miércoles, 18 de enero de 2017

Catorce

Dejamos Argentina después de dos meses desde nuestra entrada por B. Aires. El paso a Chile lo realizamos por la frontera del cardenal Antonio Samoré. Poco antes vimos a Marcelo, el camionero chileno que conocimos en la YPF (gasolineras argentinas de capital estatal) de Gobernador Gregores diez días antes. Hace la ruta de Santiago a Punta Arenas con su Freightliner de 4,5 millones recorridos, nos reconoció desde su camión, con pitidos saludos y los brazos en alto nos deseamos buen viaje (nos hizo ilusión volverlo a ver).

Nuestro destino es Osorno, ciudad que se encuentra en el centro del país. Pero unos 30 kms antes, vimos un cartel (que resultaba seductor) en el que anunciaba la entrada a un museo de coches antiguos, marca Studebakers. Al lado del museo se encuentra un restaurante en el que comimos, todo está situado en la misma propiedad. La casa del dueño se encuentra en lo alto de la finca. Por la tarde coincidimos con una pareja de turcos (de Estambul) que pilotaban sendas Yamahas de 125 cc, sí, habéis leído bien, con esa cilindrada se puede viajar y mucho, ellos se proponían viajar dos años por Sudamérica, a una velocidad que nunca pasara de 70 km a la hora. En la noche nos quedamos dentro del recinto, teníamos la intención de ver el museo a la mañana siguiente.

Don Bernardo Eggers es el propietario de todo el complejo, sus bisabuelos vinieron de Alemania a últimos del siglo XIX y es al que se le ocurrió la idea del museo. Tuvimos la suerte de que él en persona nos enseñara la colección (le dijeron que visitantes españoles querían ver los coches). En la vida de este hombre hay un momento de inflexión y se produce el 25 de enero del año 1955 (yo nací el 24 de enero del mismo año). Nos cuenta que desde niño le gustaban mucho los autos, pero el día que cumplía 13 años sus padres, en una camioneta Studebaker viniendo de Osorno para celebrar su cumpleaños, tuvieron un accidente y murieron. De repente, borró de su mente todo lo relacionado con el mundo de la automoción. Pasaron los años y la herida cicatrizó. Un día apareció la oportunidad de adquirir un lote de estos coches y no se lo pensó, los compró y ese fue el comienzo del museo privado de Studebakers más importante del mundo.
El señor Bernardo en la actualidad va a cumplir 75 años, parece que tiene algún problema de salud, le deseamos que se recupere pronto de esos achaques, son de esas personas cultas, irónicas, pero a la vez prudentes, que da gusto oír, nos gustó su compañía. El museo es una maravilla, recomendado sin ninguna duda para todos aquellos que viajen por las inmediaciones de Osorno (que por cierto también nos gustó).

Proseguimos nuestro viaje y decidimos ir a la costa, atravesamos el país y llegamos a bahía Mansa y San Juan de la Costa. Después de pasear por la playa y teniendo el Pacífico como telón de fondo, regresamos a Osorno para continuar con nuestro viaje hacia el norte. La ruta 5 es la parte chilena de la Panamericana, es una carretera de doble carril en casi todo su recorrido, nosotros la hemos empezado en Osorno y la terminaremos en Arica, cerca de la frontera de Perú.

Tuvimos días de carretera, pasamos Temuco, los Ángeles, Chillán, Talca, Rancagua, nuestra meta era Santiago (la capital del País). Todos esos días hemos pernoctado en gasolineras COPEC (son como las YPF argentinas) en esta parte de Chile son buenas: tienen baños, cafeterías, wifi y podemos abastecernos de agua. En el norte del país la calidad baja notablemente. Fueron kilómetros de mucho tráfico, desde puerto Montt hasta Santiago, se concentra la mayor parte de la población, es una zona de alta densidad de tránsito de camiones, muchos van cargados con troncos de árboles, en esta parte del país la industria relacionada con la madera es notable, pues hay mucho bosque a un lado y otro de la carretera.

Pensamos que entrar con Juanita en Santiago no era conveniente (y en general en todas las grandes ciudades) así que después de varias tentativas y preguntando, logramos dar con un camping en Paine, localidad situada a unos 60 kms de Santiago. Nuestra idea es dejarla allí y desplazarnos a la capital en bus.

El camping el Pantanal está pensado para familias, la estrella es la piscina que hace las delicias de los pequeños y jóvenes. Dejamos a Juanita descansando a la sombra de un gran árbol y a la mañana siguiente sobre las 9,00 h nos subíamos a un autobús que nos dejó dos horas más tarde en el centro de la capital. Santiago es una gran urbe, te tienes que hacer poco a poco a ella. En un primer momento visitamos la estación Central, allí coincidimos con la celebración de un acto que nos llamó la atención. Hacía justamente tres años se había producido un accidente ferroviario con el resultado de dos compañeros maquinistas muertos, sus fotografías estaban en un atril en el andén principal de la estación. Al terminar el oficio religioso, pregunto a una persona que me parecía maquinista (todos del ramo tenemos la misma pinta) y me confirma que han celebrado una misa en su recuerdo. El accidente se produjo en un paso a nivel, un camión cargado de melaza pasaba en el mismo momento que venía el tren, una unidad 440 que hacía un trayecto con destino a la ciudad de Temuco (creo recordar). Afortunadamente la unidad iba aislada (sin pasajeros) por lo que la gravedad del siniestro pudo haber sido mucho mayor.

Tuve la oportunidad de conocer a más compañeros maquinistas (incluido un monitor que muy amablemente me regaló una taza con el logo de un sindicato ferroviario). A todos ellos un saludo afectuoso y seguro que también, la solidaridad de todos mis compañeros en España para con ellos.

Continuamos nuestro periplo por la ciudad viajando en el metro, nos apeamos cerca del palacio de la Moneda (sede de la presidencia del país) después llegamos a la calle Ahumada que es peatonal y una de las más concurridas.

Estando en la Plaza de Armas, donde se encuentra el monumento a Pedro de Valdivia (fundador de la ciudad en 1541) estábamos liados con el mapa, cuando de repente una persona se ofreció a ayudarnos, efectivamente era la Plaza de Armas y no la de Brasil como erróneamente venía puesta. Una vez aclarado el asunto nos dice que a donde nos dirigimos, le decimos que pensamos ir al Mercado Central a comer, amablemente nos dice que está esperando a su “compadre” y que si no tenemos inconveniente los dos piensan almorzar en un mercado próximo, pero no tan turístico como el Central y podemos comer con ellos. Gloria despliega su inquietud (con razón) porque tanta amabilidad es mosqueante, o son chorizos (maleantes) o gente que simplemente quieren echarte una mano sin ningún interés.  Llega él compadre nos presentamos y los cuatro nos encaminamos al mercado. José Luis y Juan son nuestros acompañantes, ellos me hablan y Gloria me aprieta la mano para que no les cuente nada, no sé qué hacer si contestar o no, al principio con monosílabos y después con respuestas no comprometedoras vamos caminando. Estoy alerta pero tranquilo y trato de analizar con calma cualquier pista que los delate. Poco a poco voy enlazando la situación y sin bajar el periscopio llego a la conclusión de que su posición es simplemente de amabilidad. Ésta se confirma al final, cuando José Luis nos invita al almuerzo. Resulta ser un alto mando de los carabineros, teniente coronel (estoy seguro pues es un hombre joven, no llega a los 50 años) que llegará al generalato. El “compadre” Juan, es como un hermano mayor, se conocen de toda la vida, él gestiona su tiempo, es autónomo. La comida se desarrolló entre risas y una charla entretenida. Ellos tenían que trabajar, pero nos acompañaron por Santiago hasta media tarde. Lo que más me gustó de todo, fue la humildad y la familiaridad que mostraron con nosotros. Gracias por vuestra compañía y esperamos que algún día volvamos a vernos. José Luis conoce España, en el año 2012 estuvo tres meses en Aranjuez haciendo el curso de ascenso de mayor a teniente coronel, pero no conoce Salamanca, se perdió lo mejor, jajajaja… así que es tiene un buen motivo para volver.

En Santiago dormimos en el hotel España (pura coincidencia). Al día siguiente, subimos a los cerros de Santa Lucia y de San Cristóbal, éste es el más alto de la ciudad y subimos en funicular y bajamos en teleférico, desde arriba se aprecian unas vistas de la ciudad espectaculares. Al final del día después de patear por la ciudad, nos subimos al último bus que salía hacia Paine, después de un trayecto agotador llegamos al camping molidos, menos mal que nos esperaba Juanita dispuesta a bridarnos su acogedora casa. Aquella noche dormimos como focas.

A la mañana siguiente seguimos nuestro viaje con rumbo a Valparaíso y Viña del Mar, estas ciudades están prácticamente juntas y son costeras. En la autopista que las une con Santiago vimos gran cantidad de gente, unos iban andando (la mayoría) y otros en carros tirados por mulas. Por la radio nos enteramos que van de peregrinación a un santuario que se encuentra a unos 30 km al norte de estas dos ciudades.

Valparaíso es un puerto importante de Chile, tuvo su momento de esplendor, pero la apertura del canal de Panamá redujo drásticamente el número de barcos que atracaban para descargar o cargar mercancías. En la actualidad parece que vuelve a tener auge, pues los cruceros llenos de turistas que quieren conocer las dos ciudades, ya que éstas se encuentran en la ruta hacia cabo de Hornos, Ushuaia y la Antártida.
Viña del Mar es más turística y refinada, tiene edificios mejor conservados y la ciudad está más cuidada, el casino tiene fama a nivel mundial. La gente más adinerada de Santiago tiene apartamentos y chalets en esta ciudad.

Encontramos un aparcamiento enfrente del casino. Por la tarde la dedicamos a pasear por la ciudad, más tarde cenamos una especie de perritos calientes que parecían de dinosaurio por el tamaño que tenían, como estábamos lejos de Juanita hicimos la digestión en el trayecto. Al día siguiente recorrimos la ciudad con Juanita y llenamos el depósito de gasoil (es una norma, pues no sabes que distancia puede haber hasta la siguiente gasolinera). Nuestra meta era recorrer la carretera de la costa hasta incorporarnos otra vez a la ruta 5.

El camino discurre al lado del Océano y está densamente urbanizado. Pasamos por cantidad de pueblos todos muy turísticos y casi al final, nos encontramos con el que más nos gustó, se llama Cachagua. Es muy elitista, pero no está masificado como los demás, tiene una playa larguísima de arena fina que la recorrimos, en el paseo observamos cantidad de pelícanos que volaban casi rozando el agua, también vimos casas de las que te quitan el hipo.

Estando en Juanita comiendo, llegaron unas personas que se fijaron especialmente en ella. Finalmente se presentaron, eran españoles (de Madrid) estaban de vacaciones y el matrimonio de más edad visitaba a su hija María y al yerno (éste era argentino) ambos, llevaban un año en Valparaíso y los dos son profesores en una universidad de esta ciudad. Charlamos un rato y nos contamos las anécdotas del viaje, pasamos un rato agradable. Ojalá les vaya bien en esta etapa de su vida que acaban de empezar.

A media tarde continuamos el viaje y al cabo de unos cuantos km volvemos a encontrarnos con la ruta 5, como estamos cansados y vemos que el Sol está de retirada, nos dirigimos a un pueblo que vemos en la costa y que se hace llamar Pichidangui. Aparcamos en la costanera y estiramos piernas, paseando por el puerto vemos a los pescadores salir a faenar, pasarán la noche en la mar. Nosotros decidimos cenar en un restaurante que hay al lado del muelle, estamos cansados y no nos apetece hacer la cena. Después caminamos por una zona en la que había puestos de artesanía, íbamos sin hablar, oíamos sólo el ruido de las olas, ya en Juanita y como si de una nana se tratara, cerramos los ojos enseguida y dormimos de un tirón.

El pueblo nos gustó y decidimos quedarnos un poco más, nos acercamos al puerto y los pescadores están limpiando el pescado y las vísceras se las dan a las gaviotas, al desayuno se apuntan los pelícanos, nunca los habíamos visto tan cerca, lo que vemos nos sorprende, nos quedamos con la boca abierta y con los ojos como platos, finalmente, poco a poco el ruido va desapareciendo y las aves también, pero nosotros permanecemos sentados, a la espera que el “alucine” vaya pasando poco a poco. Recobrada la cordura, se nos acerca un hombre que se presenta como el Buzo, se llama Nelson y nos dice que tiene 82 años, toda su vida la ha pasado en Pichidangui, fue buzo y pescador artesanal, es un hombre alto y nunca ha tomado ningún remedio (medicamento). Nos enseña el lugar donde nació y que el primer recuerdo que tiene de su vida es la vista del Mar enfrente de su casa. Me hubiera gustado hablar más con él, pero tenía faenas que hacer y con un buen apretón de manos nos despedimos.  Adiós señor Nelson, que la salud le acompañe por muchos años.

Nos costó irnos de Pichidangui, pero tenemos que seguir. Según viajamos hacia el Norte, vemos que el paisaje poco a poco va cambiando, el verde va desapareciendo para dejar paso a los tonos ocres, los árboles son escasos y por primera vez vemos cactus. Nos desviamos de la ruta 5 para conocer Ovalle, hemos leído que tiene una magnífica estación ferroviaria, entramos en la ciudad y la decepción es mayúscula, a la estación la han adosado un edificio oficial y está en remodelación. Sin bajarnos de Juanita pasamos por la ciudad y tomamos la carretera hacia la Serena, tardamos más de lo normal pues los 72 km que separan las dos ciudades está en obras. Finalmente, sobre las 20,30 h aparcamos en la costanera de la ciudad, tenemos como compañeros de “catre” a nuestro buen amigo el océano Pacífico y a la ciudad de Coquimbo. Pensamos quedarnos unos días en la Serena, es una ciudad que nos han dicho que merece la pena conocer. Tiene una parte colonial interesante y playa, que más se puede pedir. Tenemos la intención de estar unos días en un camping que está próximo al mar y que hemos leído en blogs que está muy bien. Nos conviene cargar pilas porque el desierto de Atacama está a la vuelta de la esquina y seguro que nos esperan emociones fuertes, hasta entonces.

Salud y buen viaje a todos.

Gloria y Antonio.


















































lunes, 2 de enero de 2017

Trece

Del 11 al 30 de noviembre, en dirección sur-norte recorrimos la famosa Ruta 40. Es la ruta más larga (5194 kms), la carretera más occidental y la más próxima a la frontera oeste de Argentina, al pie de los Andes. Pero nosotros, siguiendo nuestro plan de viaje sólo hicimos una parte. Desde el paso fronterizo Río Don Guillermo (Cerro Castillo, Provincia de Santa Cruz) hasta el paso fronterizo Cardenal Samoré (Provincia de Neuquén) recorriendo el costado occidental de la Patagonia Argentina en dirección sur-norte. Así pudimos visitar algunas de las ciudades, parques y reservas naturales más bonitas y más grandes de éste lado del país. Fueron sólo 1700 kms aproximadamente, gran parte de ellos sin asfaltar por lo que circulamos sobre lo que llaman ripio: una mezcla de piedras y tierra que al parecer resiste mejor los vientos patagónicos pero que puede ser muy agresiva con los neumáticos.

Desde el PN Torres del Paine hasta la frontera de Chile con Argentina este tipo de carretera nos obligó a andar muy despacio y nos acompañó casi hasta llegar al paso internacional Don Guillermo. Los funcionarios chilenos estaban de huelga así que tuvimos que esperar unos 45 minutos para cruzar la frontera. A esta altura la Ruta 40 es de ripio y tendríamos que haber continuado por ella hasta El Cerrito, pero tanto el mapa como otros viajeros nos advirtieron de las malas condiciones de ese tramo, así que para no arriesgar a Juanita preferimos hacer un poco más de kilómetros tomando la Ruta 7 hacia el pueblo La Esperanza y desde allí por la ruta 5 llegar a El Cerrito para coger la R40. Fue una decisión acertada. Según nos informaron otros viajeros ese tramo prácticamente lo cogen solo los despistados.

Del Cerrito y hasta la ciudad de El Calafate la carretera estaba en regulares condiciones de asfalto y con muchos baches, pero nos regalaba el bello espectáculo de la cordillera andina austral con cumbres nevadas y el gigantesco azul Lago Argentino en un valle impresionante que recorre con fuerza el viento.

En El Calafate estuvimos tres días, en parte paseando por la ciudad y en parte actualizando contenidos de nuestra aventura en el blog. Ya os habíamos contado que solemos estacionarnos en calles cercanas a plazas centrales o parques con buena iluminación, poco ruido y viviendas habitadas. Siempre nos toma algo de tiempo, pero lo invertimos con gusto porque nos permite hacernos una idea de las ciudades y nos aseguramos de estar en un sitio que nos guste.

El 14 de noviembre por la tarde dejamos la cuidad para ir a conocer el Parque Nacional y Reserva Nacional de Los Glaciares (patrimonio Mundial Natural por la UNESCO) con entrada a unos 80 kms. Queríamos pasar la noche en algún lugar cercano para ingresar a primera hora y así lo hicimos. Dormimos en un valle a los pies de una montaña. Al despertar una densa niebla se levantaba, llovía agua-nieve y hacía mucho frío
Entramos a las 08:15 y salimos a las 15:00. Desde la entrada se recorren unos 30 kms más por una carretera en buenas condiciones que bordea uno de los brazos del gigantesco cristalino y bello Lago Argentino y atraviesa bosques de grandes y frondosos árboles. Al llegar a la zona de observación encontramos amplias, extensas y cómodas pasarelas por las que podíamos transitar, haciendo recorridos con distinto grado de dificultad. Llovió, nevó, hizo viento y mucho frío, pero valió la pena. Aquí nacen y se alimentan el lago Argentino y el lago Viedma, dos de los más grandes del país. Estuvimos contemplando especialmente la estrella del parque: El glaciar Perito Moreno, una gigantesca masa de la que con frecuencia se desprenden bloques de hielo de distintos tamaños que crujen al desprenderse del glacial y suenan estrepitosamente al caer al agua. El paisaje y las sensaciones son indescriptibles. Nos costaba esfuerzo dejar de tomar fotos y grabar videos, hacia cualquier lado al que mirábamos nos parecía estar encontrando algo nuevo y maravilloso.

Ese mismo día, 15 de noviembre cerca de las 17:00 horas continuamos viaje en dirección al Chaltén, que hace parte del Parque Nacional de los Glaciares y acoge los picos más altos de la cordillera. Aquí las estrellas son el Monte Fitz Roy (3405m) y el cerro La Torre (3102 m). En su valle se encuentra el pueblito de El Chaltén.  Unos 5 kms después de salir de Calafate completamos los primeros 6000 kms de recorrido con Juanita en nuestra aventura por América desde que salimos de Montevideo.

De Calafate al Chaltén hicimos 216 kms. Siguiendo la R40 sólo 95 pues para llegar al Chaltén hay que desviarse por la R23 unos 90 kms. La carretera es buena y los paisajes bellísimos, ya que se bordea el lago Viedma de aguas azul turquesa, se ven claramente el glaciar Viedma, las laderas del Monte Fitz Roy y el Cerro La Torre. Pusimos música y viajamos conversando. Por el camino vimos muchos jóvenes que iban en la misma dirección caminando, en bici o haciendo autoestop. Llegamos al Parque y al pueblo a las 21:15 horas. Encontramos estacionamiento cerca de la oficina de información turística y detrás de la estación de autobuses. Nos acabábamos de estacionar cuando comenzó a nevar. Estábamos bien protegidos y dormimos tranquilos.

En turismo nos dieron mapas e indicaciones sobre actividades para realizar en la zona. Especialmente nos interesaron las rutas para senderismo. En los cuatro días que estuvimos aquí recorrimos cinco de esos senderos, alguno más difícil que otros, todos en medio de paisajes bellísimos, regresábamos cansados pero contentos. La comida y la siesta nos parecían maravillosas. En el sendero que llaman El Chorrillo del salto, estuvimos buscando huellas de la presencia de Huemules en la zona (un ciervo huidizo en peligro de extinción) es posible que hayamos encontrado… un mechón de pelo!!! (jajajaja). El sendero La Torre es fenomenal, aunque un poco difícil, ese día ya teníamos cansancio acumulado y regresamos hechos polvo.

Pasamos un día y una noche en una de las parcelas del camping El Relincho, así pudimos tomar una ducha caliente, descargar y lavar el W.C., descargar aguas grises y cargar agua potable para Juanita, llevar ropa a la lavandería y aprovechar la conexión wifi para escribir y colgar imágenes en el blog.

Salimos del Chaltén el 20/11 a las 9:20. Nos había recibido la nieve y el frío y nos despedía el sol, era un día precioso. Nuestra meta era la ciudad de San Carlos de Bariloche 1327 kms al norte recorriendo la R40.  Hicimos paradas intermedias para repostar, tomar café o comer en los siguientes pueblos o ciudades: Tres Lagos, Gobernador Gregores, Bajo Caracoles, Perito Moreno, Río Mayo, Tecka, Esquel y El Bolsón.

Hasta Tres lagos la carretera buena, aunque sin arcén. A partir de allí y durante casi tres horas por el ripio tuvimos que andar a 30 kms/h. A las 15:00 sobre carretera asfaltada hicimos una parada para revisar a Juanita, ajustar todo lo que se había aflojado o movido (por ejemplo, las sillas y mesas de camping, ropa, una puerta…) comer y descansar. A Gobernador Gregores llegamos a las 17:15, estuvimos paseando por el pueblo y encontramos estacionamiento en una gasolinera YPF. Dormimos mal porque muy cerca teníamos una discoteca que estuvo abierta hasta las 6 de la mañana.

Al día siguiente, durante 4 horas (turnándonos) condujimos hasta el poblado Bajo Caracoles donde comimos. Fue un trayecto de rectas larguísimas de hasta 60 kms con baches en el último trayecto. Veíamos la gran Pampa del Asador a lado y lado, al fondo las montañas nevadas del Parque Nacional de los Glaciares, guanacos, ñandúes y muchísimos insectos que atravesaban la carretera caminando o saltando. No sabíamos si eran saltamontes o langostas. Eran tantos que nos detuvimos a observarlos y tomarles fotos. Al parecer es una plaga que ataca los cultivos en algunas provincias de Argentina y Chile. Parecían estar en período de reproducción, algunos copulando, otras con el vientre muy largo como si cargarán un huevo, cruzaban la carretera por lo que muchos morían aplastados por las ruedas de los coches.

A las 17:00 llegamos al pueblo Perito Moreno. Pudimos estacionar para pasar la noche al lado del cuartel de gendarmería y justo frente a un hogar de abuelos que luego pude visitar. Fue una visita muy agradable, durante hora y media estuve con las cuidadoras mientras Antonio conversaba con un hombre mayor que vivía allí y que le contó sus historias como trabajador campesino en la Estancia la Calandria.

De aquí salimos a las 11:00 hacia Bariloche. antes de llegar a nuestra primera parada, el pueblo Río Mayo, dejamos la Provincia de Santa Cruz y entramos en Chubut. Entre las 14:30 y las 17:30 el trayecto fue difícil, hacía mucho calor el viento era muy fuerte y la calzada estaba llena de langostas y baches malísimos. Entonces nos encontramos con un desvío y tuvimos que recorrer 30 kilómetros de ripio. Están reconstruyendo éste tramo, pero toda ésta zona de la R40 lo requiere. Desde las 14:30 casi no hablábamos, era como si nos hubieran castigado. Intentamos soportar lo mejor que pudimos el calor, el viento y la polvareda que levantaban los coches que cruzaban a nuestro lado, muchos sin respetar los mínimos de velocidad establecidos.

A las 20:15 llegamos a la estación de servicio de Tecka en la Provincia de Chubut. Llenamos el depósito de gasoíl y nos dispusimos a estacionar, en ese momento un conductor en otra camioneta dio marcha atrás sin darse cuenta de que estábamos ahí y nos golpeó rompiendo el cristal de la puerta trasera izquierda y abollando un poco la puerta. Nos asustamos mucho. Afortunadamente no fue grave porque estábamos detenidos y la camioneta que nos golpeó apenas empezaba a moverse. Hicimos el parte para el seguro, movimos a Juanita a un descampado, retiramos y limpiamos los restos de cristal, volvimos a poner la tela/ cortina de esa puerta y fuimos a estacionar frente a una auto caravana todo terreno de matrícula inglesa. La pareja que la conducía nos ofreció su ayuda y nos acompañó un rato. Ellos también se dirigían a Bariloche. Nosotros tendríamos que gestionar primero el arreglo del cristal y la puerta.

Pasamos la noche en ésta estación de servicio. Madrugamos mucho (5:45) para llamar a la aseguradora en España. Por Internet localizamos un taller Fíat en Esquel, la ciudad siguiente y con mejores recursos. A las 7:30 salimos hacia allá, no sin antes dejarle una nota de agradecimiento en el parabrisas del coche a la pareja de británicos.

En el taller de Esquel no tenían el cristal, pero nos propusieron una solución más rápida económica y confiable: acercarnos a una vidriería especializada en donde pondrían un cristal no original pero sí con las mismas garantías. El proceso tardó unas 2 horas. Nos gustó el resultado. Regresamos al taller Fíat para poner filtros de gasoíl y aceite nuevos, limpieza de filtro de aire, cambio de aceite, revisión de correa, control de niveles, revisión de luces y amortiguadores. Mientras hacían esto estuvimos caminando por la zona, no fue un paseo agradable porque hacía un calor insoportable. El cambio de frío a calor ha sido drástico y en muy poco tiempo.

A las 17:30 Juanita estuvo de nuevo en marcha. Decidimos estacionar y pasar la noche en esta ciudad. Encontramos un buen lugar en la avenida Ameghino, bajo la sombra de un gran árbol. Después de limpiar un poco el polvo del interior de Juanita nos llegó el turno para descansar. Decidimos quedarnos un día más. Así pudimos caminar por la ciudad, visitar su Museo Histórico, la estación del tren La Trochita y en una cafetería usar conexión wifi para comunicarnos con la familia

El 25 de noviembre salimos hacia el Parque Nacional de los Alerces, muy cerca de Esquel y sobre el límite con la república de Chile. Se creó para proteger estos árboles gigantescos que, según mencionan en las guías del parque, “son el ser vivo más antiguo de Argentina y el segundo más longevo del mundo”. El trayecto para llegar al parque es muy bonito, pronto comenzamos a ver bosques con árboles de gran porte y lagunas inmensas de aguas cristalinas y tranquilas. Ingresamos por la portada centro hasta el poblado Villa Futalaufquen donde se encuentra el centro de información. El guarda parque nos brindó toda la información que necesitábamos. Es temporada baja, hay poca gente, la entrada es gratuita, se puede permanecer dentro todo el tiempo que se desee y ofrece varias sendas para hacer caminatas de 30 minutos a 12 horas de duración con distinto grado de dificultad. Nos estacionamos para pasar la tarde y la noche en una zona habilitada muy cerca del poblado y dedicamos el tiempo a descansar y a pasear sin rumbo. Disfrutamos observando bandurrias australes, pájaros carpinteros, golondrinas y una gran variedad de árboles (lengas, Ñires, cañas, cipreses de la cordillera, maitenes, notros); arbustos (calafate, chilco, espino); y flores (Reina mora, Mutisia, Astromelias, lupino, rosa mosqueta). Además de ver un alero con pinturas rupestres de cazadores-recolectores que se instalaron en la zona hace unos 3000 años y subir a un mirador que nos permitió tener una vista panorámica del lago Futalaufquen. 

Al día siguiente antes de salir del parque estuvimos recorriendo la Villa y pudimos hablar con el doctor Dámaso Cruz médico de atención primaria en el puesto de socorro. Y entonces retomamos la R40 en dirección norte, con baches y un clima variable con tendencia a lluvioso. A las 17:30 nos sorprendió un retén de guerrilleros del frente de resistencia del Departamento Cushamen. Yo estuve muy asustada. Tan rápido como pude escondí los originales de nuestros documentos pues pensaba que se trataba de un asalto. Sin embargo, se trataba de un grupo de personas, hombres y mujeres muy jóvenes que parecían cansados, se veían muy delgados y con muy pocos recursos materiales. Mientras unos vigilaban otros se acercaban a los coches para hablar con la gente. Nos aclaraban que esto que hacen, retener el trafico unos 20 minutos, no va contra nosotros. Quieren que la gente que pasa por este punto sepa que están siendo perseguidos y criminalizados como nación pueblo Mapuche. Se quejan de que les están robando sus tierras los terratenientes y las empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y forestales. Sus armas son caucheras, boleras, piedras y troncos que han atravesado en la vía. Continuamos nuestro camino en silencio, luego hablamos sobre lo sucedido, pero a partir de suposiciones, necesitamos leer e informarnos sobre este tema para poder opinar, por eso no nos atrevemos a compartiros nuestros comentarios en este espacio. Al parecer también en Chile existe un movimiento fuerte de grupos indígenas.

Llegamos al Bolsón a las 18:30 un día de feria artesanal y mucha gente. Estacionamos en un espacio habilitado cerca de la calle principal y decidimos organizar nuestra documentación para tener a mano sólo fotocopias y mantener bien protegidos los originales. Entonces salimos a pasear por la ciudad. Unos 15 minutos después, siguiendo el sonido de música que escuchaba Antonio, llegamos a una plaza en la que el grupo de rock la Roca acompañaba al cantante Mike Cook. Tocaban y cantaban rock and roll y blues, versiones muy buenas. Así que nos sentamos en el suelo a disfrutar. Media hora después ya teníamos asientos cómodos en el mismo sitio y conversábamos con un chico de Buenos Aires que nos contó que el cantante era toda una leyenda. Vino al Bolsón siendo joven y se quedó aquí. Hicimos fotos. Mientras escuchamos nos tomamos una cerveza muy rica y pasamos un rato agradable.

Esa noche dormimos muy bien. Amanecimos con la sensación de haber descansado de verdad. El desayuno fue como siempre buenísimo en Juanita. Y las aventuras todas esperándonos. Estuvimos en la oficina de información turística y nos hicimos una idea de lo que podemos conocer. Estuvimos caminando por el mercado artesanal, paramos a tomar un café en la terraza del restaurante La Torre mientras escuchábamos blues de diferentes músicos que ponía en su equipo el dueño del lugar. Terminamos comiendo ahí y escuchando música hasta las 17:00. Antonio tuvo la oportunidad de acercarse a saludar al cantante Mike Cook que entró al restaurante a comer y pudo agradecerle el buen momento que nos hizo pasar. Luego volvimos a casa (Juanita).

En San Carlos de Bariloche estuvimos tres días, del 28 al 30 de noviembre. Esta ciudad está al sur del lago Nahuel Huapí en el Parque Nacional del mismo nombre y entre sus muchos atractivos cuanta con el Cerro Catedral, uno de los complejos invernales más grandes de América del Sur.  Nosotros pasamos dos noches en el camping Petunia ubicado en el pueblo o barrio Perito Moreno a 12 kms del centro de Bariloche. Allí pudimos ducharnos, lavar ropa, completar agua para Juanita, descansar y dormir bien. Pero encontrar camping no fue fácil. La mayoría estaban cerrados porque aún es temporada baja. Después de recorrer la ciudad hasta cinco veces decidimos que era mejor estacionar en alguna calle. Antes teníamos que cargar gasolina y agua y lavar el W.C. en una estación de servicio YPF. Mientras lo hacíamos hablamos con el “playero” (el hombre que maneja los surtidores de gasoíl) y él nos dijo que podía estar abierto este camping, fue nuestro último intento y salió bien.

Al día siguiente visitamos la ciudad. Tiene playas públicas bonitas pero la costanera es deficiente y los estacionamientos escasos y están en deficientes condiciones. Debido al calor y a que había mucha gente volvimos pronto al camping para descansar. El día 29 además de pasear por la ciudad localicé y pude conversar con la doctora Mara López en su consulta. Ella es geríatra y trabaja con personas con demencia, su experiencia y conocimientos me ayudarán a comprender mejor la situación de estas personas en esta región de América.

El miércoles 30 dejamos Bariloche y nos dirigimos al paso internacional Cardenal Samoré para comenzar nuestro viaje por Chile. Nuestro último recorrido en Argentina fueron 119 kms por una buena carretera que bordea el lago Nahuel Huapí y que serpenteando va ascendiendo por la cordillera, con una parada en la aldea Villa La Angostura.para tomar café y decir “hasta la próxima Argentina".




Salud y buen viaje a todos.