lunes, 17 de abril de 2017

Diecinueve

Empezamos el mes de febrero dejando Nazca. Todavía conservamos el recuerdo de las impresionantes líneas marcadas en la llanura pedregosa del desierto peruano, así como la casa museo de la matemática alemana María Reiche.

A unos cuantos Kms de la ciudad nos para la policía de carretera, el agente pide la documentación, al rato nos la devuelve y todo está en regla, pero nos dice que nos ha parado porque en el Perú hay que llevar las luces dadas y no están encendidas, por lo tanto, tiene que multarnos. Desde que iniciamos este viaje me he propuesto llevarlas siempre puestas, lo primero que hago antes salir a la carretera es ponerme el cinturón de seguridad y encender los faros para hacernos ver. Salgo de Juanita y compruebo que están luciendo, el agente me dice que antes no estaban. Después de un rato de porfía quiere que quedemos como amigos y nos deja marchar. Desde el principio hemos acordado que si nos sancionan pagaremos la multa en una comisaría o en su defecto en una entidad bancaria, nunca a los agentes directamente. Creemos que esto deberíamos hacerlo siempre todos los viajeros para que, en el futuro, repercuta en beneficio de todos. Claro, esto es solo una opinión personal y cada uno en virtud de la situación valorará lo comprometido que se encuentra.

Proseguimos nuestro viaje por una carretera en la que por ambos lados se encuentra el desierto, en ocasiones en el horizonte se divisan montañas y me pregunto si sus cumbres habrán sido holladas por el hombre alguna vez. En la ciudad de Ica paramos para comer en el restaurante el Reno, la ciudad es grande, el tráfico denso, caótico y hace mucho calor, por lo que decidimos proseguir el viaje, nuestra meta es el PN de Paracas, éste se encuentra en la costa y creemos que la brisa del océano aliviará un poco la temperatura.
Llegamos al pueblo de Paracas sobre las 16:30 h y después de recorrer la localidad fuimos a una oficina de información y turismo. Con un mapa debajo del brazo nos dirigimos al PN que se encuentra a unos cuantos kms. Después de pagar 40 soles en la entrada nos encaminamos al centro de interpretación del parque y lo visitamos. Antes de hacerse de noche queremos encontrar un sitio para pernoctar seguro y tranquilo, después de algunas tentativas elegimos la playa que se encuentra al lado de la casa del guarda parques.

Dormimos bien y en la mañana después de desayunar visitamos el Mirador del Istmo, la Catedral (una formación rocosa de formación caprichosa) y varias playas. Todo visto desde acantilados imponentes y teniendo como centinelas majestuosos de un lado el desierto y del otro al océano Pacífico. En el camino conocimos a Jorge y María Isabel, un matrimonio chileno que viaja en una camioneta Isuzu 4x4 con célula, han vivido en Punta Arenas y actualmente residen en Antofagasta; pasamos con ellos la mayor parte de la mañana y acordamos vernos en la tarde, nosotros continuamos más al sur recorriendo el PN. Un poco tarde y sobre las 16:00 h almorzamos en el restaurante la Tía Pili que está en la playa de la Lagunilla, el aparcamiento donde pasaremos la noche con nuestros amigos se encuentra al lado. 

Poco antes de anochecer subimos al mirador que está cerca y hacemos fotos, estamos un buen rato observando el espectáculo que tenemos delante, apenas hablamos, sentimos el viento que viene del océano, observamos pelícanos ojotes y gaviotas, quedamos pasmados del dominio absoluto que estas aves tienen de las corrientes de aire, se mueven sin batir las alas. Arriba, en el mirador coincidimos con el guarda parques y los amigos chilenos, hablamos de todo un poco y sin darnos cuenta se nos hace de noche. Poco antes de despedirnos, me interesé por la fase de la Luna, (quería comprobar algo que andaba detrás de ello) el guarda parques me dijo que se encontraba en cuarto creciente. Después de una pausa de reflexión les hice saber la curiosidad de que en España (hemisferio norte) esa posición lunar corresponde al cuarto menguante, es decir que la parte iluminada “puntas o cuernos” están mirando hacia la derecha. Por lo tanto, según en qué lugar de la Tierra esté el observador, la posición iluminada de la Luna corresponderá a una fase o a otra. Todos nos quedamos extrañados por esta curiosidad y pensativos del tal hecho y maravillados de lo especial que es nuestro planeta. Esto para los astrónomos será cuestión de niños, pero nosotros teníamos cierta frustración por haberlo descubierto en una etapa de nuestra vida tan tardía.  En fin, nos deseamos buenas noches con un… no te acostarás sin saber una cosa más.

El PN de Paracas parece sacado de una película de ciencia ficción (esta impresión la estoy teniendo a menudo en nuestro viaje, sobre todo en los parques Nacionales que visitamos) es como si de repente hubiéramos aterrizado en un planeta de un Sistema Solar distante a años luz del nuestro. Nos hubiera gustado estar más tiempo, pero tenemos que seguir el camino y a la mañana siguiente llegamos a la ciudad de Pisco, la recorremos con Juanita despacio, no nos gustó mucho, quizás porque no hace mucho tiempo sufrió una sacudida sísmica muy violenta y la ciudad está recuperándose poco a poco, aún se pueden ver edificios dañados y otros con grietas. Los kms van pasando y en un punto de la Panamericana nos desviamos, nuestra intención es llegar al pueblo Lunahuaná pues sabemos que tiene camping, pero anochece y es viernes, los ingredientes necesarios para tener problemas en carretera, como quedan unos cuantos kms para llegar a nuestro destino, decidimos pernoctar en una Repsol en la ciudad de San Vicente del Cañete.
Aquella noche dormimos mal a causa del ruido del tráfico y del murmullo de la gente que pasaba cerca. Al día siguiente nos pusimos en carretera temprano, algo cansados y después de una hora larga llegamos al camping San Jerónimo en Lunahuaná. Acampamos, limpiamos el habitáculo, nos abastecemos de agua, vaciamos el W.C. de Juanita y finalmente una buena ducha nos repuso del letargo de la noche anterior.

En el camping estuvimos seis días que se pasaron enseguida, podíamos ducharnos y desayunábamos todas las mañanas con mangos que cogía de un árbol próximo, también paseábamos por el pueblo y conversábamos con los vecinos. Un día me atreví a lanzarme en una tirolina que atraviesa el río Cañete, nunca había hecho esto y la experiencia resultó muy especial sobre todo cuando sobrevolé por el río.
Todos los días íbamos a comer a una casa de comidas en la que preparaban conejo y cuy (una especie de roedor del tamaño de un conejo de indias) de muchas formas todas muy ricas, y el precio es bueno. El lugar se llama Valle Hermoso Piscuy, lo llevan la señora Hilda que es la cocinera y su esposo el señor Manuel. El último día me atreví con el cuy que es el plato estrella y está preparado con pisco (la bebida nacional del Perú, parecida al orujo nuestro pero un poco más suave). El señor Manuel nos regaló una botella de vino tinto de reserva que le agradecimos mucho. El restaurante es sencillo, se come en el patio y hay sombra, la familia que lo regenta es servicial, atenta y amable, especialmente la señora Hilda que además cocina muy rico.
Otro día visitamos la Bodega de la Cruz que está al lado de la carretera. Nos atendió el señor Víctor, padre del dueño de la bodega, recorrimos las instalaciones, nos explicó el proceso de elaboración de los vinos y del pisco y probamos tintos y blancos muy ricos. Compramos una botella de pisco que es de mosto verde, nos dijo que era el mejor porque no llega a fermentar del todo y por eso necesita el doble de uva que los otros.

Nos fuimos de Lunahuaná con buen sabor de boca, hemos descansado lo suficiente como para enfrentarnos con la ciudad de Lima, todo el mundo nos dice que es muy grande y tiene un tráfico horrible (por esto nos da un poco de pereza entrar). Vamos al hotel White House, está en una zona que nos permite ir andando a sitios interesantes y no es muy caro, también tiene aparcamiento para Juanita.

La entrada a Lima fue mejor de lo que esperábamos. Encontramos el hotel sin contratiempos importantes. Para no extenderme mucho en nuestra estancia en Lima, diré que en contra de lo que pensábamos (encontrarnos con una cenicienta) la ciudad nos ha gustado mucho, sobre todo los barrios de Miraflores y el Barranco, también el centro histórico que tiene calles y plazas muy interesantes.

Estuvimos en el hotel dos días y otros dos en un hostal para mochileros en el que podíamos dormir en Juanita, en éste pagábamos 15 $ al día y en el White House 45, también teníamos acceso a las duchas.

Los limeños son gente agradable con los turistas, uno tiene la sensación de encontrarse en una ciudad que no es tan hostil como la pintan. Una tarde, en la plaza San Martín nos encontramos con el señor Ángel Vásquez, le preguntamos dónde estaba la Plaza de Armas y no sólo nos llevó personalmente, sino que se ofreció a enseñarnos el centro de Lima y se convirtió en nuestro guía el resto del día. El señor Ángel está jubilado y tiene 74 años, fue marino radiotelegrafista en la armada peruana y después en la marina mercante. Como tenía a un marino delante no desaproveché la ocasión de preguntarle por su vida en los barcos, me comentó que trabajó con algunos capitanes españoles y que estos eran duros pero buenos profesionales. También me comentó que el peor momento que pasó en su vida de marino, fue a bordo del Asura Huasi (creo recordar) de bandera peruana, la mar era montañosa por el efecto de un tifón y se encontraban a unos dos días de las costas de Japón. Me dijo que la proa se metía tanto en el agua que parecía que no volvería a levantarse, en medio de la tormenta el buque recibió una sacudida tan tremenda de una ola que provocó una fisura en la parte de babor. La entrada de agua era muy grande y el barco se hundía. Al primer bote salvavidas, con 10 marineros a bordo, se lo tragó el mar debido a las olas tan inmensas que había, el resultado fue de 7 compañeros ahogados, él logró salvarse por que no dejó de transmitir la posición del barco y SOS constantes, los recogió un mercante japonés que recibió las señales de socorro y se encontraba cerca.

Cenamos los tres en un restaurante que suele frecuentar el señor Ángel, después nos acompañó hasta un taxi donde nos despedimos dándonos unos abrazos sinceros.

Gloria aprovechó para encontrarse con María Eugenia, una fisioterapeuta peruana amiga suya desde Salamanca. Nos fue a buscar al hotel y nos llevó a conocer Bamboo un centro de día en el que atienden a personas con Alzheimer. Desde aquí le enviamos un saludo especial y Gloria le agradece el que la hubiera puesto en contacto con el terapeuta coordinador el Sr. Walter Reyes. Recogió información muy interesante sobre su tema.

Hemos estado en Lima cuatro días y vuelvo a decir que nos ha gustado, es una ciudad en la que se puede vivir muy bien y con unas vistas de ensueño al Pacífico. Sí, es una ciudad muy grande pero no te agobia. El lunes fue la salida, sin atascos importantes, pero con un tráfico muy denso, tardamos dos horas y quince minutos en dejar la ciudad atrás (50 kms) y encontrarnos otra vez con el desierto. Decimos adiós con un sentimiento nostálgico y con un hasta pronto (nunca se sabe…).

Después de 200 kms llegamos a media tarde al camping de la Albufera de Medio Mundo, después de estacionar paseamos por un camino al lado de la albufera y por la playa. Cenamos en el mismo camping y pasamos el resto del día muy relajados.
Es muy recomendable este camping, tiene unas instalaciones aceptables, es tranquilo y seguro. Desgraciadamente y es tónica general en todo nuestro viaje, la basura está por todas las partes, en nuestro paseo por la playa había que mirar hacia el Océano para no dañar las vistas tan preciosas que teníamos delante. Es una lástima que no se tenga la más mínima educación cívica o conciencia ecológica, no pretendo decir que no te encuentres en ocasiones, alguna suciedad, siempre habrá alguien que tire los desperdicios al suelo, no puede todo estar tan limpio como el salón de tu casa, pero una cosa es que te encuentres alguna botella, lata, bolsa de plástico o lo que sea de vez en cuando y otra, es que en cuanto andas un poco por cualquier sitio te encuentres verdaderos basureros, se nos encoje el corazón con estos espectáculos tan desagradables. También nos ocurre lo mismo con los centenares de perros vagabundos que vemos todos los días, ellos no se merecen la vida que los humanos le obligamos a llevar, son animales buenos y verdaderamente, pueden ser tu mejor amigo a poco que te lo propongas.

Seguimos el viaje y pasamos por las ciudades de Chimbote y Trujillo. Paramos en un hotel situado en la ciudad de Huanchaco cerca de Trujillo, podemos quedarnos en los jardines del hotel en Juanita por unos 13 euros la noche y podemos utilizar las duchas.
A la mañana siguiente visitamos Trujillo, que es otra ciudad histórica del Perú, tiene una plaza de Armas preciosa y unas calles peatonales interesantes, así como un centro colonial bonito. Entramos en una casona que perteneció a una familia de origen vasco, que nos gustó mucho, es una de la más antiguas de la ciudad y fue acertadamente rehabilitada, actualmente es propiedad de la fundación del BBVA.

Otro día visitamos las pirámides escalonadas de la cultura Mochica, Huaca (templo) de la Luna, también visitamos las ruinas Chan Chan que pertenecieron a un pueblo llamado Simú, éstos habitaron estos lugares en fechas posteriores a los Mochicas.
Son lugares que merecen dedicarles tiempo y con guías particulares, pues son impresionantes por su extensión y grandeza.

En el hotel coincidimos con Paul y Marilyn, la pareja británica que nos encontramos en Tecka, Argentina, el día de la rotura del cristal trasero de Juanita. También coincidimos en San Pedro de Atacama en Chile. Pasamos con ellos momentos de charla agradables. Aquí también nos encontramos con Harry y Doris, los alemanes que conocimos en el camping de Cuzco.

Proseguimos nuestro viaje y pasamos por la ciudad de Chiclayo, en Lambayeque visitamos el museo de tumbas Reales del señor de Sipán, posiblemente el mejor museo que hemos visto hasta ahora, es realmente muy bueno y el esfuerzo del gobierno peruano en hacer un museo acorde con la importancia que se merecen los objetos y tumbas que hay en su interior.

También visitamos la Reserva Natural y Santuario Bosque de Pómac, recorrimos el bosque casi de noche por un camino de tierra estrecho, como no había casi luz los árboles parecían querer cubrirnos con sus hojas como si quisieran taparnos con unas mantas verdes gigantes. En ocasiones nos parecía que éramos los protagonistas de la secuencia del bosque de la película Alicia en el país de las maravillas, en la que los árboles la querían comer. Llegamos al sitio del guarda bosques de noche y después de presentarnos y charlar con él, nos dispusimos a descansar al lado de su casa. Dormimos regular, el calor y los mosquitos fueron los causantes. A la mañana siguiente visitamos el centro de interpretación de la reserva natural. También recorrimos un sendero de avistamiento de aves, un algarrobo de aspecto curioso de más de 300 años y subí a un mirador desde el que se podía observar toda la reserva natural, ésta es una cosa rara, pues llama la atención que se encuentra en medio del desierto, es como un oasis, pero sin palmeras. Continuamos nuestro viaje, optamos por la ruta que nos lleva por el norte hacia Piura y acertamos, pues hay menos tráfico que si hubiéramos ido por la del sur.

Llegamos a Piura que es una ciudad en medio del desierto y como todos los núcleos urbanos son caóticos y ruidosos. Ya sabemos digerir estas situaciones y las afrontamos cada vez mejor, aunque no deja de ponernos algo tensos la entrada en las ciudades. Tenemos la intención de ir al restaurante campestre Porta Verde, ofrece la posibilidad de quedarse en los jardines, disfrutar de la piscina y de las duchas. El dueño se llama Gonzalo, es escultor aficionado, un tipo amable e interesante cuando uno habla con él, tiene cultura y ha sido viajero. Allí permanecimos tres días tranquilos. A Paolo, un niño de unos 7 años hijo de Gonzalo, le fascina mi acento y nuestra Juanita, el tiempo que estuvimos allí compartió largos ratos con nosotros.  

Llegó el día de irnos y también de las despedidas, como en otras muchas ocasiones esperamos volvernos a encontrar, no sabemos muy bien dónde, pero con la esperanza de que se produzca.
Nos encaminamos hacia la frontera de Ecuador, aún nos quedan 170 kms hasta Macará. A unos 100 kms de dejar Piura el paisaje va cambiando poco a poco, el color pardo va dando paso al verde, es un anticipo de lo que nos espera un poco más allá.

Mentalmente vamos recordando nuestro paso por Perú, sin duda es el país con más riqueza histórica y artística de los que hemos visitados hasta ahora, tiene ciudades patrimonio de la Humanidad paisajes impresionantes y pueblos con unas culturas antiquísimas, de las más importantes del mundo. También tiene algunas cosas que no nos han gustado, pero sobretodo nos quedamos con el recuerdo de sus gentes amables y buenas, un poco introvertidas (sobre todo en el medio rural) pero que ayudan todo lo que pueden al viajero para que se lleve la mejor impresión de su país. Esta es una constante en todos los países que hasta ahora hemos visitado.  Hasta pronto Perú, esperamos que algún día volvamos a vernos, hay muchas cosas que no hemos podido ver y que nos están esperando.

Muy cerca está Ecuador y la latitud 00º 00’. Pero eso puede esperar. La entrega del blog en esta ocasión ha sido lo más parecido a una novela mal escrita y no quiero ahuyentar al personal.
Por lo tanto y como siempre, os deseamos:


Salud y buenos viajes para todos.


Gloria y Antonio.