domingo, 12 de febrero de 2017

Quince

Hemos recorrido Chile de sur a norte siguiendo la carretera Panamericana (Ruta 5). Nos encontramos ahora en la parte norte del país. Hemos llegado a La Serena, una ciudad costera de clima templado con aproximadamente 250.000 habitantes. A lo largo de la gran avenida del mar se encuentran altos edificios de apartamentos, hoteles, restaurantes, y también lugares bonitos y seguros para estacionar, sin embargo, en las dos primeras noches que pasamos allí (09 y 10 de diciembre) aprendimos que no siempre son un buen lugar para dormir pues son espacios frecuentados por jóvenes juerguitas que se acercan en ruidosos coches y se estacionan a beber cerveza y escuchar música a alto volumen.

En las ciudades nos gusta caminar o desplazarnos usando transporte público. Paseando por la costanera descubrimos el camping Turismo Huerto que ofrece una excelente relación calidad precio, es cómodo, tranquilo, limpio, con parcelas bien delimitadas y baño privado por parcela. Aquí nos quedamos los siguientes cinco días. Disfrutamos bañarnos en el pacífico, caminar por las extensas y concurridas playas de la zona, recorrer el casco histórico de la ciudad con sus numerosas iglesias, la plaza de armas, el museo al aire libre en la avenida Francisco de Aguirre y almorzar alguna vez en un restaurante del popular Mercado Municipal La Recova.

En el camping tuvimos como vecinos de parcela a Alida y Lucio una pareja de viajeros argentinos con quienes compartimos largas y amenas conversaciones, unas deliciosas machas (una especie de almejas) y una variedad de empanadas rellenas con frutos del mar. El 15 de diciembre después de cargar agua y preparar a Juanita nos despedimos de nuestros nuevos amigos, fue una dulce pero nostálgica despedida. Mantendremos contacto con ellos siempre que podamos. Desde aquí queremos agradecerles por los buenos momentos que compartieron con nosotros y desearles que la vida les continúe regalando toda la felicidad que se merecen.

 
 
 
 
 
 
 

Nos dirigimos a Bahía Inglesa en la Región de Atacama. Paramos para comer en El Escorial, un restaurante de carretera limpio bueno y barato, muy frecuentado por camioneros. A las 16:20 horas cerca de Vallenar el cuenta kilómetros marca 10.000 estamos emocionados y aplaudiendo, es el número de kilómetros que hemos recorrido hasta el momento en nuestra ruta con Juanita. Ya van los primeros 10.000 ¡¡¡bravoooo!!!!

Atardecía cuando llegamos a Bahía Inglesa. Es un pueblito turístico con hermosas playas, que en su pequeña costanera tiene puestos de artesanías y variados restaurantes que nos parecieron caros. El día siguiente fue bastante tranquilo, caminamos unos 14 kms por la playa de arena blanca y blanda, observando el movimiento de las olas y el vuelo de muchísimas aves pescadoras; nos encontramos y conversamos un momento con una pareja formada por una murciana y un chileno que nos pidieron tomarles una foto; visitamos el puerto de pescadores y algunas calles del pueblo.

Es 16 de diciembre. En Salamanca el árbol de navidad ya decora la casa. En Colombia comienza la novena de aguinaldos. En Juanita hemos puesto un nacimiento, queremos mantener la tradición. Por la noche fuimos a Caldera, una ciudad que se encuentra a seis kilómetros, para escuchar un concierto de navidad del que nos habíamos enterado por un cartel en la calle. Lo ofrecía la Camerata Vocal Atacamac en la Iglesia San Vicente de Paul. Son 8 mujeres y 9 hombres dirigidos por Óscar Cicardini profesor de música. No son un grupo profesional, pero son bastante buenos. El concierto duró dos horas durante las que disfrutamos escuchando villancicos tradicionales y algunas obras del contemporáneo John Rutter.

Al día siguiente dejamos Bahía Inglesa y seguimos bordeando las playas por la vía asfaltada. Así pudimos visitar tres playas más. En la última, llamada Piedras Negras, conocimos una pareja de alemanes que pasó la noche en esta playa, se movilizan en un camión MAN 4x4. Martín, partió de Brasil y lleva cuatro meses viajando, hace tres semanas se reunió con Mónica en Uruguay para hacer juntos una ruta especial para ella: atravesar América del Sur de oeste a este, de océano Atlántico a océano Pacifico, entre Argentina y Chile. A Martín le gusta viajar, tiene el camión desde el 2010, lo trajo en barco y lo deja a guardar con unos amigos en un lugar que está entre Montevideo y Colonia Sacramento, de modo que se puede ir y regresa cuando quiere.

 
 
 
 
 
 
 
  
 


Continuamos en dirección a Chañaral por la Ruta 5. En la vía nos acompaña un ambiente incomparable, a un lado el océano Pacifico y al otro lado un enorme desierto de arenas blancas. Vemos pequeños pueblos de casitas de madera separados entre sí por muchos kilómetros. Paramos para estirar las piernas y tomar un café mientras disfrutamos de estos momentos con todos los sentidos. Hemos tenido algún motivo de disgusto en Puerto Punta de Totoralillo. Habíamos parado para explorar lo que hacen, al parecer se trata de un puerto de embarque de hierro que introducen en los barcos a través de unas gigantescas cintas transportadoras. Antonio bajó a tomar una foto, pero tardó casi 20 minutos en regresar. Acordamos avisarnos siempre para donde vamos, controlar el tiempo y recordar que podemos preocupar innecesariamente al otro. Fue una bonita reconciliación (jajajaja).

En Chañaral estuvimos sólo un par de horas. Hacía muchísimo calor. Conocimos la plaza de armas, vimos el desfile de navidad de la banda del pueblo, hicimos la compra en un supermercado y cargamos el depósito de gasoil. Nos dirigimos al Parque Nacional Pan de Azúcar, a unos 30 kms de esta ciudad por una carretera de ripio que no está tan mal y que se suaviza gracias a los indescriptibles paisajes que observamos pues se va recorriendo la costa. Al entrar al parque fuimos directamente a un camping pues eran las 20:00 horas y no queríamos que nos cogiera la noche por el camino. Lo encontramos cerrado y decidimos quedarnos en la zona de estacionamiento. Después de cenar estuvimos contemplando el atardecer y luego el cielo estrellado.

Ala mañana siguiente nos acercamos al puesto de información de Parques Nacionales. Hablamos con el guarda parques Alfonso que nos brindó información detallada sobre este parque de carácter desértico, los tres 3 campings abiertos y las 3 zonas de estacionamiento libre de que disponen y nos alertó sobre áreas y rutas para senderismo cerradas por los graves daños que ocasionaron los aluviones que sufrieron en el 2015, aunque están reparando los caminos actualmente hay riesgo de derrumbes. Después de un recorrido por la zona optamos por entrar al campin que se denomina Pan de Azúcar que parecía el mejor organizado.

Una vez instalados fuimos a la playa a caminar hasta las14:00 horas. Al regresar a Juanita nos estaba visitando un zorro rojo precioso que pudimos contemplar durante unos 10 minutos y fotografiar a prudente distancia para no asustarlo. Después de comer y hacer la siesta respectiva fuimos a bañarnos a la playa El Soldadito. Regresamos 2 horas después. Fue estupendo. Antonio fue muy dulce conmigo. No sé nadar bien y tengo miedo. Todo el tiempo me ofrecía su mano y me tranquilizaba. Estuvimos jugando con las olas. Recordé mi niñez. Cuando con mis hermanos y padres íbamos a una playa en la ciudad de Santa Marta, Colombia. El único inconveniente fue que con el fuerte golpe de una ola perdí el equilibrio y me hice daño en un pie al enredarme con las ramas de unas largas algas que había en el fondo. No sentí dolor mientras estuvimos flotando, pero sí al intentar apoyar el pie y caminar, el camino de regreso a Juanita fue lento y regresamos cansados pero felices.

Al día siguiente no había agua en el camping. La administradora sospechaba que alguien había dejado abierto un grifo, pero lo que nosotros notamos es falta mantenimiento, no saben cómo funciona la bomba de agua ni controlan el nivel de reserva, muchas vallas están caídas y no se reparan, los baños, aunque limpios huelen mal, no barren ni recogen la basura. Falta más organización y control. Es una pena porque está en un lugar precioso que merece ser más cuidado.

Decidimos dejar el camping y acampar en una playa. Después de recorrer algunas zonas optamos por estacionarnos en Playa Blanca una preciosa, inmensa y solitaria playa que como su nombre indica es de arena blanca. La recorrimos haciendo un paseo tranquilo, lento, con la brisa del mar y un suave calor. En la playa gaviotas, bandurrias y algunos pelícanos; sobrevolando algunas veces unas aves carroñeras que parecían águilas negras, pero con la cabeza y el cuello rojo y sin plumas, las llaman Hojotes. Vimos los esqueletos de una nutria, un lobo marino, una tortuga, una estrella y muchos erizos de mar. Entre las rocas muchas lagartijas se ocultaban a nuestro paso.

En la tarde-noche Antonio se fue a explorar durante una hora mientras yo descansaba con las piernas en alto para ayudar disminuir el edema del pie derecho. Después de cenar estuvimos disfrutando el paisaje del atardecer, escuchando el sonido de las olas al chocar unas con otras, al romperse sobre las rocas o al agotarse en la playa. Luego nos siguió acompañando el sonido del mar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Después de casi cuatro días continuamos el viaje en dirección a la ciudad de Antofagasta. La salida del parque la hicimos lentamente para seguir disfrutando del paisaje: desierto playas y océano. Ya a partir de Chañaral cogimos nuevamente la carretera Panamericana y volvimos a encontrar grandes camiones y tráfico pesado. El paisaje es de kilómetros de planicies, valles y montañas de arena de color marrón, blanco o rojizo. Es una zona de explotación minera, podíamos ver el acceso a algunas minas.

Queridos amigos. Aunque esta entrada la publicamos un poco (o un mucho) más tarde, esta parte de nuestra aventura estaba ocurriendo en fechas próxima a las fiestas de navidad, año viejo y año nuevo, teníamos un poco de morriña y queríamos poder saludar a todos de alguna manera. Así que imaginaros, estábamos en la región del Desierto de Atacama, en el punto kilómetro 1068 de la ruta 5 en medio de un paisaje impresionante, y ahí se nos ocurrió la idea de escribir sobre la arena del desierto un mensaje de navidad para todos vosotros y dejarlo grabado con piedras en este lugar. Fue toda una experiencia: elegir el lugar, buscar y trasportar las piedras, armar cada letra, tomar fotos, hacer vídeos, beber agua, descansar y comer. Para nuestras hijas grabamos unos vídeos muy especiales y emotivos que les hicimos llegar a tiempo. A algunos de vosotros este saludo llega con retraso: seguimos deseando que este año 2017 sea muy especial para todos.

 
 


Continuamos nuestro camino y una media hora después de coger una larga y pronunciada pendiente parece que Juanita se recalienta. Paramos un rato. Retomamos la marcha y el problema continuaba. Sólo cuando el termostato alcanza un poco más de 90 grados el electro ventilador se activa y se mantiene funcionando bien. A un costado de la carretera y en medio de la arena vimos una enorme escultura, el monumento “La mano del desierto” que está puesto allí desde 1992. Nos acercamos para observarlo. El calor y el viento eran muy fuertes. Después de tomar la foto que queríamos utilizando un trípode, nos descuidamos un momento y la cámara se nos cayó al suelo y se estropeó no solo con el golpe sino también con la arena que le entró. Con mucha pena continuamos el viaje.

Ya había oscurecido cuando llegamos a Antofagasta. Una ciudad minera portuaria de casi 300.000 habitantes. Vimos inmensas fabricas a ambos lados de la carretera. Es posible que extraigan cobre, yodo, sal y productos químicos. Muchos camiones transportan materias químicas y la vía del tren de mercancías está muy activa, en media hora vimos circular tres trenes. Por la hora, por el tráfico que vimos y porque no nos pareció una ciudad acogedora decidimos no parar allí. Unos kilómetros más adelante vimos la escultura Hito al trópico de capricornio, pero nos quedamos sin poder hacerle una foto.   Tuvimos que hacer una hora más de camino hasta llegar a la estación de servicio COPEC Alto Carmen, allí cenamos y pudimos pasar la noche. Fue un día pesado, en las últimas 6 horas hicimos 511 kms, ufff estábamos agotados.

En la mañana continuamos en dirección a Calama para luego tomar la carretera regional 25 que nos lleva hacia San Pedro de Atacama. Desde que salimos la vía transcurre por una pendiente muy inclinada, el desplazamiento es lento y dificultoso, Juanita parece protestar. Pero es que prácticamente todos los coches van igual. El paisaje de arenas blancas a lado y lado se mantiene. La pendiente disminuye un poco, pero en el límite con la comuna de San Pedro de Atacama (capital arqueológico de Chile) vuelve otra vez. En varias ocasiones quisimos parar a descansar y comer, pero no podíamos porque en ese trayecto no había zonas habilitadas y lo que encontrábamos era arena blanda en la que podíamos hundirnos. Finalmente, a las 15:00 horas encontramos una zona en el punto Paso Sico. Continuando la ruta, el paisaje cambia, es increíble. Se vislumbra un volcán. Cordilleras de colores, grandes cañones y profundos valles de arena a veces blanca, a veces rojiza, a veces salpicada de tonos verdes. Es como si estuviéramos en otro planeta.

Llegamos a San Pedro de Atacama antes del anochecer. Hacía muchísimo calor. Antonio no se creía, que fuera diciembre pues es un mes que relaciona con invierno no con verano, se siente extraño. Nos acercamos a la oficina de información turística y recogimos los datos que necesitamos para pasar aquí unos días. Al día siguiente estuvimos callejeando por el pueblo y nos acercamos a un camping para reservar estancia para noche buena y navidad (24 y 25) las parcelas de estacionamiento son pequeñas pero el lugar parece confortable y podremos ducharnos, lavar ropa y dejar a Juanita para salir a caminar. Luego intentamos (sin lograrlo) encontrar un mecánico que revisara el calentamiento de Juanita, después nos acercamos al puesto de salud para que me examinaran el pie pues estaba más hinchado y con dolor. Había conmigo mucha gente esperando consulta, la mayoría extranjeros con gastroenteritis y mal de altura. El pie evolucionaba bien, era una luxación del cuarto dedo y debía continuar tomando ibuprofeno, ponerle frio y mantenerlo en alto siempre que pudiera. Sin embargo, mi tensión arterial sí que requería atención pues estaba elevada posiblemente afectada por el mal de altura (es que ahora estamos a 3000 msnm), me ordenaron descanso, no comer carnes rojas y comenzar a masticar o beber infusiones de hojas de coca, además de controlar las cifras periódicamente.

Después fuimos a estacionar a la plaza de artesanos porque donde estábamos antes hay fiesta en la noche y no podremos descansar. Hemos empezado a masticar hojas de coca y tenemos preparadas botellas con infusión para beber por el camino. Después de comer era imposible descansar por el calor, dentro de Juanita el termómetro marcaba 35 grados y fuera probablemente había 40. Dentro tuvimos que quedamos en ropa interior, ponernos toallas húmedas en el cuello y la cabeza, activar el humidificador y estar «despatarrados» cada uno en un sofá. Afortunadamente por la noche el calor disminuye, se puede disfrutar paseando por el pueblo y se duerme bien.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Los días 23 y 24 fueron muy especiales no solo por las fechas mismas sino también por los recorridos que hicimos, las dificultades que pasamos y las cosas que tuvimos que hacer. Temprano en la mañana del día 23 salimos para conocer en el salar de Atacama las lagunas Cejar y Tenbiriche. En la primera nos interesaba bañarnos pues dicen que la cantidad de sal que contiene es suficiente como para que uno flote como en el mar muerto, sin embargo, lleva varios días cerradas y lo que se puede hacer es verla desde la misma entrada sin tener que pagar para acceder. Por el camino a Laguna Tembiriche paramos en los Ojos del Salar dos pozos de agua cristalina, en ese momento llegó también una pareja de viajeros lituanos, buceadores profesionales, que recorren el norte de chile. El chico y Antonio se animaron a bañarse en uno de los pozos. Los lituanos se marcharon pronto, nosotros nos quedamos cerca de una hora y luego seguimos en dirección a Tembiriche, una gran laguna parcialmente cubierta de sal que se puede contemplar desde la carretera. La entrada es carísima y son muy pocos los turistas que se animan a pagarla. Aprovechando el buen estacionamiento que tienen nos quedamos a comer y descansar. Después fuimos a conocer Toconao un pequeño pueblo de la zona que disfrutamos al caminar por sus calles, visitar su iglesia y hacer fotos de su antiguo campanario.

A las 17:00 nos fuimos hacia la Reserva Nacional los Flamencos para ver la laguna Chaxa. Tuvimos que recorrer unos cuantos kilómetros de un paisaje cambiante e impresionante, con una carretera cubierta de sal y a la espalda la presencia del imponente volcán Lincancabur (5900 m de altura) La entrada es de pago, pero vale la pena. Estuvimos allí hasta las 20:00 horas. Hay dos grandes lagunas en las que descansan numerosas aves entre las que destacan tres tipos diferentes de flamencos. Antes de quedarse un buen rato observándolas conviene recorrer el camino interpretativo en el que hay carteles en los que informan sobre las características de la zona, de la vida mineral, vegetal y animal propias. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


A la salida preguntamos si podíamos dormir en el parque y nos informaron que sólo se podía unos dos kilómetros antes de la entrada, en un sitio seguro y sin tráfico que llamaban bypass. Creímos haber entendido bien las indicaciones, pero no fue así y terminamos atascados con Juanita en la arena, embarrancada en las ruedas delanteras. Intentamos retroceder en vano. Yo traté de ayudar empujando a Juanita y unos jóvenes que pasaban en un coche pararon a echar una mano. No se pudo. Lo mejor era esperar a que los guarda parques usando su camioneta todo terreno tiraran de Juanita. Cuando por fin pasaron ya era de noche y el conductor no se quiso arriesgar a hundirse también. Teníamos que pasar allí la noche y esperar a que ellos a primera hora de la mañana y con luz de día vieran lo que podían hacer. Nos preparamos para cenar y dormir. Con los pijamas puestos salimos a contemplar el cielo impresionados por su belleza y con el absoluto silencio que imperaba, solo se escuchaba nuestra respiración. Fue una noche maravillosa, irrepetible e increíble, aunque Antonio parecía disgustado y preocupado.

Muy temprano en la mañana del día 24 comenzamos a preparar todo para facilitar el desplazamiento de Juanita. Antonio retiró con las manos toda la arena que pudo, luego acercamos piedras grandes planas para colocarlas debajo de las ruedas atrapadas, para esto tuvimos primero que usar el gato para levantar cada rueda, luego colocar debajo las piedras de modo que al moverse las ruedas tuvieran un punto de apoyo firme y no se siguieran hundiendo en la arena. Todo quedo preparado. Antonio hizo un primer intento de retroceder con Juanita, pero ella parecía no tener fuerza suficiente. En ese momento llegaron los guardas parques. Aun tuvimos que esperarlos 45 minutos más porque vieron que un turista entraba en coche en la reserva a toda velocidad sin respetar la barrera puesta. Finalmente, hacia las 9.30 de la mañana, después de un sencillo tironcito Juanita quedo liberada y pudimos regresar al pueblo.

  
 
 
 
 


Llegamos al camping Oasis Takha Takha, nos duchamos y una vez instalados salimos para pasear por el pueblo y comer en un restaurante. Al volver estaba estacionada junto a Juanita una camioneta Fiat de matrícula suiza en la que viajaba una pareja de jubilados de nuestra edad con los que estuvimos conversando un rato. Después llamamos a nuestras familias para saludarlas y desearles feliz navidad y nos acercamos a la iglesia del pueblo para participar en la novena de aguinaldos, una tradición de algunos países de América del sur según la cual, durante nueve días del 16 al 24 de diciembre se reúnen para esperar la llegada del niño Jesús. Cada día representa un mes de los nueve de embarazo de María, se leen oraciones a María, a San José y al niño y se cantan villancicos.

Al llegar a la plaza del pueblo nos encontramos con un grupo de mujeres, hombres y niños vestidos con trajes de fiesta y pañuelos en la cabeza, que formando filas de parejas se acercaban y entraban a la iglesia bailando. Delante de ellos una señora que portaba una figura del Niño Jesús que luego colocó en el nacimiento. Los jóvenes estuvieron bailando en honor al Niño durante aproximadamente media hora. Luego salieron. Al preguntar si habría novena nos informaron que sería a las 10 de la noche antes de la misa de nochebuena.

Fuimos a cenar, regresamos al camping para ponernos algo de abrigo pues refrescaba y regresamos para ver la celebración de la novena. La iglesia se fue llenando lentamente, nosotros estábamos adelante pues no queríamos perdernos nada. Una monja se acercó a Antonio y le pidió que participara en la novena leyendo la oración a San José. Luego volvió y nos pidió a los dos que después participáramos en la misa leyendo algunos versículos de la biblia cuando nos lo indicara ella. Nuevamente llegaron los jóvenes bailarines que con su música y su baile atrajeron a más gente al interior de la iglesia. Entonces comenzó la novena. Un grupo de niñas cantaba los villancicos. Antonio leyó muy bien su oración a San José. Después vino la misa. La monja nos indicó cuando fue nuestro turno de subir al pulpito para leer los versículos que nos había asignado. Fue emocionante, lo hicimos muy bien, aunque pasamos un poquito de vergüenza pues la iglesia estaba llena hasta la puerta. Eran las 12 de la noche cuando regresamos al camping. Abrimos una botella de espumoso y brindamos felicitándonos por este día y agradecidos con las experiencias vividas.

 
 
 

Dejamos San Pedro de Atacama el día 25 por la mañana en dirección a Calama. Una gran parte del camino a una velocidad de 30 kms/ hora pues eran tramos de cuestas muy prolongadas que coinciden con el llamado valle de la paciencia, oportuno también para esta carretera.

Unos 20 kilómetros adelante de Calama encontramos la Mina Chuquicamata, la más grande del mundo de extracción a cielo abierto de cobre y oro. Paramos para visitar el pueblo en el que vivieron los mineros y sus familias hasta el año 2007 cuando fue cerrado y las familias trasladadas a la ciudad de Calama por los riesgos para la salud y la vida de sus pobladores debido a derrumbes y contaminación con los productos tóxicos usados para filtrar y obtener los minerales. Según algunas personas con las que hablamos parece que también porque encontraron una veta de cobre justo debajo del pueblo. Visitamos algunas casas de la plaza mayor y la zona comercial y vimos una película de dibujos animados de Disney en el enorme y bonito teatro del sindicato de trabajadores de la mina. Concluida la visita nos quedamos con un sentimiento de nostalgia.
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Continuamos viaje en medio de una gran planicie de arena, sobre una larga carretera flanqueada por inmensas torres eléctricas de alta tensión (2 a cada lado) y acompañados por numerosos pequeños tornados que se formaban con el calor y los fuertes vientos que corrían de este a oeste y que a su paso marcaban sobre la arena huellas semejantes a dientes de serruchos. Hacía mucho calor y el sol daba de frente sobre Juanita. Llegamos a Tocopilla al atardecer, la carretera bordea la costa, tienen puerto pesquero y el pueblo se ha construido sobre las laderas de una montaña que mira al mar. No encontramos un sitio apropiado para estacionar así que continuamos por la carretera buscando alguna playa en la que pudiéramos quedarnos a dormir. Tuvimos la suerte de encontrar un lugar estupendo, el club de golf de arena de Tocopilla, con previa autorización de los dueños el encargado el Sr. Roldan Quiroga nos permitió quedarnos. Allí presenciamos uno de los atardeceres y puestas de sol más espectaculares que hayamos visto hasta ahora. En la mañana pasamos a despedirnos y Roldan nos presentó a su esposa Rosmery y su hijo de 8 meses Yasser. Son de Santa Cruz (oriente de Bolivia) viven en Chile desde hace cinco años y trabajando en el Club de Golf cinco meses. Son una familia feliz que está contenta con el jefe que tienen y que disfrutan la oportunidad de vivir en este lugar que para ellos es su paraíso. Después de hacer varias fotos y tomar nuestros datos nos despedimos agradeciéndoles su hospitalidad y deseándoles que las cosas continúen marchando bien para ellos.

 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 


Nos dirigimos a Iquique que se encuentra a 231 kms. La carretera por esta zona es muy buena, las playas son muy bonitas, hay muchos asentamientos humanos conformando pequeños campamentos de gente humilde, se ven muchas caletas para pescadores, el mar es de un azul bellísimo y la temperatura cálida y suave. Para comer estacionamos en la playa Guanillos. Después caminando por la playa vimos ruinas de casas y en lo alto de una ladera lo que parecía haber sido un castillo. Nos animamos a explorarlo y recorriéndolo nos surgieron múltiples preguntas: ¿quien vivió aquí? ¿porque un castillo? ¿cuándo lo dejó? ¿quienes vivían en el pueblo? ¿de qué vivían? ¿qué les pasó?; cerca encontramos un cementerio, la lápida más reciente correspondía a 1953, por algunas fechas suponemos que la gente moría joven, quizás accidentes de trabajo, enfermedades, situaciones precarias de vida… con estas dudas seguimos el viaje. Luego nos enteramos de que allí estuvo instalado un antiguo campamento de una mina de sal y que también fue uno de los centros de explotación de guano (un fertilizante natural).

En Iquique estuvimos dos días (26 y 27 de diciembre). Es una ciudad bonita, con una bella y larga costanera y un clima cálido de brisa fresca que invita a caminar. Y eso fue lo que hicimos aquí. Caminar muchísimo. La primera noche, entre las 19:00 y las 24:00 horas tuvimos un ambiente festivo navideño, las familias paseaban por la costanera, niños y niñas estrenaban los regalos que les trajo el Niño Jesús, algunos padres adueñados de los juguetes de sus hijos, puestos de ventas ambulantes, era un ambiente que se podía disfrutar sólo mirando. Lo malo vino luego cuando ya estábamos durmiendo. Delante de Juanita se estacionaron varios coches con jóvenes en plan botellón, armaron tal escándalo que tuvimos que levantarnos y marcharnos a buscar un lugar de estacionamiento más tranquilo para continuar durmiendo. Por la mañana, cerca al batallón de infantería de la marina, en la playa Cobancho, encontramos un lugar muy bueno donde pudimos continuar nuestra estancia sin problemas.

Antes de dejar Iquique fuimos al taller Vizcaya, concesionario de Fiat en el polígono industrial a las afueras de la ciudad, queríamos que revisaran el sistema de refrigeración de Juanita para saber porque se recalienta. Estuvimos allí tres horas. El problema parecía deberse a un fusible fundido, en la prueba todo funcionó bien.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Llegamos a Arica cuando anochecía y luego de hacer 311 kms por la Ruta 5 Carretera Panamericana que en este trayecto es nueva pero difícil por la gran la cantidad de subidas y bajadas con altas y prolongadas pendientes. Además de bellos paisajes pudimos ver también dos o tres petroglifos enormes grabados en una montaña en plena carretera.

En Arica estuvimos seis noches y cinco días. Pasamos dos noches estacionados en la costanera cerca al Puerto Náutico Deportivo y las demás en un hotel en primera línea del mar. Una de las noches en la costanera tuvimos que levantarnos y marcharnos del lugar porque un grupo de jóvenes eligió nuestro sitio para hacer botellón.

En la oficina de turismo conseguimos un plano de la ciudad y nos inscribimos para hacer un recorrido
guiado andando por la zona histórica. Visitamos la fachada de la antigua estación del tren, el Museo de sitio Colon de la Universidad de Tarapacá, la plaza de mercado Colón, nos metimos en el centro de comercio de la ciudad.  Había mucha gente de vacaciones y haciendo las compras de fin de año, alegre, colorido, con muchos mercadillos. También vistamos las cuevas de Anzota, un conjunto de enormes cuevas al borde del mar, monumento natural formado en el tiempo por efecto del viento y del agua. Fue refugio de la cultura Chinchorro y una importante cantera de guano. Aún se conservan cuerdas de los guaneros que descendían por los acantilados con sacos para llenarlos. Tiempos de trabajo muy duro en condiciones extremas.

Antonio nota que el problema de ventilación del motor en Juanita no se ha corregido, revisa y cambia el fusible que otra vez se había fundido, quiere saber por qué.

En el tour peatonal por Arica participamos nueve personas con dos guías de la Oficina de turismo y visitamos 11 puntos del centro de la ciudad. Conocimos y conversamos con una familia de Santiago (madre y 2 hijas) que viene de Perú. Nos dieron información muy útil para la etapa que comenzaremos pronto visitando Perú.

Pasamos la noche vieja en el hotel. Una ducha especial con agua de coca y mis habituales ruegos para despedir un año y recibir al que viene, y ponernos guapos. Tanto el restaurante del hotel como otros de la zona ya no tenían plazas disponibles para cena de año nuevo, así que con algunas latas que trajimos de Juanita y un buen espumoso que teníamos improvisamos nuestra cena especial en la habitación. Nos comunicamos por teléfono con nuestras familias y pudimos enviar wasaps a nuestros amigos. Brindamos por nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos, por la salud y el amor. Y después de un emocionado beso, a la media noche del 31. desde la ventana de nuestra habitación en el séptimo piso estuvimos contemplando los fuegos artificiales que se lanzan desde una balsa en el mar y desde un morro de la ciudad, y los globos de papel que se lanzan desde distintos puntos de la ciudad e inundan con sus luces el cielo y con sus reflejos el mar. Emocionados de estar aquí y de recibir el año viajando. Dando gracias a Dios, a la vida, a todas las energías por darnos esta oportunidad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 


Ahora continuaremos nuestro viaje conociendo Perú, pronto os contaremos cómo nos va. De momento deseamos

Salud y buen viaje para todos


Gloria y Antonio

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