lunes, 2 de enero de 2017

Trece

Del 11 al 30 de noviembre, en dirección sur-norte recorrimos la famosa Ruta 40. Es la ruta más larga (5194 kms), la carretera más occidental y la más próxima a la frontera oeste de Argentina, al pie de los Andes. Pero nosotros, siguiendo nuestro plan de viaje sólo hicimos una parte. Desde el paso fronterizo Río Don Guillermo (Cerro Castillo, Provincia de Santa Cruz) hasta el paso fronterizo Cardenal Samoré (Provincia de Neuquén) recorriendo el costado occidental de la Patagonia Argentina en dirección sur-norte. Así pudimos visitar algunas de las ciudades, parques y reservas naturales más bonitas y más grandes de éste lado del país. Fueron sólo 1700 kms aproximadamente, gran parte de ellos sin asfaltar por lo que circulamos sobre lo que llaman ripio: una mezcla de piedras y tierra que al parecer resiste mejor los vientos patagónicos pero que puede ser muy agresiva con los neumáticos.

Desde el PN Torres del Paine hasta la frontera de Chile con Argentina este tipo de carretera nos obligó a andar muy despacio y nos acompañó casi hasta llegar al paso internacional Don Guillermo. Los funcionarios chilenos estaban de huelga así que tuvimos que esperar unos 45 minutos para cruzar la frontera. A esta altura la Ruta 40 es de ripio y tendríamos que haber continuado por ella hasta El Cerrito, pero tanto el mapa como otros viajeros nos advirtieron de las malas condiciones de ese tramo, así que para no arriesgar a Juanita preferimos hacer un poco más de kilómetros tomando la Ruta 7 hacia el pueblo La Esperanza y desde allí por la ruta 5 llegar a El Cerrito para coger la R40. Fue una decisión acertada. Según nos informaron otros viajeros ese tramo prácticamente lo cogen solo los despistados.

Del Cerrito y hasta la ciudad de El Calafate la carretera estaba en regulares condiciones de asfalto y con muchos baches, pero nos regalaba el bello espectáculo de la cordillera andina austral con cumbres nevadas y el gigantesco azul Lago Argentino en un valle impresionante que recorre con fuerza el viento.

En El Calafate estuvimos tres días, en parte paseando por la ciudad y en parte actualizando contenidos de nuestra aventura en el blog. Ya os habíamos contado que solemos estacionarnos en calles cercanas a plazas centrales o parques con buena iluminación, poco ruido y viviendas habitadas. Siempre nos toma algo de tiempo, pero lo invertimos con gusto porque nos permite hacernos una idea de las ciudades y nos aseguramos de estar en un sitio que nos guste.

El 14 de noviembre por la tarde dejamos la cuidad para ir a conocer el Parque Nacional y Reserva Nacional de Los Glaciares (patrimonio Mundial Natural por la UNESCO) con entrada a unos 80 kms. Queríamos pasar la noche en algún lugar cercano para ingresar a primera hora y así lo hicimos. Dormimos en un valle a los pies de una montaña. Al despertar una densa niebla se levantaba, llovía agua-nieve y hacía mucho frío
Entramos a las 08:15 y salimos a las 15:00. Desde la entrada se recorren unos 30 kms más por una carretera en buenas condiciones que bordea uno de los brazos del gigantesco cristalino y bello Lago Argentino y atraviesa bosques de grandes y frondosos árboles. Al llegar a la zona de observación encontramos amplias, extensas y cómodas pasarelas por las que podíamos transitar, haciendo recorridos con distinto grado de dificultad. Llovió, nevó, hizo viento y mucho frío, pero valió la pena. Aquí nacen y se alimentan el lago Argentino y el lago Viedma, dos de los más grandes del país. Estuvimos contemplando especialmente la estrella del parque: El glaciar Perito Moreno, una gigantesca masa de la que con frecuencia se desprenden bloques de hielo de distintos tamaños que crujen al desprenderse del glacial y suenan estrepitosamente al caer al agua. El paisaje y las sensaciones son indescriptibles. Nos costaba esfuerzo dejar de tomar fotos y grabar videos, hacia cualquier lado al que mirábamos nos parecía estar encontrando algo nuevo y maravilloso.

Ese mismo día, 15 de noviembre cerca de las 17:00 horas continuamos viaje en dirección al Chaltén, que hace parte del Parque Nacional de los Glaciares y acoge los picos más altos de la cordillera. Aquí las estrellas son el Monte Fitz Roy (3405m) y el cerro La Torre (3102 m). En su valle se encuentra el pueblito de El Chaltén.  Unos 5 kms después de salir de Calafate completamos los primeros 6000 kms de recorrido con Juanita en nuestra aventura por América desde que salimos de Montevideo.

De Calafate al Chaltén hicimos 216 kms. Siguiendo la R40 sólo 95 pues para llegar al Chaltén hay que desviarse por la R23 unos 90 kms. La carretera es buena y los paisajes bellísimos, ya que se bordea el lago Viedma de aguas azul turquesa, se ven claramente el glaciar Viedma, las laderas del Monte Fitz Roy y el Cerro La Torre. Pusimos música y viajamos conversando. Por el camino vimos muchos jóvenes que iban en la misma dirección caminando, en bici o haciendo autoestop. Llegamos al Parque y al pueblo a las 21:15 horas. Encontramos estacionamiento cerca de la oficina de información turística y detrás de la estación de autobuses. Nos acabábamos de estacionar cuando comenzó a nevar. Estábamos bien protegidos y dormimos tranquilos.

En turismo nos dieron mapas e indicaciones sobre actividades para realizar en la zona. Especialmente nos interesaron las rutas para senderismo. En los cuatro días que estuvimos aquí recorrimos cinco de esos senderos, alguno más difícil que otros, todos en medio de paisajes bellísimos, regresábamos cansados pero contentos. La comida y la siesta nos parecían maravillosas. En el sendero que llaman El Chorrillo del salto, estuvimos buscando huellas de la presencia de Huemules en la zona (un ciervo huidizo en peligro de extinción) es posible que hayamos encontrado… un mechón de pelo!!! (jajajaja). El sendero La Torre es fenomenal, aunque un poco difícil, ese día ya teníamos cansancio acumulado y regresamos hechos polvo.

Pasamos un día y una noche en una de las parcelas del camping El Relincho, así pudimos tomar una ducha caliente, descargar y lavar el W.C., descargar aguas grises y cargar agua potable para Juanita, llevar ropa a la lavandería y aprovechar la conexión wifi para escribir y colgar imágenes en el blog.

Salimos del Chaltén el 20/11 a las 9:20. Nos había recibido la nieve y el frío y nos despedía el sol, era un día precioso. Nuestra meta era la ciudad de San Carlos de Bariloche 1327 kms al norte recorriendo la R40.  Hicimos paradas intermedias para repostar, tomar café o comer en los siguientes pueblos o ciudades: Tres Lagos, Gobernador Gregores, Bajo Caracoles, Perito Moreno, Río Mayo, Tecka, Esquel y El Bolsón.

Hasta Tres lagos la carretera buena, aunque sin arcén. A partir de allí y durante casi tres horas por el ripio tuvimos que andar a 30 kms/h. A las 15:00 sobre carretera asfaltada hicimos una parada para revisar a Juanita, ajustar todo lo que se había aflojado o movido (por ejemplo, las sillas y mesas de camping, ropa, una puerta…) comer y descansar. A Gobernador Gregores llegamos a las 17:15, estuvimos paseando por el pueblo y encontramos estacionamiento en una gasolinera YPF. Dormimos mal porque muy cerca teníamos una discoteca que estuvo abierta hasta las 6 de la mañana.

Al día siguiente, durante 4 horas (turnándonos) condujimos hasta el poblado Bajo Caracoles donde comimos. Fue un trayecto de rectas larguísimas de hasta 60 kms con baches en el último trayecto. Veíamos la gran Pampa del Asador a lado y lado, al fondo las montañas nevadas del Parque Nacional de los Glaciares, guanacos, ñandúes y muchísimos insectos que atravesaban la carretera caminando o saltando. No sabíamos si eran saltamontes o langostas. Eran tantos que nos detuvimos a observarlos y tomarles fotos. Al parecer es una plaga que ataca los cultivos en algunas provincias de Argentina y Chile. Parecían estar en período de reproducción, algunos copulando, otras con el vientre muy largo como si cargarán un huevo, cruzaban la carretera por lo que muchos morían aplastados por las ruedas de los coches.

A las 17:00 llegamos al pueblo Perito Moreno. Pudimos estacionar para pasar la noche al lado del cuartel de gendarmería y justo frente a un hogar de abuelos que luego pude visitar. Fue una visita muy agradable, durante hora y media estuve con las cuidadoras mientras Antonio conversaba con un hombre mayor que vivía allí y que le contó sus historias como trabajador campesino en la Estancia la Calandria.

De aquí salimos a las 11:00 hacia Bariloche. antes de llegar a nuestra primera parada, el pueblo Río Mayo, dejamos la Provincia de Santa Cruz y entramos en Chubut. Entre las 14:30 y las 17:30 el trayecto fue difícil, hacía mucho calor el viento era muy fuerte y la calzada estaba llena de langostas y baches malísimos. Entonces nos encontramos con un desvío y tuvimos que recorrer 30 kilómetros de ripio. Están reconstruyendo éste tramo, pero toda ésta zona de la R40 lo requiere. Desde las 14:30 casi no hablábamos, era como si nos hubieran castigado. Intentamos soportar lo mejor que pudimos el calor, el viento y la polvareda que levantaban los coches que cruzaban a nuestro lado, muchos sin respetar los mínimos de velocidad establecidos.

A las 20:15 llegamos a la estación de servicio de Tecka en la Provincia de Chubut. Llenamos el depósito de gasoíl y nos dispusimos a estacionar, en ese momento un conductor en otra camioneta dio marcha atrás sin darse cuenta de que estábamos ahí y nos golpeó rompiendo el cristal de la puerta trasera izquierda y abollando un poco la puerta. Nos asustamos mucho. Afortunadamente no fue grave porque estábamos detenidos y la camioneta que nos golpeó apenas empezaba a moverse. Hicimos el parte para el seguro, movimos a Juanita a un descampado, retiramos y limpiamos los restos de cristal, volvimos a poner la tela/ cortina de esa puerta y fuimos a estacionar frente a una auto caravana todo terreno de matrícula inglesa. La pareja que la conducía nos ofreció su ayuda y nos acompañó un rato. Ellos también se dirigían a Bariloche. Nosotros tendríamos que gestionar primero el arreglo del cristal y la puerta.

Pasamos la noche en ésta estación de servicio. Madrugamos mucho (5:45) para llamar a la aseguradora en España. Por Internet localizamos un taller Fíat en Esquel, la ciudad siguiente y con mejores recursos. A las 7:30 salimos hacia allá, no sin antes dejarle una nota de agradecimiento en el parabrisas del coche a la pareja de británicos.

En el taller de Esquel no tenían el cristal, pero nos propusieron una solución más rápida económica y confiable: acercarnos a una vidriería especializada en donde pondrían un cristal no original pero sí con las mismas garantías. El proceso tardó unas 2 horas. Nos gustó el resultado. Regresamos al taller Fíat para poner filtros de gasoíl y aceite nuevos, limpieza de filtro de aire, cambio de aceite, revisión de correa, control de niveles, revisión de luces y amortiguadores. Mientras hacían esto estuvimos caminando por la zona, no fue un paseo agradable porque hacía un calor insoportable. El cambio de frío a calor ha sido drástico y en muy poco tiempo.

A las 17:30 Juanita estuvo de nuevo en marcha. Decidimos estacionar y pasar la noche en esta ciudad. Encontramos un buen lugar en la avenida Ameghino, bajo la sombra de un gran árbol. Después de limpiar un poco el polvo del interior de Juanita nos llegó el turno para descansar. Decidimos quedarnos un día más. Así pudimos caminar por la ciudad, visitar su Museo Histórico, la estación del tren La Trochita y en una cafetería usar conexión wifi para comunicarnos con la familia

El 25 de noviembre salimos hacia el Parque Nacional de los Alerces, muy cerca de Esquel y sobre el límite con la república de Chile. Se creó para proteger estos árboles gigantescos que, según mencionan en las guías del parque, “son el ser vivo más antiguo de Argentina y el segundo más longevo del mundo”. El trayecto para llegar al parque es muy bonito, pronto comenzamos a ver bosques con árboles de gran porte y lagunas inmensas de aguas cristalinas y tranquilas. Ingresamos por la portada centro hasta el poblado Villa Futalaufquen donde se encuentra el centro de información. El guarda parque nos brindó toda la información que necesitábamos. Es temporada baja, hay poca gente, la entrada es gratuita, se puede permanecer dentro todo el tiempo que se desee y ofrece varias sendas para hacer caminatas de 30 minutos a 12 horas de duración con distinto grado de dificultad. Nos estacionamos para pasar la tarde y la noche en una zona habilitada muy cerca del poblado y dedicamos el tiempo a descansar y a pasear sin rumbo. Disfrutamos observando bandurrias australes, pájaros carpinteros, golondrinas y una gran variedad de árboles (lengas, Ñires, cañas, cipreses de la cordillera, maitenes, notros); arbustos (calafate, chilco, espino); y flores (Reina mora, Mutisia, Astromelias, lupino, rosa mosqueta). Además de ver un alero con pinturas rupestres de cazadores-recolectores que se instalaron en la zona hace unos 3000 años y subir a un mirador que nos permitió tener una vista panorámica del lago Futalaufquen. 

Al día siguiente antes de salir del parque estuvimos recorriendo la Villa y pudimos hablar con el doctor Dámaso Cruz médico de atención primaria en el puesto de socorro. Y entonces retomamos la R40 en dirección norte, con baches y un clima variable con tendencia a lluvioso. A las 17:30 nos sorprendió un retén de guerrilleros del frente de resistencia del Departamento Cushamen. Yo estuve muy asustada. Tan rápido como pude escondí los originales de nuestros documentos pues pensaba que se trataba de un asalto. Sin embargo, se trataba de un grupo de personas, hombres y mujeres muy jóvenes que parecían cansados, se veían muy delgados y con muy pocos recursos materiales. Mientras unos vigilaban otros se acercaban a los coches para hablar con la gente. Nos aclaraban que esto que hacen, retener el trafico unos 20 minutos, no va contra nosotros. Quieren que la gente que pasa por este punto sepa que están siendo perseguidos y criminalizados como nación pueblo Mapuche. Se quejan de que les están robando sus tierras los terratenientes y las empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y forestales. Sus armas son caucheras, boleras, piedras y troncos que han atravesado en la vía. Continuamos nuestro camino en silencio, luego hablamos sobre lo sucedido, pero a partir de suposiciones, necesitamos leer e informarnos sobre este tema para poder opinar, por eso no nos atrevemos a compartiros nuestros comentarios en este espacio. Al parecer también en Chile existe un movimiento fuerte de grupos indígenas.

Llegamos al Bolsón a las 18:30 un día de feria artesanal y mucha gente. Estacionamos en un espacio habilitado cerca de la calle principal y decidimos organizar nuestra documentación para tener a mano sólo fotocopias y mantener bien protegidos los originales. Entonces salimos a pasear por la ciudad. Unos 15 minutos después, siguiendo el sonido de música que escuchaba Antonio, llegamos a una plaza en la que el grupo de rock la Roca acompañaba al cantante Mike Cook. Tocaban y cantaban rock and roll y blues, versiones muy buenas. Así que nos sentamos en el suelo a disfrutar. Media hora después ya teníamos asientos cómodos en el mismo sitio y conversábamos con un chico de Buenos Aires que nos contó que el cantante era toda una leyenda. Vino al Bolsón siendo joven y se quedó aquí. Hicimos fotos. Mientras escuchamos nos tomamos una cerveza muy rica y pasamos un rato agradable.

Esa noche dormimos muy bien. Amanecimos con la sensación de haber descansado de verdad. El desayuno fue como siempre buenísimo en Juanita. Y las aventuras todas esperándonos. Estuvimos en la oficina de información turística y nos hicimos una idea de lo que podemos conocer. Estuvimos caminando por el mercado artesanal, paramos a tomar un café en la terraza del restaurante La Torre mientras escuchábamos blues de diferentes músicos que ponía en su equipo el dueño del lugar. Terminamos comiendo ahí y escuchando música hasta las 17:00. Antonio tuvo la oportunidad de acercarse a saludar al cantante Mike Cook que entró al restaurante a comer y pudo agradecerle el buen momento que nos hizo pasar. Luego volvimos a casa (Juanita).

En San Carlos de Bariloche estuvimos tres días, del 28 al 30 de noviembre. Esta ciudad está al sur del lago Nahuel Huapí en el Parque Nacional del mismo nombre y entre sus muchos atractivos cuanta con el Cerro Catedral, uno de los complejos invernales más grandes de América del Sur.  Nosotros pasamos dos noches en el camping Petunia ubicado en el pueblo o barrio Perito Moreno a 12 kms del centro de Bariloche. Allí pudimos ducharnos, lavar ropa, completar agua para Juanita, descansar y dormir bien. Pero encontrar camping no fue fácil. La mayoría estaban cerrados porque aún es temporada baja. Después de recorrer la ciudad hasta cinco veces decidimos que era mejor estacionar en alguna calle. Antes teníamos que cargar gasolina y agua y lavar el W.C. en una estación de servicio YPF. Mientras lo hacíamos hablamos con el “playero” (el hombre que maneja los surtidores de gasoíl) y él nos dijo que podía estar abierto este camping, fue nuestro último intento y salió bien.

Al día siguiente visitamos la ciudad. Tiene playas públicas bonitas pero la costanera es deficiente y los estacionamientos escasos y están en deficientes condiciones. Debido al calor y a que había mucha gente volvimos pronto al camping para descansar. El día 29 además de pasear por la ciudad localicé y pude conversar con la doctora Mara López en su consulta. Ella es geríatra y trabaja con personas con demencia, su experiencia y conocimientos me ayudarán a comprender mejor la situación de estas personas en esta región de América.

El miércoles 30 dejamos Bariloche y nos dirigimos al paso internacional Cardenal Samoré para comenzar nuestro viaje por Chile. Nuestro último recorrido en Argentina fueron 119 kms por una buena carretera que bordea el lago Nahuel Huapí y que serpenteando va ascendiendo por la cordillera, con una parada en la aldea Villa La Angostura.para tomar café y decir “hasta la próxima Argentina".




Salud y buen viaje a todos.






























 




















































 




























3 comentarios:

  1. Feliz Año Nuevo

    Vaya pasada de fotos
    Seguid disfrutando
    un abrazo
    pedro

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  2. Os digo lo mismo que otras veces, la cara de felicidad que se os ve, demuestra lo que estais disfrutando de vuestra aventura.
    Los relatos, minuciosos, muy descriptivos y con esas fotos tan estupendas (las del glaciar son increíbles) haceis que nos sintamos partícipes de vuestra aventura. Nos encanta leeros y veros, pero sobre todo, nos gusta veros contentos, sanos y felices.
    Seguir disfrutando de esta maravillosa aventura.
    Cuidaros amigos.
    Un abrazo.

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