de la Unión  Deportiva y los jugadores que tenía cuando ésta militaba en primera división. Me quedo como si me hubiera “dao” un aire y a la vez, una sonrisa que me dura buena parte del trayecto hasta la frontera.

Llegamos a la frontera sobre las 20,00 h, el paro parcial ha terminado y tenemos una hora para hacer los trámites, después se volverá a cerrar otras dos horas más. Estas situaciones no nos agobian, si las cosas se ponen feas nos metemos en el caracol y con la “fresca” las cosas se ven de otra forma. Los agentes chilenos de fronteras son muy estrictos, nos revisan Juanita para verificar que no llevamos alimentos frescos de origen vegetal y animal no envasados al vacío. Al final de la inspección nos dan el visto bueno y nos permiten entrar, estamos en Chile… iujuuu. Está anocheciendo, todavía nos quedan unos 70 km, pero tenemos ganas de llegar al paso de la primera angostura en el estrecho de Magallanes y pasar la noche allí, son los últimos kms de continente y estamos deseosos de pisar la isla grande de Tierra del Fuego.

Dormimos mecidos por el aire de la Patagonia chilena. Estamos cansados, pero con la adrenalina por todo lo alto, nos costó coger el sueño, pero sin darnos cuenta, éste, nos cerró los ojos. Antes de dormirme pensaba que estaba a unos metros de uno de los lugares del planeta que tienen un significado especial para mí y no me lo acababa de creer. Había imaginado el Estrecho de Magallanes una y otra vez según el libro que leyera en su momento. Los marinos y los barcos que navegaron en estas aguas en unas horas, las iba a poder ver y sentir en persona. En la historia de oro del conocimiento de nuestro planeta, el camino sobre el mar era la primera que se efectuaba, para a continuación hacerlo por tierra.

Unos días más tarde recorriendo el estrecho, pude comprobar perfectamente y darme cuenta de lo duro que tuvo que haber sido el conocimiento geográfico de la isla grande de la Tierra del Fuego y de los mares que la rodean. La mar está para navegarla, pero con conocimiento de cómo hacerlo, aquellos hombres tenían pocos recursos científicos, pero una gran pericia, valor y mucho amor por sus barcos. Hasta el punto que el nombre de ellos viene asociado al nombre del marino que lo comandaba.

A la mañana siguiente con la Juanita en la barriga del Patagonia, con matrícula de Valparaíso y nosotros navegando por las aguas del estrecho de Magallanes, no podía por menos de recordar los nombres de aquellos hombres y sus barcos que mucho antes que yo, surcaron estas aguas. Me venían a la memoria Magallanes con el Trinidad, Drake con el Cisne de Oro, Sarmiento con el N.S de la Mercedes, Fitz Roy con el Beagle, Malaspina con la Descubierta y por último el entrañable Slocum con su balandro Spray. Todos ellos me habían hecho pasar momentos felices leyendo sus libros. Sus lecturas me producen mucho placer, no sólo son de viajes, si los lees detenidamente son verdaderas obras de divulgación científica, pues abarcan muchas materias que son muy atractivas. Resumiendo, me encontraba como un niño con zapatos nuevos.

Hemos estado en la isla grande de la Tierra del Fuego casi tres semanas, el tiempo lo hemos empleado en visitar Rio Grande, Ushuaia, el canal Beagle y el P.N. de la Tierra del Fuego. Esta tierra es diferente a todo lo que he visto hasta ahora, es difícil decir lo que siente uno al recorrerla, mi impresión es de quedarme a vivir en una estancia (finca) normalmente enormes de extensión. Éstas están situadas al abrigo de los cerros para protegerse de los vientos fortísimos que azotan constantemente la región, se dedican a la ganadería generalmente bovina. Pero la soledad que transmiten me hacen cambiar de idea, ésta perdura hasta que llego al primer núcleo habitado, momento que invariablemente vuelvo a quererme ir a una estancia. Son llanuras casi infinitas con colinas redondeados moldeadas por el viento, también montañas graníticas con neveros perpetuos en la parte sur de la isla, por el norte está el estrecho de Magallanes y por el sur el canal de Beagle. Es una tierra dura, difícil, pero al menos para mí magnética, me atrae, no lo puedo explicar, es el límite, el extremo, es una tentación constante, hasta la toponimia de su geografía nos revela lo que trato de decir, ahí va algunos ejemplos: Bahía Inútil, Isla Desolación, Cabo Deseado, Puerto Hambre, Faro del Fin del Mundo…

Hemos visto paisajes de ensueño, mágicos, espectaculares. También momentos que difícilmente se pueden transmitir en unas palabras. Recordando esos días y tratando de definir mis sensaciones, hubo un momento que sólo (Gloria estaba en la Juanita) desde un mirador en la bahía de Alpatana veía al fondo el Beagle, al este la salida al Atlántico, al oeste al Pacífico, al sur, entre la isla Navarino y Hoste el acceso a cabo Hornos, más allá el océano Glacial Antártico con olas enormes como montañas. Desde el mirador, podía observar y oír el ruido de unos cauquenes que barruntaban la oscuridad y andaban buscando la dormida, el viento, amigo inseparable en estas latitudes junto con la lluvia se presentaban ante mí como si fuera un cuadro de un artista consagrado, pero con vida.
Si estuviera contemplándolo en el museo del Prado, diría que todo aquello que veían mis ojos tenía una gran belleza, pero… inquietante.

Por último, señalar y recordar a todas esas personas que a lo largo de estos días hemos conocido, con unas, hemos charlado un rato, con otras hemos estado más tiempo, a todas gracias por su compañía. Aquí un breve resumen de todas ellas:

Mike, un hombre joven. Es de esas veces que la vida te da otra oportunidad, lo vimos una primera vez haciendo dedo en una carretera de ripio en el lado chileno de la Tierra del Fuego. Gloria prefiere no detenerse para recoger a nadie en la carretera. Dos horas más tarde y con la conciencia dándonos latigazos, seguimos por ripio y lo volvemos a ver delante de nosotros con la mochila al hombro y lleno de polvo hasta las orejas, esta vez nos queremos redimir y paramos para que se suba. Mike es arquitecto y mexicano (México D.F.) nos cuenta que después de un año horribilis se plantea darse un tiempo para él y meterse en esta aventura. Conversamos, probamos mate, café y sin darnos cuenta estábamos en Río Grande, comemos una hamburguesa que nos dura todo el día y quedamos para el día siguiente continuar viaje con él hasta Ushuaia. Llegamos a esta ciudad un domingo sobre las 16,00 h con los ojos abiertos como platos de la impresión que nos produce llegar a la ciudad más al sur del planeta. Al día siguiente lunes, quedamos para cenar con Mike en el restaurante el Vagón… jejejeje. Después de compartir mesa, mantel y unas cervezas artesanales magallánicas, nos despedimos y deseándonos volvernos a ver pronto. Adiós Mike, gracias por tu plática amena y por tus conocimientos sobre Darwin en estas tierras, que te vaya bien y feliz regreso a México.

Los canadienses Chad y la chica, lamentablemente no nos acordamos del nombre (perdón por el descuido) vienen desde Prince George en la Columbia Británica, los acompaña su mascota Cova, un perro que viene con ellos desde México. Me interesa su información sobre el viaje, pues es el mismo que queremos hacer nosotros. Compartimos desayuno e información y amablemente nos dan su dirección para cuando pasemos por su ciudad en Canadá. Os deseamos feliz regreso por la RN 3 hasta B. Aires.

Marita y Edgardo,, un matrimonio argentino de Carlos Paz, una ciudad que está al lado de Córdoba. Estacionaron con su camper al lado nuestro y no tardamos mucho tiempo en entablar conversación. Vienen desde su ciudad recorriendo Argentina por la RN 40 y subirán por la que nosotros hemos bajado no hace tanto, la RN 3 que los llevará hasta su ciudad. Al final pasamos con ellos dos días, compartimos una marcha por unos de los lagos del PN Tierra del Fuego y una cena estupenda en su camper, todo ello aderezado con unas entretenidas charlas sobre la vida y sobre la situación actual de la Argentina. Os deseamos feliz regreso y lo mejor para vosotros y para la familia.

Rosita y Jorge son de Ushuaia, Gloria la conoció en un centro para jubilados y ella le dio su dirección para que fuéramos a tomar café cuando quisiéramos. Una tarde nos presentamos y lo que debería de ser un rato se convirtió en un café seguido de una cena y amenizado con buen vino argentino, sin darnos cuenta el reloj marcaba las 1,15 h, amablemente nos llevaron en su coche hasta Juanita. Durante la sobremesa se enteraron del cumpleaños de Gloria que estaba a punto de caer, como no querían que lo pasáramos solos nos dijeron que fuéramos y que lo celebráramos juntos en casa. Llegó el día y nos presentamos, habían comprado todo, tarta, vino y hasta espumoso. Después de ducharnos y lavar la ropa, comimos los cuatro y con la apagada de la vela de la tarta y el cumpleaños feliz incluido y una buena siesta pasamos la tarde relajadamente. En la noche hubo regalos y la compañía de una vecina que trajo también el suyo, la cena fue muy rica y el vino blanco también. Al darnos cuenta que el reloj marcaba las tres y media de la mañana y que yo mostraba signos de cantar Asturias patria querida, concluimos la velada dándonos las buenas noches.

Rosita, Jorge, muchas gracias por vuestra hospitalidad, lo recordaremos siempre. Esperamos que no tardando mucho nos volvamos a ver, hasta entonces os deseamos salud y que vuestros deseos se cumplan. Un abrazo muy fuerte de Gloria y Antonio.

Bueno esto es todo por el momento, con el deseo de que este tostón de escrito sea digerido convenientemente, nos despedimos de vosotros hasta la próxima entrega.

Salud y buen viaje a todos.

Gloria y Antonio.