martes, 14 de marzo de 2017

Diecisiete

Como muchas veces nos está pasando en este viaje, decimos adiós al Colca con tristeza hemos pasado unos días muy buenos. La subida que nos espera es peliaguda, hay que subir hasta los 4920 msnm que tiene el mirador de los volcanes que es la parte más alta del recorrido. Juanita en segunda y como máximo andando a 30 km tardó una hora y media en llegar al mirador. Mientras conducía, recordaba las subidas al Pozazal en Cantabria con las 269 y el Salto en Salamanca con las 333, pero bueno esa es otra historia. Ahora lo único que tenía que hacer era ir atento y tener paciencia, ya llegaríamos. Una vez arriba paramos para estirar piernas y coincidimos con una familia francesa que viajaba con cuatro niños en un Toyota con remolque, charlamos de nuestros respectivos viajes durante un buen rato.

Nos demoramos otras dos horas en llegar a la carretera principal de Arequipa – Juliaca. Ésta tiene mucho tráfico de camiones y como es de un solo carril en cada sentido se hace muy pesada. Al fin después de unas tres horas estábamos atravesando Juliaca. Por cierto, hay que hacerle un monumento a la aplicación GPS que tiene Gloria en el móvil (MAPS. ME), en las ciudades por las que pasamos no hay ningún tipo de señalamiento y si no fuera por él nos perderíamos irremediablemente. Lamentablemente no hemos vuelto a encontrar un evitamiento (carretera de circunvalación) desde Moquegua y el paso por las ciudades resulta estresante. Juliaca es una ciudad grande y muy congestionada por el tráfico, hay centenares de motos taxi que se han tomado la ciudad, junto con camiones, buses, taxis y coches particulares hacen que en las calles prevalezca la ley del más fuerte en perjuicio siempre del peatón. Estamos aprendiendo a mantener la calma y a la vez a ser decididos en la conducción, pues de lo contrario habría situaciones en la que no nos moveríamos por la intensidad del tráfico y por las burradas que vemos.

Hicimos los 50 kms que nos separaban de Puno un poco cansados, la ciudad está a la orilla del Titicaca y se ve desde la coronación de un cerro que la flanquea. De pronto vimos el lago, estaba allí… como tantas veces nos pasa en este viaje lo estábamos viendo real, no a través de la tele en un documental. El Titicaca es un lago muy grande, parece un mar interior y es hermoso, lo comparten Bolivia y Perú. Es el lago navegable con más altitud del mundo, está a 3800 msnm, tiene una profundidad máxima de 280m, la longitud es de más de 200 kms y la anchura de unos 65 kms.

Descendimos hasta Puno, la atravesamos y fuimos en dirección al pueblito de Chucuito donde pensábamos pernoctar. Llegamos muy cansados, la conducción y sobretodo la altitud nos estaban dejando “cao”. Estacionamos en la plaza mayor y acto seguido fuimos a cenar en una casa de comidas que estaba cerca y que tenía aspecto de salón comedor de una vivienda y apenas se veía, comimos cada uno una trucha frita con ensalada que estaba muy buena. En el pueblo era de noche y no había un alma por la calle, nosotros parecíamos unos espectros andando en dirección a nuestra guarida, una vez en Juanita me costó abrir la cama, pero al final vino la recompensa. Aquella noche a orilla del Titicaca dormimos a pierna suelta.

Estamos en un lugar que durante buena parte de mi vida (también hay otros) he observado en el mapa infinidad de veces, es un lago que, como el Baikal en Siberia, tenía que visitar en algún momento, bueno… llegó el momento. A la mañana siguiente nuestra intención es encontrar una pista o una carretera que nos permita ir hasta la misma orilla del lago. Nos dirigimos hacia Desaguadero (la frontera con Bolivia) antes de llegar hay una desviación por la localidad de Acora que posiblemente nos lleve hacia la misma orilla. Después de recorrer una carretera de tierra con una lluvia muy intensa durante unos 30 kms, vino la recompensa, desde lo alto de un pequeño cerro pudimos verlo a corta distancia. Bajamos con Juanita hasta donde pudimos, estacionamos y nosotros anduvimos unos 15 minutos hasta que llegamos a una de las playas del Titicaca, tiene una arena de color rojizo y es muy fina, el agua es fría y el color en la distancia es como el del mar. Estuvimos durante un rato observándolo, tiene algunas islas que se pueden visitar desde el puerto de Puno que podíamos ver bien con los prismáticos, al fondo en la otra orilla la cordillera Real que pertenece a Bolivia. Estuvimos paseando, recogimos algunas piedras como recuerdo, sacamos fotos y no nos cansábamos de verlo una y otra vez, así pasamos la mayor parte de la mañana sin que tuviéramos otra compañía que la del viento y los pájaros, el ruido no era otro que el que produce la naturaleza y disfrutamos de la soledad toda la mañana.

A las islas, especialmente a la de los Uros, no vamos a ir. Desde el puerto de Puno salen todos los días cantidad de barcos atestados de turistas que las visitan, la isla de la comunidad de los Uros en su día tuvo que ser una maravillosa experiencia, pues este pueblo se refugió en el agua del Titicaca de la invasión Inca, construyeron islas flotantes de juncos de totora, levantaron sus casas y allí viven desde entonces. Ahora, me imagino que todo será una representación teatral de cara a los turistas que en masa los visitan, y que tratarán de convencerlos para que les compren artículos que fabrican ellos, a nosotros ese paripé no nos gusta porque no es real.

En la tarde regresamos en dirección a Chucuito por otro camino que nos pareció menos complicado que el de ida, fuimos directamente a un hotel que está situado en la misma orilla del lago, el TaypiKala y que tiene unas vistas preciosas. Queríamos darnos un capricho, pues llevábamos bastante tiempo sin pisar un hotel y éste, aunque caro, 340 soles (100 euros con desayuno) nos permitiría ducharnos, tener wifi y descansar, pues seguimos con el problema del cansancio debido a la altura, en el hotel tienen una botella de oxígeno en la misma recepción y un servicio médico por si algún cliente tiene alguna crisis respiratoria.

Pasamos la tarde en el hotel, cenamos en el restaurante y Gloria se compró unos pendientes en una tienda de artesanías que se encontraba dentro del hotel.  A la mañana siguiente antes de salir hacia Puno para conocer la ciudad, preguntamos por la posibilidad de dejar estacionada a Juanita en el hotel y nosotros pernoctar en ella, nos dijeron que sí y también podíamos utilizar duchas y baños a cambio de 15 euros la noche.

Con la tranquilidad de dejar a Juanita a buen recaudo, caminamos por la carretera y al poco, nos hacen ráfagas desde una furgoneta de pasajeros, paran y nos dicen que van hacia Puno, nos subimos y pagamos 3 soles por los dos (los taxis llevan 30 soles). Llegamos a Puno muy cansados y con dolor de cabeza, el tráfico, las paradas continuas y la música constante en el bus, así como la altitud, nos han dejado para el arrastre. En un banco que hay en una placita y por espacio de una hora y sin hablar… descansamos mientras vemos transcurrir la vida.

Cuando creemos que tenemos algo de fuerza empezamos a recorrer la ciudad, Puno está situada en la falda de un cerro y algunas casas llegan hasta la misma cumbre. La ciudad se desparrama hasta la orilla del Titicaca, en la que se encuentra el puerto. Recorremos las calles del centro y la plaza mayor, en ésta vemos un café restaurante que tiene buena pinta, se llama la Casa del Regidor, nos sentamos en la terraza interior y sentimos de inmediato una oleada de tranquilidad y de paz. Como en la plaza, nos dejamos caer en las sillas del patio interior, la música de Bach es un alivio, la música reguetón con el volumen alto por todos los lados nos repercute en el estado de ánimo (seguramente el motivo principal es que estamos permanente aquejados por el mal de altura) en todo caso, disfrutamos un buen rato del ambiente y saboreamos una rica infusión de coca que nos puso otra vez las pilas. 

Seguimos paseando por la ciudad y llegamos al puerto, como es hora de comer entramos y pedimos un ceviche (pescado y marisco aliñado solamente con limón y hierbas aromáticas), después recorremos el paseo fluvial y las casetas de artesanía que hay en las inmediaciones. A media tarde volvimos a Chucuito en el microbús que cogimos en la ida.  Ya en el pueblo como no era de noche todavía, fuimos a ver las ruinas incas de Incauyu, éstas consisten en un cerramiento de muros en cuyo interior se encuentran unas esculturas de piedra de aspecto fálico, lógicamente el templo estaba dedicado a la fertilidad. Compramos una ranita de cuarzo en una tienda de artesanía que había allí. Ya en Juanita y sobre las 22h a Gloria le dio una migraña que afortunadamente pudimos coger a tiempo con la pastilla especial que tenemos para estos casos, menos mal que no fue a más.

A la mañana siguiente nos despedimos del hotel TaypiKala y nos pusimos otra vez en carretera, vamos en dirección a Cusco, recorremos los 50 kms que nos separan de Juliaca y la atravesamos por el centro. Ya en la carretera y a unos 30 kms de esta ciudad, vemos al pasar por un pueblito de nombre Calapuja, que en un prado cercano hay baile y música, hombres y mujeres ataviados con trajes de fiesta, bailan al son de comparsas de músicos. Damos la vuelta y aparcamos, andamos y nos quedamos a cierta distancia del baile, un buen rato después distinguimos a una pareja al parecer son los anfitriones de todo el grupo, él es peruano, pero ella parece de otro país. Poco después vemos que se acercan y al cabo de un rato están saludándonos y nos invitan al festejo, nos dicen que celebran la fiesta del pueblo y que su patrón es San Sebastián, inmediatamente después nos obsequian con una pulsera de lana multicolor para Gloria y para mí una flauta de madera coloreada hecha por ellos mismos y con el nombre de su familia. La mujer resulta que es de Suiza, llegó a Calapuja hace 10 años como voluntaria para dar clases a los niños del pueblo durante 6 meses solamente, pero al cabo de algún tiempo se enamoró de un peruano y se casaron, tienen una niña y un niño y desde entonces residen en Calapuja, se les ve felices. Estuvimos un buen rato en su compañía, nos costó irnos porque tanto la música como el baile y los trajes, nos parecían muy bonitos y llamativos. Nos hizo mucha ilusión los regalos y les dijimos que los llevaríamos a España y los conservaríamos siempre como algo muy especial.

Proseguimos nuestro viaje con destino a la ciudad de Sicuani que está a mitad de camino entre Juliaca y Cusco, la carretera transcurre por parajes muy altos, la vegetación es propia del páramo del altiplano, hay muchos cauces de agua y montañas con nieve, la altitud  en algunos casos es de casi 4000 msnm y la mayor parte del recorrido la vía del ferrocarril transcurre paralela a la carretera, que en esta parte del Perú es de perfil llano y sin casi cuestas ni bajadas pronunciadas, cada cierto tiempo parábamos para hacer fotos porque nos gustaba casi todo lo que veíamos.

Bueno, por el momento es preciso terminar para no aburrir al personal con mamotretos muy largos que puedan resultar tediosos, así que me despido de todos vosotros deseando que todos tengáis:

Salud y buenos viajes.


Gloria y Antonio.