Salimos de Ushuaia a primeros
de noviembre, sabíamos que a partir de ahora el Sur estaría a nuestra espalda y
no nos abandonaría hasta 17000 km más al Norte. Nuestro destino era Punta
Arenas, ciudad situada a la orilla del estrecho de Magallanes en la Patagonia
de Chile.
Llegamos a media tarde y
estacionamos en la costanera, allí pernoctamos los días que estuvimos en la
ciudad, de vez en cuando venía el viento del suroeste y Juanita se comportaba
como una cuna gigante, a mí me servía de arrullo, pero a Gloria no le hacía
mucha gracia. Paseamos varios días por la
ciudad y nos gustó. Entramos en el museo de historia natural que fue fruto del
esfuerzo de una orden religiosa que antes tenía los objetos diseminados y ahora
los mostraba catalogados y en un edificio que fue seminario. También nos gustó
el museo regional Braun-Menéndez. Una mansión de últimos del siglo XIX con
muebles originales de la familia que la habitaba, de estilo art nouveau muy
bonitos, también se podían ver en la planta de abajo las dependencias de los
empleados y la cocina de la casa.
Durante las últimas décadas del XIX y primeras del XX, la llegada de colonos europeos (anglosajones, centro
europeos, eslavos, nórdicos, portugueses y también españoles) fue constante en
la zona. Los edificios de la ciudad reflejan las fortunas que hicieron los
ganaderos. Éstos poseían millares de ovejas que pastaban en estancias tan
grandes como algunas provincias en España. El gobierno quería poblar la
zona para revindicar su pertenencia como parte del territorio chileno y ofrecía
millones de metros cuadrados a gente que quisiera establecerse. Pero en la zona
había nativos, principalmente Onas y Tehuelches que en ocasiones fueron
desalojados de forma violenta. También hemos leído crónicas de la época, que
narraban actuaciones por parte de colonos que nos deberían sonrojar. Me
pregunto si ante la codicia deberíamos llamarnos todavía Homo…”sapiens”.
El clima de Punta Arenas es
lluvioso y ventoso, en primavera tardía (mes de mayo en el hemisferio norte) la
temperatura no pasa de 18 grados. A nosotros nos ha gustado, a Gloria el clima
no tanto, pero la ciudad le ha parecido agradable.
A los cuatro días de estar en
Punta Arenas fuimos al Fuerte Bulnes, a unos 50 km de la ciudad. En su día fue
un destacamento militar que con su presencia anunciaba que el territorio
pertenecía a Chile. El fuerte, está situado en lo alto de una península con
vistas al estrecho y tiene una posición estratégica. Se encuentra muy cerca de
Puerto Hambre, uno de los sitios que Pedro Sarmiento de Gamboa a
últimos del siglo XVI intentó repoblar con familias campesinas venidas de España. A
juzgar por el nombre del puerto se puede adivinar cómo acabó el intento de
fundar una ciudad en estas latitudes. El libro cuenta los pormenores de fundar
ciudades (todos fallidos) en la zona, es muy ameno de leer y narra las
aventuras y los sufrimientos de aquellos primeros colonos.
Otro día, hicimos un recorrido
hasta el faro de San Isidro, éste se encarga de señalar la parte más meridional
del continente (sin contar las islas) a los barcos en su ruta, bien al Pacífico
o al Atlántico. El faro se encuentra a unos 45 km de fuerte Bulnes, la
carretera es de ripio y los últimos 8 kms hay que hacerlos andando bordeando la
costa. Regresamos muy cansados pero contentos.
El paisaje es precioso incluso
con el tiempo tan cambiante, a nosotros nos llovió y nos hizo sol unas cuantas
veces en el día. El lugar sigue teniendo la atracción irresistible de esta
parte de la Tierra que medio mundo quiere conocer. Corresponde a la parte norte
del estrecho. Enfrente, es decir en la otra orilla, la isla grande de la Tierra
del Fuego, al sureste la isla Dawson y al sur la isla del capitán Aracena, ambas
envueltas en la bruma con sus montañas de nieve perpetua. También, las
estribaciones montañosas que son producto de la colisión de dos placas activas,
la del Pacífico y la del Continente Americano, de la presión de ambas, se plegó
la litosfera y nacieron los Andes, el sistema montañoso más grande del planeta
después del Himalaya.
El tributo que hay que pagar
para acceder a tanta belleza, es tratar de hacer caso omiso a la sensación de
soledad y abandono que se experimenta constantemente en estos lugares. Presenciamos
la tumba de un capitán hidrólogo inglés qué cartografiando la zona no resistió
la soledad y se pegó un tiro al año de estar allí. Al parecer le quedaba otro
año para completar los mapas geodésicos que le demandaba el almirantazgo
británico.
Aquella noche a orillas del estrecho, la Pacha mama nos trató con
ternura y nos permitió dormir sin sobresaltos.
Con pesar, dejamos Punta
Arenas y por la carretera del Fin del Mundo (como viene anunciada) nos
encaminamos a Puerto Natales, una ciudad de unos 20 mil habitantes que
básicamente es el punto de partida del P.N. de las Torres del Paine. Recorrimos
la ciudad con Juanita, esto lo hacemos siempre que llegamos a un sitio nuevo para
hacernos una primera impresión. Después paseamos
por ella y finalmente aparcamos en la Plaza Mayor, en un sitio que nos pareció
bueno, dormimos bien y de un tirón.
Después de unas tres horas de
carretera asfaltada, llegamos al Parque Nacional. Desde la entrada, al camping Pehoe
situado a orillas del lago del mismo nombre, hay unos 30 kms de ripio. En él
estuvimos dos días. Tiene unas instalaciones buenas y personal amable y
dispuesto.
Hicimos dos recorridos: el de
los Cuernos, que tardamos unas tres horas y tiene una dificultad baja y el del Cóndor
con unas cuatro horas de duración y su dificultad es media. Éstos se pueden
hacer en menos tiempo, pero nosotros somos unos pesaos. Por los caminos que
vamos, paramos mucho, que si mira esto, que aquello, lo de más allá, en fin,
que nos enrollamos mucho.
El primer recorrido permite
ver las paredes graníticas del Paine, son unas moles casi verticales de 2800 m.
Las pudimos ver a intervalos pues el clima es muy caprichoso, en un mismo día
puede salir el sol, llover, nevar, granizar y todo con vientos fuertes, pero el
espectáculo es grandioso, son de esos sitios que vas con una sonrisa constante,
como si te hubiera “dao un telele”.
El segundo, es una subida a un
cerro que tiene al menos unos tres nidos de cóndores. Nosotros tuvimos suerte y
presenciamos cómo uno de ellos se metía en el agujero de la montaña y pudimos observarlo
un buen tiempo con prismáticos. Son aves muy grandes y dominan las corrientes
Andinas a la perfección.
La montaña de los cóndores, tiene
unas vistas al lago espléndidas, como de postal, también constantemente sopla
el viento proveniente del Pacífico, al lado, hay otro cerro con menos altitud,
pero están muy cerca el uno del otro, por lo que el ruido y la intensidad del
viento que hay entre los dos es muy grande. Nunca habíamos experimentado la
fuerza del aire en nuestro cuerpo como aquel día, decía Gloria que la cara la
teníamos en la nuca y nos tuvimos que agarrar para poder pasar por el camino
que había entre las dos montañas, otro efecto destacable es que costaba
levantar los pies del suelo y teníamos que andar inclinados. Tanta emoción y
tensión tuvimos, que al sitio en cuestión lo bautizamos como Paso Venturi.
El PN de las Torres del Paine (las
montañas azules para los nativos del lugar), es un sitio que si se va por la
zona hay que visitar, pero un ruego, soy de la opinión de estar algo más que el
tiempo que tarda uno en hacerse la foto, éste como otros lugares “estrella” que
hemos estado hay que saborearlo un poquito más. Es preferible a la hora de
proyectar las vacaciones contratar un paquete más pequeño. Me parece más
conveniente estar más tiempo en los sitios que merezcan la pena, que intentar
ver todo.
Aquí va un ejemplo: Juanita estaba en la orilla
del lago Salado, fuera del P.N. yo estaba paseando a un km del lago y en la
orilla opuesta había unos flamencos, me siento, los observo con los
prismáticos, estoy un buen rato sin moverme para no molestarlos y de repente,
Marisaaaa… noo… todavía no, espérate que llegue y me haces la foto. Por un momento creí, que un
Puma había dado cuenta de mí y estaba soñando en el Paraíso. Había llegado un camión
4x4 lleno de turistas (algunos españoles) venían de Bariloche, Argentina. Tenían
poco tiempo para visitar el parque, hacerse fotos como locos y continuar hacia
Calafate (glaciar Perito Moreno) y el Chaltén (montaña Fitz Roy). Habían visto
a los flamencos y le pidieron al conductor que saliera del camino y que
aparcara al lado de aquella furgoneta que veían.
De vuelta a Juanita y dando
gracias a Dios por no poseer en esos momentos una ametralladora de grueso
calibre, veo que alguien está hablando con Gloria, al llegar, la persona me
dice que es de Asturias y viene con otros diez españoles. En total son unas 30
personas de diversas partes del mundo, me cuenta que al ver la matrícula ha
pasado de los flamencos y prefiere enterarse de nuestra aventura. Tienen poco
tiempo para rrecorrer la zona y quieren aprovechar cada minuto. Me confiesa que está
un poco estresado, que hay mucho que ver pero que era la ilusión de su mujer
tomar estas vacaciones. Tienen 10 días, contando el viaje desde España para
recorrer todo, incluido Ushuaia y Punta Arenas.
Después de unos días, llegó el
momento de abandonar las Torres del Paine. Algo de nuestros espíritus se quedará,
serán como unos duendes benefactores vagando por estos lugares, pues todo el
tiempo hemos sentido buena energía.
En Cerro Castillo, pasamos la
frontera en dirección a Argentina. Nos vamos a encontrar con la mítica ruta 40 (pasado
el tiempo acabaré soñando con ella) y maravillas naturales como los P.N de
Perito Moreno y el de los Glaciales, pero esta parte de nuestro viaje ya os la
contaremos.
Hasta entonces,
Salud y buen viaje a todos.