sábado, 8 de diciembre de 2018

Veintitrés. Por el oeste de los Estados Unidos


Ingresamos en Estados Unidos por la frontera de Laredo, Texas. Los trámites fueron relativamente rápidos, no inspeccionaron a Juanita, pero nos hicieron algunas preguntas relativas a nuestro viaje, seguramente no causábamos demasiadas sospechas por nuestra condición de turistas en autocaravana y también por el vehículo qué con esa matrícula, nos delataba creo que favorablemente.

Dejamos el río Grande a nuestra espalda y nos adentramos en otro mundo radicalmente diferente. Obviamente, con unas virtudes innegables, pero también con unos defectos que se hicieron patentes nada más cruzar la frontera. De todas formas, estábamos tranquilos, teníamos muchas ganas de conocer éste país.

Nuestra primera noche la pasamos en el centro de visitantes de Laredo, situado a unas 20 millas de la frontera y a escasos metros de la vía del ferrocarril.  Son unas instalaciones nuevas de estilo colonial español. Nos dieron cantidad de información, mapas, y fueron muy amables. La atención en todos los centros de visitantes de los Estados Unidos es muy buena y merece la pena pasarse por ellos, porque tienen servicios limpios, agua potable, y en muchos casos encontramos instalaciones adaptadas para evacuar las aguas negras y grises del baño de Juanita.  Los de Texas son especialmente buenos.

Haciendo los trayectos, hablando con las personas, entrando a los lugares y usando los recursos habituales de las ciudades, equivocándonos muchas veces, aprendimos cómo funcionan algunos de los servicios básicos para nosotros y empezamos a conocer un poco la cultura del americano de Estados Unidos. Con un nivel de inglés apenas de sobrevivencia podíamos acceder y salir de autovías; desenvolvernos en el autoservicio para cargar el deposito diésel de Juanita; elegir el supermercado, el restaurante, el área de estacionamiento, el campin más conveniente, etcétera.  

Los supermercados de la cadena Walmart resultaron un buen lugar para abastecer nuestra despensa. Además, tienen baños limpios, wifi gratuito, estacionamientos amplios y en la mayoría se puede hacer “overnight”, es decir pasar la noche en el vehículo. Comer en un restaurante normal puede costar unos 20 dólares por persona. Siempre ponen agua potable así que se puede no incluir otra bebida. Lo hicimos en alguna ocasión, pero preferimos nuestras comidas en Juanita. Tuvimos algunos días y noches de mucho calor sin poder dormir o descansar, pero también noches con viento frío o con llovizna que refrescaron el ambiente y nos permitieron dormir. 

Estuvimos dos días en San Antonio, una ciudad histórica en EU por situarse el fuerte del Álamo, seguramente lo recuerden por las películas que muestran el sitio que sufrió por las tropas mexicanas del general Santana y del héroe norteamericano David Crockett (el del gorro de rabo de castor) en la guerra de independencia de Texas, éste perteneció a México después de emanciparse de la corona española.

Dirigiéndonos al oeste recorrimos algunos tramos de la ruta 66. Nos gustó especialmente Amarillo, en esta ciudad en un bar pudimos disfrutar de buenas cervezas y de la música country que interpretaba un grupo de “carrozas” muy marchosos. También vimos cantidad de Harleys de todos los colores y formas, una gozada para los amantes de las motos. Texas fue uno de los estados que más nos gustó, sus gentes son amables y están orgullosas de ser del estado de la estrella solitaria, con buenos parques nacionales, una naturaleza salvaje y hermosa.

No detallaré nuestro recorrido por EU, no es el cometido incluirlo en un blog como el nuestro, pues creo que contar todo lo que percibimos y vimos habría material para un libro, así que resumiré el viaje que hicimos por este gran y extenso país.

Viajando hacia Alaska en nuestra ida y después de regreso hacia La Florida, visitamos bastantes estados, sobre todo los situados en el sur, costa del Pacífico, norte y costa del Atlántico. No fue posible recorrer los estados del tercio norte y todos los del centro de este gigantesco país.

En Norteamérica el turismo que se hace es mayoritariamente de carácter natural, el urbano está concentrado en media docena de ciudades que merecen la pena visitarlas, el resto son anodinas y muy parecidas entre ellas, no tienen ningún interés en visitarlas.

Tuvimos la oportunidad de visitar y recorrer algunos de los muchos parques naturales (PN) que tienen. Compramos el pase anual por 50 dólares y lo rentabilizamos a partir del segundo al que entramos. Los PN que conocimos fueron los siguientes: Palo Duro, Monument Valley, Mesa Verde, Arches, Zion, Grand Canyon (en su parte norte), Sequoia, Glacier y Yellowstone. También visitamos el monte del monumento a Caballo Loco (no está terminado; el de Ruhsmore (el de las caras de los cuatro presidentes, esculpidas en la montaña) y las cataratas del Niagara. De todos estos lugares guardamos buenos recuerdos, no podemos señalar a ninguno en especial, pues todos tienen cosas maravillosas. Quizás los más populares sean Yellowstone por sus fumarolas y por el oso Yogui, o el PN de las Sequoias, con esos árboles gigantescos de dos mil años de antigüedad.

En nuestro camino hacia el norte, viajamos por muchas carreteras, algunas interestatales (las autovías de España) pero la que más nos gustó fue la N1, que recorre toda la costa del Pacífico de Estados Unidos. Por las carreteras se circula con facilidad, en general están en buenas condiciones y bien señalizadas, con frecuencia vimos transitar caravanas y autocaravanas que parecían autobuses de línea o camiones, algunas llevando en un remolque algún vehículo adicional (un todo terreno, una camioneta o una embarcación). Juanita junto a estos vehículos parecía poca cosa, aunque para nosotros lo era todo. 

Nuestro plan no incluía visitar ciudades, pero sí que estuvimos en algunas que nos gustaron especialmente: San Antonio, Santa Fe, San Francisco y New York. La estancia en San Francisco con Juanita fue en Oakland, a la otra orilla de la bahía, pues los precios son mucho más asequibles. En la mañana, cogíamos el metro e íbamos a San Francisco y pasábamos todo el día allí. Y cómo no -había que hacerlo-  recorrimos a pie el puente del Golden Gate (ida y vuelta), también con Juanita en nuestra salida en dirección norte.

Durante tres siglos la presencia española en USA fue notable. En las tierras situadas al norte del río Grande de la provincia de la Nueva España (actual México) en lo que hoy son los estados de Texas, Arizona, California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Kansas, Oklahoma, Luisiana y Florida (quizás me queda alguno más), vivían familias de origen español.

Encontramos infinidad de palabras en nombres de estados, ciudades, pueblos, ríos, montañas y en general accidentes geográficos, que tienen origen español. Estas tierras la surcaban caminos que recorrían buena parte del país, con frecuencia encontrábamos los letreros del Old Spanish Trail (viejo camino español que transcurría desde la Florida hasta Los Ángeles en California). Otro era el Camino Real, que iba desde ciudad de México hasta Santa Fe en el estado de Nuevo México.

Cuando estábamos a unas 30 millas antes de la entrada al PN del Cañón del Colorado una hembra de Elk (ciervo gigante) atravesó corriendo la carretera y nos embistió. Ella murió. El resultado fue bastante serio para Juanita: el parabrisas, la ventana del conductor, la aleta delantera, la puerta izquierda y el espejo retrovisor quedaron hechos añicos. Después de los primeros momentos de confusión creímos que había llegado el final de nuestro viaje. Pero después de unos días de incertidumbre, en la ciudad de Las Vegas dimos con un taller de reparación de cristales, de nombre Safelite, su responsable, un hombre llamado Peter Sack se solidarizó con nuestra aventura y aunque no había repuestos para Juanita nos ayudó a continuar nuestro viaje poniendo una ventana de plástico fija y consolidando el parabrisas para que pudiera resistir sin romperse. Estuvimos toda una mañana en el taller. La sorpresa vino después cuando nos presentaron la factura… todo por cero dólares¡¡¡ Desde aquí, volvemos a dar gracias por la ayuda a Peter y también a la secretaria Ivette, que fue nuestra interprete y nos facilitó una factura comprobante de tramites de reparación por si nos paraba la policía de carretera?!

Con el tiempo nos fuimos acostumbrando a las "magulladuras de Juanita" y el viaje continuó sin grandes sobresaltos. Pasamos mucho calor en la cabina porque a la falta de aire acondicionado se unió la imposibilidad de bajar la ventana del lado del conductor. Durante el mes de julio resistimos como pudimos el paso por Arizona y California, a Gloria se le ocurrió poner paños empapados en agua helada a la salida del ventilador y así refrescábamos un poco el ambiente en la cabina. También, al tiempo que me abanicaba, me ponía hielo machacado envuelto en camisas sobre la nuca para rebajar la temperatura corporal.

Nuestro amigo Brian de Seattle (el que conocimos en Cartagena de Indias), nos dio la dirección de su amigo Scott para que cuando pasáramos por California lo fuéramos a ver. Estuvimos alojados en su casa de Los Gatos durante tres días. Conocimos a su esposa Mary, a uno de sus hijos y también a un matrimonio amigo. Con ellos compartimos momentos muy especiales. 

Las siguientes semanas transcurrieron afortunadamente por la carretera costera en dirección a la frontera canadiense. El fresco permanente que nos traía el océano Pacífico alivió nuestro viaje, por nada del mundo queríamos separarnos de la costa, pues sabíamos que unas millas hacia el interior significaban achicharramiento seguro.

En Oregón tuvimos que adentrarnos un par de centenares de millas hacia el centro del estado, pues nos hacía ilusión visitar a nuestro sobrino David que se encontraba pasando un mes en la ciudad de Bend en casa de una familia norteamericana, perfeccionando el idioma. Fue como volver a estar con la familia en España. Pasamos una tarde inolvidable viendo como las personas practicaban lo que denominamos "deporte extremo": tendidos o sentados en colchonetas se dejan llevar tranquilamente por las aguas del río mientras cantaban, bebían, escuchaban música.

También, pudimos volver a ver a Brian. Dio la casualidad que se encontraba haciendo descensos en barcas neumáticas por un río de Oregón y nos invitó a pasar unos días con él y sus amigos. Fue una experiencia muy gratificante y emocionante porque esto nunca lo habíamos hecho, nos divertimos de lo lindo.

Como sabíamos que nuestro amigo Brian no estaba en Seattle, no entramos en la ciudad, la recorrimos por la autopista de circunvalación y nos dirigimos hacia Vancouver, ya en Canadá. Los pormenores del paso fronterizo y nuestro recorrido por éste otro inmenso país, los dejamos para la siguiente entrega.

Mientras tanto, recibid nuestros deseos sinceros de:

Salud y estupendos viajes para todos.


Gloria y Antonio.