lunes, 17 de octubre de 2016

Nueve

El lunes tres de octubre era el día de recogida de Juanita. A las 10 h estábamos en el puerto de Montevideo acompañados de Maximiliano (responsable de la empresa que nos ha gestionado el papeleo portuario). Llevábamos esperando más tiempo del que pensábamos y ya teníamos ganas de que llegara este momento.

Un operario abrió las puertas del contenedor y allí estaba, intacta. Subí y di marcha al motor, le costó arrancar tuve que esperar al relantín unos minutos para calentarlo, al cabo de un rato y dando marcha atrás Juanita estaba fuera del contenedor. Las gestiones continuaron sin problemas y a las 13,00 h salíamos del puerto con ella.

Parecíamos dos niños con zapatos nuevos. Por fin empezábamos el viaje tal como la habíamos planeado. Los primeros kilómetros los hicimos un poco “agarrotados” pero según pasaba el tiempo nos íbamos relajando, sin darnos cuenta dejamos Montevideo atrás.

Nuestro primer destino era Colonia de Sacramento. A media tarde después de hacer unos 200 km, estacionamos en el paseo marítimo de esa ciudad para pasar la noche. De madrugada tuve que salir (hacía buena temperatura fuera), el cielo estaba estrellado y de repente me di cuenta de que aquellas estrellas no las había visto en mi vida, en esta latitud para orientarse hay que encontrar la Cruz del Sur. Esto me sorprendió, alegró y también me confirmó lo lejos que me encontraba de casa.
No lograba dormir. Pensaba en lo relativo que es todo. Uruguay, que aquí denominan República Oriental del Uruguay para nosotros se encuentra al Occidente; los vientos fríos vienen del sur mientras que para nosotros los que vienen del sur son calientes; aquí las hojas de los árboles están saliendo mientras en España están cayendo; uno se da cuenta que se mueve si tiene un punto de referencia y -para rizar el rizo-, el tiempo no es una magnitud constante sino que depende de la velocidad a la que se mueva ese reloj (a más velocidad el tiempo transcurre más despacio);  con esta “comedura de coco” al fin logré dormirme (menos mal).

A la mañana siguiente tuvimos nuestra primera aventura. Un hombre que paseaba por allí se detuvo a saludarme, le pregunté por la posibilidad de cargar agua para el depósito de Juanita, muy amablemente me dijo que cerca, en unos servicios públicos al lado de la playa encontraría un grifo, pero que si no lo encontraba o no se podía nos ofreció que fuéramos a su casa para cargar allí el depósito de Juanita. Fuimos a los servicios y al acercar a Juanita al grifo, las ruedas delanteras se hundieron en la arena. Paleando con las manos intenté despejar el camino, pero lo que hice fue enterrarla más. Afortunadamente recordé lo que en mi trabajo es una regla de oro, ante un problema, calma, contar hasta diez y fumarse un cigarro, pasado un rato fui a la carretera a pedir ayuda.

Un joven que conducía un Toyota accedió de buen grado a auxiliarnos. Pusimos entre los dos vehículos una soga especial que tengo para estos casos y el joven arrancó su camioneta para tirar y sacar a Juanita. Resultado… nos quedamos los dos enterrados. Después de la sorpresa y al cabo de unos segundos nos dimos cuenta de que con el primer tirón Juanita había levantado algo, así que se podía intentar salir dando marcha atrás y… “Eureka” Juanita salió. Sin el lastre de otro vehículo el Toyota no tuvo problema para volver al asfalto. Nos hicimos fotos, le dimos las gracias al hombre por la ayuda prestada y nos despedimos. La gente normal, siempre está dispuesta a echarte una mano, afortunadamente el homo sapiens no es tan estúpido como pensamos (hoy parece que estoy optimista con los de mí especie).

El resto del día lo dedicamos a pasear, subimos al faro de Colonia Sacramento para ver las vistas del pueblo y el Océano, entramos en una antigua casa de los primeros habitantes situada en la calle de los Suspiros y como era de esperar… me hice unas fotos en la antigua estación del tren de Colonia.

Al día siguiente embarcamos con Juanita en el ferry que nos llevó a Buenos Aires, todo sin problemas, al soltar amarras nos despedimos de Uruguay, recordamos a todas esas personas que seguramente no volveremos a ver, pero que permanecerán siempre en nuestro recuerdo, especialmente al señor Alejandro, doña Rosa ( su esposa ) y Fernando (su hijo ) dueños del hotel Palacio, también al personal, son serviciales y buenas personas (señora Olga, ojalá que le llegue pronto su jubilación, se la merece) nos sentimos queridos y como en casa, el hotel Palacio lo recomendamos sinceramente, gracias por sus atenciones.

Los trámites de la aduana en Buenos aires bien, no tuvimos ningún problema. Al salir del puerto nos encontramos con la megalópolis, uffff… pero después de los primeros minutos de agobio y con cuidado por el tráfico, nos pusimos a buscar un lugar para pernoctar en la zona de Puerto Madero en la costa, allí preguntamos a la prefectura (es como la policía, pero del mar) y nos aconsejaron un sitio, después de dar muchas vueltas y tener paciencia, logramos encontrar un lugar de aparcamiento en el que pasar la noche.

En la tarde del día siguiente Gloria quería ir al hospital de clínicas de la universidad de B.A, tenía concertada una cita con un médico psiquiatra, ya sabéis la intención de ella de pasarse por cada centro de Alzheimer que encontremos en nuestro viaje, quiere recabar información sobre la atención que se presta a estos pacientes. Ya ella os contará algo sobre esta especial visita.

La ciudad de B.A la conocíamos de la anterior vez así que paseamos un largo trecho hacia donde estaba nuestra casa con ruedas. Pasamos la noche sin contratiempos, por la mañana volvimos al hospital pues Gloria tenía cita con otra persona que le dio toda la información que necesitaba. Después de comer y de descansar un poco, decidimos dejamos Buenos Aires para salir con destino… al gran Sur.

La salida fue fluida, sin equivocaciones. El cuenta kilómetros de Juanita marcaba 100.000 pero en realidad eran 15.000, pues le cambié el motor con 85.000 y no pusimos el km a cero. Después de pasar siete peajes y de hacer 180 km paramos en una ciudad llamada Las Flores para pasar la noche. Aparcamos en la plaza, dimos una vuelta por ella, me llamó la atención un cartel que describía la historia de la ciudad, decía que un agrimensor la había diseñado para colonos en la década de los sesenta del siglo XIX. Paseando por ella nos encontramos una policía, le preguntamos si había problema en pernoctar con Juanita en la plaza, ella se extrañó y como no supo que decirnos consultó el caso con sus superiores,” la jodimos”, los jefes en cualquier parte del mundo no se complican y tiran de artículos, no se puede dormir en la vía pública, resumiendo, al rato vino un coche policial que nos escoltó con luces incluidas por todo el pueblo y nos llevó a una gasolinera Petrobras de la que nos aseguraron que era segura. Moraleja, nunca más preguntaremos a un policía si se puede pasar la noche en un lugar.

Por la mañana, continuamos viaje sin dejar la RN 3, será la ruta que seguiremos hasta Ushuaia, nos esperan 3.076 km, el paisaje es monótono, rectas enormes de perfil llano flanqueadas por praderas que se juntan con el horizonte.A media mañana paramos en el pueblito de Chilla para comprar  alimentos, la señora que nos atendió dice que viven muy tranquilos y que al estar “sólo” a 360 km de B.A van cuando quieren a visitarla o de compras a los shoppings (centros comerciales). A partir de ahora nos reímos, pero con ternura de la distancia en Argentina.

Vamos sumando km poco a poco, viajamos a 80 km por hora por tres razones fundamentales. La primera por el gasto de combustible y de aceite. A esa velocidad  tenemos una autonomía de 850 km (a 100 tendríamos poco más de 600 km) y  la mecánica de Juanita va muy desahogada, el motor es atmosférico, no tiene turbo (razón por la que la compré), aunque el libro técnico de Juanita dice que gasta un litro de aceite a los 1000 km, yo a los 2500 km sólo he tenido que rellenar un cuarto de aceite. La segunda razón es porque viajamos con mucha tranquilidad lo que nos permite ver y disfrutar del paisaje. La última razón es que a esa velocidad circulamos SÓLOS, coches y autobuses ni los vemos cuando nos adelantan, y los camiones van todos a más de 100. (Seguro que más de uno de vosotros ya se estará “descojonando”).

Al entrar en Bahía Blanca no sentimos buenas vibraciones, no parecía una ciudad tranquila así que decidimos pasar la noche a unos km de la ciudad, en una de las gasolineras YPF de Argentina, al lado del hotel la Merced. Dormimos como lirones.

Por la mañana otra vez a la carretera. Hicimos casi 300 km y nuestra parada fue Carmen de Patagones, la ciudad más antigua de esta parte de Argentina, se encuentra a orillas del río Negro que le da nombre a la provincia y tiene enfrente a la ciudad de Viedma capital de la provincia (en Argentina las comunidades se llaman provincias). Visitamos Carmen en la mañana y por la tarde fuimos a Viedma, allí en la costanera (paseo fluvial) aparcamos y al rato, a nuestro lado se estacionó un camper como la nuestra sus dueños, Hugo y Lidia, son un matrimonio de jubilados que nacieron y viven en Carmen de Patagones. Les llamó la atención lo lejos que estamos de casa y poco después empezamos a conversar. Lo que iba a ser una visita a la ciudad se convirtió en una tarde muy placentera de charla. Nos invitaron a mate, la primera vez en nuestra vida que lo probamos, nos aseguraron que tiene propiedades antioxidantes y que es excelente para la salud. Sin darnos cuenta se nos hizo de noche y no tuvimos otro remedio que interrumpir la charla muy a pesar nuestro. Nos despedimos con nostalgia, porque es posible que no nos volvamos a ver nunca más, pero en este viaje tendremos que aprender que situaciones como esta se nos presentarán muchas veces.
Desde aquí vaya un saludo especial para Lidia y Hugo, gracias por una tarde muy “linda” como decís los argentinos.  Deseamos que la vida nos regale y también a vosotros muchos más momentos como los de aquella tarde.

Después de una buena noche dentro de Juanita (a menudo decimos que la preferimos a ella antes que la comodidad de los hoteles) carretera y manta, nos esperaba uno de los lugares estrella de nuestro viaje: Península Valdés. Ésta se encuentra a unos 270 km de distancia. Fuimos directamente porque no queríamos que se nos hiciera de noche, en la entrada al Parque Nacional hay que abonar 330 pesos por persona y se puede permanecer el tiempo que se quiera. Necesariamente tuvimos que descansar en el camping de Puerto Pirámides que tiene una tarifa de 150 pesos por persona y día más 20 por vehículo. Puerto Pirámides es el único núcleo de población permitido en la Península, con unos 500 habitantes dedicados al turismo y los servicios.

La Península se recorre por caminos de ripio, tiene en total una longitud de más de 250 km. Nosotros preguntamos a Alejandro (responsable del camping) y nos indicó que a sólo 20 km se encontraba una playa impresionante, llamada Punta Pardelas. En siete horas de recorrido por ella no vimos ninguna otra persona. Compartimos el espacio con las ballenas francas australes (están en época de reproducción y miden unos 15 metros) y cantidad de aves y guanacos (camélidos parecidos a las llamas de los Andes). Acabamos cansados, quemados por el viento, pero contentos. Esa noche dormimos como focas.

Al día siguiente visitamos punta Pirámides, a unos 15 km del pueblo por camino de ripio. Allí se pueden avistar focas, leones marinos y ballenas australes. Sencillamente espectacular, los animales se aprecian a medía distancia desde un mirador.

De allí nos fuimos hacia Puerto Madryn una ciudad que se encuentra en la provincia de Santa Cruz. Llegamos a media tarde y buscamos la prefectura (siguiendo el consejo de Hugo) aparcamos y paseamos por toda la costanera para hacernos con la ciudad. Puerto Madryn y las ciudades próximas Trelew y Rawson fueron fundadas por colonos irlandeses a mediados del siglo XIX, Rawson es la capital administrativa de la provincia.

Puerto Madryn es una ciudad de unos 100.000 habitantes y parece que tiene un puerto activo, es tranquila, segura y parece agradable para vivir, pero con frecuencia la azota un viento endiablado con arena en suspensión. Aunque probablemente ningún político de esta ciudad lea nuestro blog, quiero llamar su atención para que se ponga remedio a algo que no es apropiado (palabra muy diplomática) para una ciudad con tan bonitas playas de arena finísima: tienen un vertido de aguas fecales sin tratar en medio de la ciudad (nos dolió en el alma).

Estuvimos en la ciudad dos días que aprovechamos para lavar la ropa en una lavandería, pasear al lado del mar y que Gloria pudiera encontrar un centro de Alzheimer al que visitar.  Más adelante contará con más propiedad que yo lo que aconteció.

Bueno… tengo que acabar porque esta entrega se está convirtiendo en un “mamotreto” que puede ser difícil de digerir. A todos los que os animéis a seguirnos os comentamos que la comunicación frecuente es complicada debido a que la señal wifi es débil y de poca calidad dependiendo de los lugares a los que lleguemos, por eso hemos decidido que vamos a actualizar contenidos cada 15 días, por lo que tenéis que prepararos para recibir un tostón literario semejante al que hoy colgamos.  

Salud y buen viaje para todos.

Gloria y Antonio.






sábado, 1 de octubre de 2016

Tango en la calle Montevideo



Paseando por la ciudad de Montevideo nos encontramos a un grupo de personas bailando tango en la calle. Un momento muy especial. 22 de septiembre de 2016

Atardecer Paseo La Rambla Montevideo



Este vídeo lo grabamos el 18 de septiembre, mientras atardecía en el Paseo de la Rambla. Después de haberlo recorrido en un trayecto de unos 23 km durante los que disfrutamos del paisaje, los sonidos y los sabores de ésta preciosa zona de la ciudad de Montevideo.

Salud y un buen viaje para todos

Gloria y Antonio


La Garganta del Diablo Iguazú



Hola a todos. Un saludo de Gloria y Antonio. En éste vídeo podéis ver  la catarata Garganta del diablo, tal vez la más espectacular de todas las del Parque Nacional de Iguazú, lado argentino. Esperamos que ver ésta maravilla os emocione como  a nosotros. Grabamos el vídeo el día 12 de septiembre de 2016.