Dejamos el hotel Diego de
Almagro en Arica el 2 de enero, abonamos el importe de dos días y el lavado de
ropa, que en total fueron 415 euros, nos pareció muy caro, sobretodo la factura
de la lavandería que ascendió a 71000 pesos (unos 118 euros) prometimos nunca
más lavar la ropa en un hotel.
Hasta ahora no hemos contado
lo que nos costó traer a Juanita de Salamanca a Montevideo. Pues bien, creo que
llegó el momento. Trayecto desde nuestra casa a Madrid en camión – Madrid a
Valencia en tren – Valencia a Montevideo en barco = 2470 euros.
Operaciones portuarias en
Montevideo = 3100 euros.
Siiiii… no hay error, no me he
equivocado, sacar el contenedor del barco para ponerlo en el sitio de apertura y
proceder a sacar la mercancía: 3100 euros. Creo que los comentarios y
calificativos al respecto, sobran.
Como nos jode que nos engañen
otra vez, para nuestro regreso a España nos estamos planteando embarcar a
Juanita, no en un contenedor si no en la bodega o cubierta de un barco, con la
posibilidad de acompañarla nosotros. Hemos estado intercambiando información al
respecto con otros viajeros y muchos de ellos optan por el puerto de Halifax,
en Canadá. Al parecer en cualquier puerto en Sudamérica los costos son
altísimos.
Esto cambiaría el itinerario
de nuestro viaje (bajar desde Montreal y la costa Atlántica de Estados Unidos
hasta Miami como puerto de retorno). De momento es una posibilidad, ya veremos
más adelante qué decidimos.
Pues bien, volvamos al viaje.
Después del hotel nos encaminamos a la estación de buses de Arica para sacar el
SOAT (Seguro Obligatorio de Accidentes de Tráfico). Hasta ahora no ha habido
necesidad de poseer este seguro, pero en el Perú y creo que en los demás países
que visitemos será requisito imprescindible. Nos costó 16000 pesos, unos 26
euros y la compañía aseguradora, Mapfre.
En media hora llegamos a la
frontera de Perú, los trámites se demoraron unas tres horas pues había mucha
gente a un lado y otro de la frontera. El agente peruano encargado de verificar
a Juanita, no estaba convencido de la titularidad del vehículo, habíamos pasado
antes muchas fronteras sin tener demasiados problemas, pero el funcionario
seguía sin estar seguro de este requisito tan importante. Después de un buen
rato y con los papeles de la mano, los tres nos encaminamos hacia Juanita. Abro
el capó del motor y comprueba que el número del chasis y del motor es idéntico
al que está en la documentación. Al fin se convence y más relajado, nos
pregunta acerca de nuestro viaje, poco después en su oficina nos pone los
sellos de entrada. Al cabo de unos minutos… estamos en el Perú.
Voy a permitirme un consejo
que tendría que ser la consigna de cabecera para todo viajero. Son tres
palabras FUNDAMENTALES: Cortesía, humildad y respeto.
En algunas ocasiones sobre
todo en las fronteras, habrá que añadir una cuarta, la paciencia.
Con esto el viajero en su
relación con las personas, en especial de otras culturas, verá cómo se facilitan
algunas situaciones que pueden resultar un tanto… estresantes.
El desierto continúa, no nos
ha abandonado, a izquierda y derecha hay arena, una hora después llegamos a
Tacna. La ciudad nos sorprende por dos cosas, la limpieza de sus calles y la
ausencia de perros abandonados. Aparcamos en la avenida del coronel Bergoresi (héroe
peruano en la guerra del Pacífico contra Chile, ésta se desarrolló a finales de
la década de los 70 del siglo XIX) y paseamos por la ciudad. Entramos en la
catedral, en una oficina de información y turismo para recabar información y
mapas, (de las más eficiente de todas que hemos visitado en el Perú, junto con
las de Lima y Trujillo) callejeamos y descansamos en la plaza de Armas. Después
nos fuimos a descansar a Juanita, nuestra primera noche en Perú fue tranquila.
En la mañana visitamos el
museo ferroviario, durante la visita tenemos la suerte de ver entrar en la
estación el tren automotor que viene de Arica, casi en su totalidad son
turistas, pero me alegro de que el ferrocarril esté vivo. Vemos el taller y comprobamos
qué en la época del vapor los talleres ferroviarios de todo el mundo eran
autónomos, mediante moldes de todas las partes de las locomotoras ellos mismos hacían
las piezas. La cantidad de hombres que trabajaban allí era considerable.
Hablando con el responsable
del museo, soñamos con la posibilidad de restaurar una de las locomotoras que se
encuentran en mejor estado y remolcando unos vagones de época nos imaginamos un
tren turístico entre Arica y Tacna. Sería una fuente de ingresos para las dos
ciudades importante y un reclamo turístico a nivel internacional, porque el
ferrocarril como medio de locomoción atrae, no ha perdido la magia desde su
fundación hace más de siglo y medio. Recuerdo con nostalgia en mi época de
maquinista, que al paso de la locomotora los papás levantaban en brazos a sus
hijos y me saludaban. Aparte del tren, estoy convencido que la estrella del momento
era la máquina 333, seguramente una de las mejores locomotoras que hay en
España y una de las más imponentes. Uff… seguro que mis compañeros de otros
servicios, cuando me vean me van a llamar al orden, qué si soy esto, qué si soy
lo otro, bueno aguantaré las críticas cuando llegue el momento, pero con una
sonrisa, aunque haya sido por mi insolencia.
Con estos deseos dejamos el
museo y fuimos a la zona franca, Tacna es la única ciudad del Perú que tiene
una zona comercial libre de impuestos. Compramos unos pijamas y unas camisetas
para los dos, por el equivalente a unos 80 euros, todo ello era de muy buena
calidad y hecho en el Perú.
Después en un restaurante
cerca de la catedral, comimos. Aproveché y pedí unos riñones salteados que
después de muchos meses me recordaron la gastronomía de España. Estaban como
dice Gloria, de morir. Constatamos la justa y merecida fama que tiene la comida
peruana en nuestro primer almuerzo.
Después de llenar el tanque de
gasoil, vaciar el W.C. y llenar de agua el depósito de Juanita abandonamos
Tacna, con un buen recuerdo de la ciudad.
Llegamos a las proximidades de
Moquegua sobre las 19:30 h. era de noche y decidimos pernoctar en una
gasolinera de Petroperú que nos encontramos y que tenía buen aspecto. Pasamos bien la noche, en la
mañana al despedirnos de los empleados me reclaman 5 soles por pernoctar, se
los di, pero en lo sucesivo me prometo que no daré un sol a no ser que me lo
digan al principio. No es por la cantidad, lo puedo dar como propina o de
limosna, lo que me jo… es que me tomen
por el pito de un sereno (ya me ocurrió la misma situación en otra gasolinera y
me negué rotundamente).
Decidimos en el último instante no entrar en Moquegua,
vimos un evitamiento (carretera de circunvalación) con la indicación de
Arequipa y aquel letrero nos gustó. A unos 50 kms de la ciudad de Arequipa en un
control de la policía nacional de tránsito nos paran, piden la documentación y
el agente mira y mira los papeles, después de un rato me dice que no estoy
autorizado a conducir ese vehículo, pues no ve por ningún lado el dibujo que
corresponda a la forma de Juanita, le aclaro que es una casa rodante ( auto
caravana en España ) y que hay muchas clases de ellas, capuchinas, perfiladas,
integrales y campers ,Juanita corresponde a estas últimas, es un vehículo
ligero, tiene menos de 3500 kg, de todas las formas le hago saber que poseo el
carnet tipo C, que me permite conducir camiones incluso articulados, después de
un largo silencio… me devuelve los papeles y nos permite continuar.
Antes de llegar a Arequipa hay
un cerro que tenemos que subir, la temperatura es alta y Juanita se calienta
tanto que por primera vez veo que se enciende el control de la temperatura del
motor, señal que el agua está al punto de ebullición. Esto es grave, no podemos
continuar con la temperatura tan alta en el motor, podemos dañar la junta de la
culata, aparco como puedo al lado de la carretera, pues no hay apenas berma (arcén)
mientras se enfría el agua del motor, veo que la avería que nos persigue desde
hace algún tiempo persiste. De los dos electroventiladores sólo funciona uno,
con subidas tan pronunciadas y con este calor Juanita no puede seguir así. De
Arequipa no saldremos hasta que solucionemos este problema (en Chile lo
tratamos de arreglar sin éxito) pues es una avería que no siempre se presenta y
es difícil de detectar.
La entrada a la ciudad fue
caótica pues estaba lloviendo, el tráfico muy intenso, el motor mostraba signos
de fallar (era por la altura, me enteré más tarde) el agua no bajaba de temperatura
y se hacía de noche. Tuvimos la suerte de encontrar una placita cerrada por uno
de los lados en la que aparcamos para pasar la noche resguardados del ruido, el
tráfico y las inundaciones que presentaba la ciudad.
Por la mañana teníamos mejor
aspecto, habíamos dormido como lirones y el descanso nos había sentado muy
bien. En los momentos de mayor complicación estamos aprendiendo a mantener la
calma, Gloria se comporta muy bien, me ayuda mucho como copiloto y como
navegante (tiene en el móvil una aplicación que nos sirve de GPS).
A la mañana siguiente nos
fuimos al concesionario Fíat, éste no tenía electricista pero nos dieron la
dirección de uno que nos citó y atendió al día siguiente, unas 7 horas después creíamos que el problema de Juanita se había solucionado
(se cambió un rodamiento de un ventilador que decía estaba dañado). Pensamos
que los males de Juanita habían pasado y por fin podíamos hacer de turistas. En
la noche volvimos a nuestra placita que tanto nos gustó. Dormimos tranquilos y
con la intención empezar a conocer la ciudad a la mañana siguiente.
Teníamos apuntado en la
libreta de notas el hotel las Mercedes, tiene un estacionamiento para auto
caravanas que nos lleva 40 soles por persona, podemos ducharnos y tiene wifi. Allí
permanecimos tres días que empleamos en visitar la ciudad. Entramos en el museo
donde está el cuerpo momificado de la princesa Juanita (es casualidad, os
aseguro que no tiene nada que ver con la nuestra) también hicimos un recorrido
en bus turístico. Al día siguiente visitamos varias iglesias, otro día la
catedral en una visita guiada y en general pateamos la ciudad de arriba abajo.
Creo que al cuarto día aparcamos
cerca de un restaurante porque volvió a encenderse el control de motor caliente
y necesariamente había que parar. Ahora el problema era mayor, se fundían los
dos fusibles y no funcionaban ninguno de los ventiladores. Comimos preocupados
por la situación que teníamos y al finalizar, preguntamos por un taller (no
queríamos volver al mismo de la otra vez) el camarero nos dijo que su hijo
llevaba el carro a un taller cercano. Nos encaminamos hacia él y al poco tiempo
le explicaba al dueño lo que pasaba. Fue un alivio casi al instante, el taller
es pequeño pero bien organizado, tiene electricista y es muy bueno, se llama
Harry (un saludo muy fuerte para ti y tu familia, sabemos que nos sigues en
nuestra aventura) los mecánicos son muy profesionales, el que nos atendió se
llama Jaime y nos hizo buen trabajo, uno de los dueños (Antonio) notábamos que
se involucró en el tema para solucionarlo, a todos los que trabajan en el
Autopremiun, esquina a Av. de Venezuela en la ciudad de Arequipa: muchas gracias,
debéis saber que Juanita va como un reloj..
Harry después de revisar la
instalación y comprobar que no había cortocircuito, optó por cambiar los dos electroventiladores,
éstos funcionaban pero como tienen bastantes años en ocasiones se atrancaban
al ponerse en marcha y fundían los fusibles, esto era la verdadera causa de la
avería que nos trajo locos durante tanto tiempo, le llevó un día entero porque
tuvo que verificar la instalación eléctrica. Nosotros dormíamos en el hostal Negrita’s
house que se encontraba cerca, nos costaba 70 soles la noche.
Cuando Juanita salió del
taller, decidimos irnos de Arequipa y continuar nuestro viaje con destino al
cañón del Colca, uno de los valles más profundos del planeta, algunos dicen que es el
mayor, otros que el segundo, en todo caso ese era nuestro destino. Por encima
de los 3500 msnm, Juanita empezó a dar señales alarmantes de falta de potencia (daba
tirones y mucho humo blanco) el tiempo empeoró, llovía, granizaba, nevaba y había
niebla. Después de subir hasta esa altitud en el altiplano, nos encontramos una
recta de perfil llano, allí Juanita dijo… hasta aquí he llegado, no ando más,
lo único que hacía el motor era mantener el relantín.
Me alarmé porque no sabía muy
bien qué pasaba, temía que los calentones sufridos por el motor hubieran dañado
la junta de la culata y entrara algo de agua en el motor (por eso era el humo blanco).
Después de unos minutos de tensión y pensando que hacer, decidimos dar la
vuelta y volver al taller de Arequipa (estábamos a unos 100 kms, pero era todo
cuesta abajo).
El regreso fue de mucho estrés,
sobre todo al principio (en ocasiones me vi obligado a ir en primera y a paso
de hombre) pero según íbamos descendiendo Juanita se iba recuperando, el humo
blanco dejó de salir y al acelerar respondía el motor (no había tirones).
Llegamos al taller pasadas las
15:00 h. y en cuanto nos vieron se sorprendieron. Nada más llegar les dije que
el problema de calentamiento no era, ahora es que salía mucho humo blanco y que
el motor fallaba. Diagnóstico casi inmediato: a Juanita le ha entrado la puna, el soroche,
es decir el mal de altura.
Más tarde a nosotros nos pasó
lo mismo, cansancio, aturdimiento y algo de mareo (lo arreglamos en parte
masticando hojas de coca).
Juanita tiene el motor
atmosférico, es decir tiene aspiración natural y esta clase de motores con la
altura como hay menos cantidad de oxígeno, sufre más para hacer la combustión.
Hoy día casi todos los motores son sobrealimentados, tienen turbo que aspira el
aire y lo comprime en la cámara de combustión, por lo que la consecuencia en
altitudes altas se amortigua.
La solución que dieron fue
adelantar el punto a la bomba de inyección, también descartaron la posible fuga
de agua por la junta de la culata. Aproveché para cambiar el aceite, los
filtros de gasoil y de aceite, el de aire se aspiró. También me cambiaron la
junta del cárter, ésta rezumaba aceite y con el tiempo iría a más. Juanita
estuvo otro día en el taller y nosotros volvimos al hostal.
El sábado día 14 sería nuestra
tercera tentativa de salida de Arequipa. Salimos de la ciudad pronto para
intentar encontrarnos poco tráfico, no lo conseguimos pues la ciudad está
creciendo mucho (un millón de habitantes) y permanentemente está saturada.
Pasando la población de Yura es cuando estás en carretera propiamente, esto
demora más de una hora y media en salir. Todo salió bien, Juanita iba de
maravilla y a la tercera fue la definitiva.
La carretera hacia el Cañón
del Colca es exigente por la altitud, conocía de cada vez mejor a Juanita y a
medio gas subíamos por unas cuestas muy empinadas llenas de curvas. Ascendimos
hasta los 4950 msnm en el mirador de los Volcanes. Chivay es el pueblo más
importante de la ribera del Colca y la entrada a la reserva natural, hay que
pagar 70 soles por persona (extranjeros) Gloria les dijo que era colombiana y
yo el marido (enseñamos las alianzas) y pagamos 40 soles cada persona (Colombia
pertenece a la comunidad Andina) es la primera vez que siendo extranjero me
beneficio.
Nos vimos atacados por el mal
de altura nada más llegar a Chivay (unos 3400 msnm) en el restaurante que
entramos en la plaza de Armas del pueblo nos recomendaron mates (infusiones) de
coca y también de muña, probamos un par de mates y después compramos hojas
naturales en un mercado. Con estos remedios hemos estado todo el tiempo hasta
que llegamos al nivel del mar.
Estuvimos estacionados en la
plaza de Yanque, pueblo que se encuentra a unos 15 kms de Chivay (la noche que
pasamos allí sobre las 6,00 h intentaron abrir a Juanita) es más tranquilo,
bonito y seguro, allí estuvimos plácidamente tres días.
No tuvimos demasiada suerte
con el clima, no llegamos a ver del todo la verdadera profundidad del Cañón (había
niebla persistente) pero recorrimos todos los pueblitos de la margen derecha
del río Colca hasta Cabanaconde.
En Yanque visitamos el museo
del pueblo y en una tienda de artesanía compramos gorros de lana de alpaca baby
(cachorro de alpaca) son de una textura muy fina y de muy buena calidad.
También visitamos las ruinas de Uyo Uyo perteneciente a la cultura Collagua que
floreció entre los siglos XIV y XVI, son ruinas de casas de piedra y calles con
acequias por las que circulaba el agua, algunas casas están rehabilitadas para
saber qué aspecto tenían, toda la ciudad se encuentra en la ladera de una
montaña. En el pueblo todos los días a las 7,00 h en la plaza se desarrolla la
danza del Wititi, ésta, la ejecutan jóvenes y tratan de representar con su coreografía
la manifestación del amor hacia la madre naturaleza (la Pachamama) incluida
también a las personas.
Estuvimos en el Colca cuatro
días, nos gustó el escenario natural tan impresionante, sus pueblos y sobretodo
Yanque (en quechua significa lugar donde viven los señores) todos los pueblitos
tienen iglesias coloniales de los siglos XVII y XVIII y son de estilo barroco
mestizo. Este estilo me gusta
especialmente, es curioso cómo se fusionó perfectamente el barroco con las
particularidades del lugar (flores, loros, papagallos y en general flora y
fauna autóctona) porque aun que las directrices eran de la iglesia católica,
los maestros canteros, artesanos y pintores eran nativos.
Quiero mencionar la iglesia de
San Francisco al lado de la Plaza de Armas de Arequipa, ésta tiene un cuadro de
la Sagrada Cena donde se aprecia los alimentos que hay en la mesa. Los
apóstoles cenan mazorcas de maíz, yuca, mangos y en la fuente se aprecia un cuy
(especie de conejo). En la sacristía (la Capilla Sixtina de América) la bóveda
está repleta de dibujos de plantas y animales de la selva.
Un recuerdo especial para
Cesar de la tienda de artesanía de Yanque, se pasó 25 años en los Ángeles (California)
y lleva tres años en el pueblo de artesano y se le ve feliz. También para Aquilino
que es el responsable de la cafetería La Casa de Santiago en Cabananconde (la
mejor del pueblo) él es de Santa Teresa al lado de Machupicchu, la vida lo
llevó allí y ha logrado que todo el mundo que pase por allí entre a tomar algo.
Thomas es suizo, vino por amor (está casado con una arequipeña) de esto hace ya
15 años y se está planteando abrir un restaurante en Arequipa.
También nos acordamos de Don
Juan, es el presidente de la delegación en Arequipa de la Asociación Peruana de
Alzheimer (Gloria tuvo dos entrevistas con él) es un hombre interesante y da
gusto conversar con él. Tiene 81 años, fue periodista y se le nota su
fácil oratoria, es un hombre culto y nos puso al día de la situación actual del
país, es de esas personas a las que conviene pegarse para simplemente escuchar y
absorber algo de su sabiduría. Un saludo muy afectuoso para Don Juan y el deseo
de que su visita a España en marzo sea estupenda.
Nos fuimos con nostalgia de la
zona del Cañón del Colca, pero nos esperan el lago Titicaca, Puno, Cusco, Machupicchu,
las enigmáticas líneas de Nasca… y seguro que unas cuantas sorpresas más,
estamos expectantes y con los ojos abiertos como platos. Seguiremos contando
nuestras experiencias, hasta entonces nuestro deseo:
Salud y buen viaje para todos.










Hola amigos,
ResponderEliminarImpresiona vuestro relato, vuestras fotografías. Esta entrega toma el cariz de verdadera aventura. Nos ha encantado.
Esperamos ávidos la próxima.
Un abrazo, cuidaros mucho y buen viaje amigos.