jueves, 23 de febrero de 2017

Dieciséis

Dejamos el hotel Diego de Almagro en Arica el 2 de enero, abonamos el importe de dos días y el lavado de ropa, que en total fueron 415 euros, nos pareció muy caro, sobretodo la factura de la lavandería que ascendió a 71000 pesos (unos 118 euros) prometimos nunca más lavar la ropa en un hotel.

Hasta ahora no hemos contado lo que nos costó traer a Juanita de Salamanca a Montevideo. Pues bien, creo que llegó el momento. Trayecto desde nuestra casa a Madrid en camión – Madrid a Valencia en tren – Valencia a Montevideo en barco = 2470 euros.
Operaciones portuarias en Montevideo = 3100 euros.
Siiiii… no hay error, no me he equivocado, sacar el contenedor del barco para ponerlo en el sitio de apertura y proceder a sacar la mercancía: 3100 euros.   Creo que los comentarios y calificativos al respecto, sobran.

Como nos jode que nos engañen otra vez, para nuestro regreso a España nos estamos planteando embarcar a Juanita, no en un contenedor si no en la bodega o cubierta de un barco, con la posibilidad de acompañarla nosotros. Hemos estado intercambiando información al respecto con otros viajeros y muchos de ellos optan por el puerto de Halifax, en Canadá. Al parecer en cualquier puerto en Sudamérica los costos son altísimos.
Esto cambiaría el itinerario de nuestro viaje (bajar desde Montreal y la costa Atlántica de Estados Unidos hasta Miami como puerto de retorno). De momento es una posibilidad, ya veremos más adelante qué decidimos.

Pues bien, volvamos al viaje. Después del hotel nos encaminamos a la estación de buses de Arica para sacar el SOAT (Seguro Obligatorio de Accidentes de Tráfico). Hasta ahora no ha habido necesidad de poseer este seguro, pero en el Perú y creo que en los demás países que visitemos será requisito imprescindible. Nos costó 16000 pesos, unos 26 euros y la compañía aseguradora, Mapfre.

En media hora llegamos a la frontera de Perú, los trámites se demoraron unas tres horas pues había mucha gente a un lado y otro de la frontera. El agente peruano encargado de verificar a Juanita, no estaba convencido de la titularidad del vehículo, habíamos pasado antes muchas fronteras sin tener demasiados problemas, pero el funcionario seguía sin estar seguro de este requisito tan importante. Después de un buen rato y con los papeles de la mano, los tres nos encaminamos hacia Juanita. Abro el capó del motor y comprueba que el número del chasis y del motor es idéntico al que está en la documentación. Al fin se convence y más relajado, nos pregunta acerca de nuestro viaje, poco después en su oficina nos pone los sellos de entrada. Al cabo de unos minutos… estamos en el Perú.

Voy a permitirme un consejo que tendría que ser la consigna de cabecera para todo viajero. Son tres palabras FUNDAMENTALES: Cortesía, humildad y respeto.

En algunas ocasiones sobre todo en las fronteras, habrá que añadir una cuarta, la paciencia.

Con esto el viajero en su relación con las personas, en especial de otras culturas, verá cómo se facilitan algunas situaciones que pueden resultar un tanto… estresantes.

El desierto continúa, no nos ha abandonado, a izquierda y derecha hay arena, una hora después llegamos a Tacna. La ciudad nos sorprende por dos cosas, la limpieza de sus calles y la ausencia de perros abandonados. Aparcamos en la avenida del coronel Bergoresi (héroe peruano en la guerra del Pacífico contra Chile, ésta se desarrolló a finales de la década de los 70 del siglo XIX) y paseamos por la ciudad. Entramos en la catedral, en una oficina de información y turismo para recabar información y mapas, (de las más eficiente de todas que hemos visitado en el Perú, junto con las de Lima y Trujillo) callejeamos y descansamos en la plaza de Armas. Después nos fuimos a descansar a Juanita, nuestra primera noche en Perú fue tranquila.

En la mañana visitamos el museo ferroviario, durante la visita tenemos la suerte de ver entrar en la estación el tren automotor que viene de Arica, casi en su totalidad son turistas, pero me alegro de que el ferrocarril esté vivo. Vemos el taller y comprobamos qué en la época del vapor los talleres ferroviarios de todo el mundo eran autónomos, mediante moldes de todas las partes de las locomotoras ellos mismos hacían las piezas. La cantidad de hombres que trabajaban allí era considerable.

Hablando con el responsable del museo, soñamos con la posibilidad de restaurar una de las locomotoras que se encuentran en mejor estado y remolcando unos vagones de época nos imaginamos un tren turístico entre Arica y Tacna. Sería una fuente de ingresos para las dos ciudades importante y un reclamo turístico a nivel internacional, porque el ferrocarril como medio de locomoción atrae, no ha perdido la magia desde su fundación hace más de siglo y medio. Recuerdo con nostalgia en mi época de maquinista, que al paso de la locomotora los papás levantaban en brazos a sus hijos y me saludaban. Aparte del tren, estoy convencido que la estrella del momento era la máquina 333, seguramente una de las mejores locomotoras que hay en España y una de las más imponentes. Uff… seguro que mis compañeros de otros servicios, cuando me vean me van a llamar al orden, qué si soy esto, qué si soy lo otro, bueno aguantaré las críticas cuando llegue el momento, pero con una sonrisa, aunque haya sido por mi insolencia.

Con estos deseos dejamos el museo y fuimos a la zona franca, Tacna es la única ciudad del Perú que tiene una zona comercial libre de impuestos. Compramos unos pijamas y unas camisetas para los dos, por el equivalente a unos 80 euros, todo ello era de muy buena calidad y hecho en el Perú.

Después en un restaurante cerca de la catedral, comimos. Aproveché y pedí unos riñones salteados que después de muchos meses me recordaron la gastronomía de España. Estaban como dice Gloria, de morir. Constatamos la justa y merecida fama que tiene la comida peruana en nuestro primer almuerzo.
Después de llenar el tanque de gasoil, vaciar el W.C. y llenar de agua el depósito de Juanita abandonamos Tacna, con un buen recuerdo de la ciudad.

Llegamos a las proximidades de Moquegua sobre las 19:30 h. era de noche y decidimos pernoctar en una gasolinera de Petroperú que nos encontramos y que tenía buen aspecto. Pasamos bien la noche, en la mañana al despedirnos de los empleados me reclaman 5 soles por pernoctar, se los di, pero en lo sucesivo me prometo que no daré un sol a no ser que me lo digan al principio. No es por la cantidad, lo puedo dar como propina o de limosna, lo que me jo…  es que me tomen por el pito de un sereno (ya me ocurrió la misma situación en otra gasolinera y me negué rotundamente). 

Decidimos en el último instante no entrar en Moquegua, vimos un evitamiento (carretera de circunvalación) con la indicación de Arequipa y aquel letrero nos gustó. A unos 50 kms de la ciudad de Arequipa en un control de la policía nacional de tránsito nos paran, piden la documentación y el agente mira y mira los papeles, después de un rato me dice que no estoy autorizado a conducir ese vehículo, pues no ve por ningún lado el dibujo que corresponda a la forma de Juanita, le aclaro que es una casa rodante ( auto caravana en España ) y que hay muchas clases de ellas, capuchinas, perfiladas, integrales y campers ,Juanita corresponde a estas últimas, es un vehículo ligero, tiene menos de 3500 kg, de todas las formas le hago saber que poseo el carnet tipo C, que me permite conducir camiones incluso articulados, después de un largo silencio… me devuelve los papeles y nos permite continuar.

Antes de llegar a Arequipa hay un cerro que tenemos que subir, la temperatura es alta y Juanita se calienta tanto que por primera vez veo que se enciende el control de la temperatura del motor, señal que el agua está al punto de ebullición. Esto es grave, no podemos continuar con la temperatura tan alta en el motor, podemos dañar la junta de la culata, aparco como puedo al lado de la carretera, pues no hay apenas berma (arcén) mientras se enfría el agua del motor, veo que la avería que nos persigue desde hace algún tiempo persiste. De los dos electroventiladores sólo funciona uno, con subidas tan pronunciadas y con este calor Juanita no puede seguir así. De Arequipa no saldremos hasta que solucionemos este problema (en Chile lo tratamos de arreglar sin éxito) pues es una avería que no siempre se presenta y es difícil de detectar.

La entrada a la ciudad fue caótica pues estaba lloviendo, el tráfico muy intenso, el motor mostraba signos de fallar (era por la altura, me enteré más tarde) el agua no bajaba de temperatura y se hacía de noche. Tuvimos la suerte de encontrar una placita cerrada por uno de los lados en la que aparcamos para pasar la noche resguardados del ruido, el tráfico y las inundaciones que presentaba la ciudad.

Por la mañana teníamos mejor aspecto, habíamos dormido como lirones y el descanso nos había sentado muy bien. En los momentos de mayor complicación estamos aprendiendo a mantener la calma, Gloria se comporta muy bien, me ayuda mucho como copiloto y como navegante (tiene en el móvil una aplicación que nos sirve de GPS).

A la mañana siguiente nos fuimos al concesionario Fíat, éste no tenía electricista pero nos dieron la dirección de uno que nos citó y atendió al día siguiente, unas 7 horas después creíamos que el problema de Juanita se había solucionado (se cambió un rodamiento de un ventilador que decía estaba dañado). Pensamos que los males de Juanita habían pasado y por fin podíamos hacer de turistas. En la noche volvimos a nuestra placita que tanto nos gustó. Dormimos tranquilos y con la intención empezar a conocer la ciudad a la mañana siguiente.

Teníamos apuntado en la libreta de notas el hotel las Mercedes, tiene un estacionamiento para auto caravanas que nos lleva 40 soles por persona, podemos ducharnos y tiene wifi. Allí permanecimos tres días que empleamos en visitar la ciudad. Entramos en el museo donde está el cuerpo momificado de la princesa Juanita (es casualidad, os aseguro que no tiene nada que ver con la nuestra) también hicimos un recorrido en bus turístico. Al día siguiente visitamos varias iglesias, otro día la catedral en una visita guiada y en general pateamos la ciudad de arriba abajo.

Creo que al cuarto día aparcamos cerca de un restaurante porque volvió a encenderse el control de motor caliente y necesariamente había que parar. Ahora el problema era mayor, se fundían los dos fusibles y no funcionaban ninguno de los ventiladores. Comimos preocupados por la situación que teníamos y al finalizar, preguntamos por un taller (no queríamos volver al mismo de la otra vez) el camarero nos dijo que su hijo llevaba el carro a un taller cercano. Nos encaminamos hacia él y al poco tiempo le explicaba al dueño lo que pasaba. Fue un alivio casi al instante, el taller es pequeño pero bien organizado, tiene electricista y es muy bueno, se llama Harry (un saludo muy fuerte para ti y tu familia, sabemos que nos sigues en nuestra aventura) los mecánicos son muy profesionales, el que nos atendió se llama Jaime y nos hizo buen trabajo, uno de los dueños (Antonio) notábamos que se involucró en el tema para solucionarlo, a todos los que trabajan en el Autopremiun, esquina a Av. de Venezuela en la ciudad de Arequipa: muchas gracias, debéis saber que Juanita va como un reloj..

Harry después de revisar la instalación y comprobar que no había cortocircuito, optó por cambiar los dos electroventiladores, éstos funcionaban pero como tienen bastantes años en ocasiones se atrancaban al ponerse en marcha y fundían los fusibles, esto era la verdadera causa de la avería que nos trajo locos durante tanto tiempo, le llevó un día entero porque tuvo que verificar la instalación eléctrica. Nosotros dormíamos en el hostal Negrita’s house que se encontraba cerca, nos costaba 70 soles la noche.

Cuando Juanita salió del taller, decidimos irnos de Arequipa y continuar nuestro viaje con destino al cañón del Colca, uno de los valles más profundos del planeta, algunos dicen que es el mayor, otros que el segundo, en todo caso ese era nuestro destino. Por encima de los 3500 msnm, Juanita empezó a dar señales alarmantes de falta de potencia (daba tirones y mucho humo blanco) el tiempo empeoró, llovía, granizaba, nevaba y había niebla. Después de subir hasta esa altitud en el altiplano, nos encontramos una recta de perfil llano, allí Juanita dijo… hasta aquí he llegado, no ando más, lo único que hacía el motor era mantener el relantín.

Me alarmé porque no sabía muy bien qué pasaba, temía que los calentones sufridos por el motor hubieran dañado la junta de la culata y entrara algo de agua en el motor (por eso era el humo blanco). Después de unos minutos de tensión y pensando que hacer, decidimos dar la vuelta y volver al taller de Arequipa (estábamos a unos 100 kms, pero era todo cuesta abajo).

El regreso fue de mucho estrés, sobre todo al principio (en ocasiones me vi obligado a ir en primera y a paso de hombre) pero según íbamos descendiendo Juanita se iba recuperando, el humo blanco dejó de salir y al acelerar respondía el motor (no había tirones).

Llegamos al taller pasadas las 15:00 h. y en cuanto nos vieron se sorprendieron. Nada más llegar les dije que el problema de calentamiento no era, ahora es que salía mucho humo blanco y que el motor fallaba. Diagnóstico casi inmediato:  a Juanita le ha entrado la puna, el soroche, es decir el mal de altura. 

Más tarde a nosotros nos pasó lo mismo, cansancio, aturdimiento y algo de mareo (lo arreglamos en parte masticando hojas de coca).

Juanita tiene el motor atmosférico, es decir tiene aspiración natural y esta clase de motores con la altura como hay menos cantidad de oxígeno, sufre más para hacer la combustión. Hoy día casi todos los motores son sobrealimentados, tienen turbo que aspira el aire y lo comprime en la cámara de combustión, por lo que la consecuencia en altitudes altas se amortigua.

La solución que dieron fue adelantar el punto a la bomba de inyección, también descartaron la posible fuga de agua por la junta de la culata. Aproveché para cambiar el aceite, los filtros de gasoil y de aceite, el de aire se aspiró. También me cambiaron la junta del cárter, ésta rezumaba aceite y con el tiempo iría a más. Juanita estuvo otro día en el taller y nosotros volvimos al hostal.

El sábado día 14 sería nuestra tercera tentativa de salida de Arequipa. Salimos de la ciudad pronto para intentar encontrarnos poco tráfico, no lo conseguimos pues la ciudad está creciendo mucho (un millón de habitantes) y permanentemente está saturada. Pasando la población de Yura es cuando estás en carretera propiamente, esto demora más de una hora y media en salir. Todo salió bien, Juanita iba de maravilla y a la tercera fue la definitiva.

La carretera hacia el Cañón del Colca es exigente por la altitud, conocía de cada vez mejor a Juanita y a medio gas subíamos por unas cuestas muy empinadas llenas de curvas. Ascendimos hasta los 4950 msnm en el mirador de los Volcanes. Chivay es el pueblo más importante de la ribera del Colca y la entrada a la reserva natural, hay que pagar 70 soles por persona (extranjeros) Gloria les dijo que era colombiana y yo el marido (enseñamos las alianzas) y pagamos 40 soles cada persona (Colombia pertenece a la comunidad Andina) es la primera vez que siendo extranjero me beneficio.

Nos vimos atacados por el mal de altura nada más llegar a Chivay (unos 3400 msnm) en el restaurante que entramos en la plaza de Armas del pueblo nos recomendaron mates (infusiones) de coca y también de muña, probamos un par de mates y después compramos hojas naturales en un mercado. Con estos remedios hemos estado todo el tiempo hasta que llegamos al nivel del mar.

Estuvimos estacionados en la plaza de Yanque, pueblo que se encuentra a unos 15 kms de Chivay (la noche que pasamos allí sobre las 6,00 h intentaron abrir a Juanita) es más tranquilo, bonito y seguro, allí estuvimos plácidamente tres días.

No tuvimos demasiada suerte con el clima, no llegamos a ver del todo la verdadera profundidad del Cañón (había niebla persistente) pero recorrimos todos los pueblitos de la margen derecha del río Colca hasta Cabanaconde.

En Yanque visitamos el museo del pueblo y en una tienda de artesanía compramos gorros de lana de alpaca baby (cachorro de alpaca) son de una textura muy fina y de muy buena calidad. También visitamos las ruinas de Uyo Uyo perteneciente a la cultura Collagua que floreció entre los siglos XIV y XVI, son ruinas de casas de piedra y calles con acequias por las que circulaba el agua, algunas casas están rehabilitadas para saber qué aspecto tenían, toda la ciudad se encuentra en la ladera de una montaña. En el pueblo todos los días a las 7,00 h en la plaza se desarrolla la danza del Wititi, ésta, la ejecutan jóvenes y tratan de representar con su coreografía la manifestación del amor hacia la madre naturaleza (la Pachamama) incluida también a las personas.

Estuvimos en el Colca cuatro días, nos gustó el escenario natural tan impresionante, sus pueblos y sobretodo Yanque (en quechua significa lugar donde viven los señores) todos los pueblitos tienen iglesias coloniales de los siglos XVII y XVIII y son de estilo barroco mestizo. Este estilo me gusta especialmente, es curioso cómo se fusionó perfectamente el barroco con las particularidades del lugar (flores, loros, papagallos y en general flora y fauna autóctona) porque aun que las directrices eran de la iglesia católica, los maestros canteros, artesanos y pintores eran nativos.

Quiero mencionar la iglesia de San Francisco al lado de la Plaza de Armas de Arequipa, ésta tiene un cuadro de la Sagrada Cena donde se aprecia los alimentos que hay en la mesa. Los apóstoles cenan mazorcas de maíz, yuca, mangos y en la fuente se aprecia un cuy (especie de conejo). En la sacristía (la Capilla Sixtina de América) la bóveda está repleta de dibujos de plantas y animales de la selva.

Un recuerdo especial para Cesar de la tienda de artesanía de Yanque, se pasó 25 años en los Ángeles (California) y lleva tres años en el pueblo de artesano y se le ve feliz. También para Aquilino que es el responsable de la cafetería La Casa de Santiago en Cabananconde (la mejor del pueblo) él es de Santa Teresa al lado de Machupicchu, la vida lo llevó allí y ha logrado que todo el mundo que pase por allí entre a tomar algo. Thomas es suizo, vino por amor (está casado con una arequipeña) de esto hace ya 15 años y se está planteando abrir un restaurante en Arequipa. 

También nos acordamos de Don Juan, es el presidente de la delegación en Arequipa de la Asociación Peruana de Alzheimer (Gloria tuvo dos entrevistas con él) es un hombre interesante y da gusto conversar con él.  Tiene 81 años, fue periodista y se le nota su fácil oratoria, es un hombre culto y nos puso al día de la situación actual del país, es de esas personas a las que conviene pegarse para simplemente escuchar y absorber algo de su sabiduría. Un saludo muy afectuoso para Don Juan y el deseo de que su visita a España en marzo sea estupenda.

Nos fuimos con nostalgia de la zona del Cañón del Colca, pero nos esperan el lago Titicaca, Puno, Cusco, Machupicchu, las enigmáticas líneas de Nasca… y seguro que unas cuantas sorpresas más, estamos expectantes y con los ojos abiertos como platos. Seguiremos contando nuestras experiencias, hasta entonces nuestro deseo:

Salud y buen viaje para todos.


Gloria y Antonio.