Del 11 al 30 de
noviembre, en dirección sur-norte recorrimos la famosa Ruta 40. Es la ruta más
larga (5194 kms), la carretera más occidental y la más próxima a la frontera
oeste de Argentina, al pie de los Andes. Pero nosotros, siguiendo nuestro plan
de viaje sólo hicimos una parte. Desde el paso fronterizo Río Don Guillermo
(Cerro Castillo, Provincia de Santa Cruz) hasta el paso fronterizo Cardenal
Samoré (Provincia de Neuquén) recorriendo el costado occidental de la Patagonia
Argentina en dirección sur-norte. Así pudimos visitar algunas de las ciudades,
parques y reservas naturales más bonitas y más grandes de éste lado del país. Fueron
sólo 1700 kms aproximadamente, gran parte de ellos sin asfaltar por lo que circulamos
sobre lo que llaman ripio: una mezcla de piedras y tierra que al parecer
resiste mejor los vientos patagónicos pero que puede ser muy agresiva con los neumáticos.
Desde el PN Torres del
Paine hasta la frontera de Chile con Argentina este tipo de carretera nos
obligó a andar muy despacio y nos acompañó casi hasta llegar al paso internacional
Don Guillermo. Los funcionarios chilenos estaban de huelga así que tuvimos que
esperar unos 45 minutos para cruzar la frontera. A esta altura la Ruta 40 es de
ripio y tendríamos que haber continuado por ella hasta El Cerrito, pero tanto
el mapa como otros viajeros nos advirtieron de las malas condiciones de ese tramo,
así que para no arriesgar a Juanita preferimos hacer un poco más de kilómetros
tomando la Ruta 7 hacia el pueblo La Esperanza y desde allí por la ruta 5
llegar a El Cerrito para coger la R40. Fue una decisión acertada. Según nos
informaron otros viajeros ese tramo prácticamente lo cogen solo los despistados.
Del Cerrito y
hasta la ciudad de El Calafate la carretera estaba en regulares condiciones de
asfalto y con muchos baches, pero nos regalaba el bello espectáculo de la
cordillera andina austral con cumbres nevadas y el gigantesco azul Lago
Argentino en un valle impresionante que recorre con fuerza el viento.
En El Calafate
estuvimos tres días, en parte paseando por la ciudad y en parte actualizando
contenidos de nuestra aventura en el blog. Ya os habíamos contado que solemos estacionarnos
en calles cercanas a plazas centrales o parques con buena iluminación, poco
ruido y viviendas habitadas. Siempre nos toma algo de tiempo, pero lo
invertimos con gusto porque nos permite hacernos una idea de las ciudades y nos
aseguramos de estar en un sitio que nos guste.
El 14 de noviembre por
la tarde dejamos la cuidad para ir a conocer el Parque Nacional y Reserva
Nacional de Los Glaciares (patrimonio Mundial Natural por la UNESCO) con
entrada a unos 80 kms. Queríamos pasar
la noche en algún lugar cercano para ingresar a primera hora y así lo hicimos. Dormimos
en un valle a los pies de una montaña. Al despertar una densa niebla se
levantaba, llovía agua-nieve y hacía mucho frío.
Entramos a las 08:15 y salimos
a las 15:00. Desde la entrada se recorren unos 30 kms más por una carretera en
buenas condiciones que bordea uno de los brazos del gigantesco cristalino y
bello Lago Argentino y atraviesa bosques de grandes y frondosos árboles. Al
llegar a la zona de observación encontramos amplias, extensas y cómodas
pasarelas por las que podíamos transitar, haciendo recorridos con distinto
grado de dificultad. Llovió, nevó, hizo viento y mucho frío, pero valió la
pena. Aquí nacen y se alimentan el lago Argentino y el lago Viedma, dos de los
más grandes del país. Estuvimos contemplando especialmente la estrella del
parque: El glaciar Perito Moreno, una gigantesca masa de la que con frecuencia
se desprenden bloques de hielo de distintos tamaños que crujen al desprenderse
del glacial y suenan estrepitosamente al caer al agua. El paisaje y las
sensaciones son indescriptibles. Nos costaba esfuerzo dejar de tomar fotos y
grabar videos, hacia cualquier lado al que mirábamos nos parecía estar encontrando
algo nuevo y maravilloso.
Ese mismo día, 15 de
noviembre cerca de las 17:00 horas continuamos viaje en dirección al Chaltén,
que hace parte del Parque Nacional de los Glaciares y acoge los picos más altos
de la cordillera. Aquí las estrellas son el Monte Fitz Roy (3405m) y el cerro La
Torre (3102 m). En su valle se encuentra el pueblito de El Chaltén. Unos 5 kms después de salir de Calafate completamos
los primeros 6000 kms de recorrido con Juanita en nuestra aventura por América
desde que salimos de Montevideo.
De Calafate al Chaltén hicimos
216 kms. Siguiendo la R40 sólo 95 pues para llegar al Chaltén hay que desviarse
por la R23 unos 90 kms. La carretera es buena y los paisajes bellísimos, ya que
se bordea el lago Viedma de aguas azul turquesa, se ven claramente el glaciar Viedma,
las laderas del Monte Fitz Roy y el Cerro La Torre. Pusimos música y viajamos conversando.
Por el camino vimos muchos jóvenes que iban en la misma dirección caminando, en
bici o haciendo autoestop. Llegamos al Parque y al pueblo a las 21:15 horas.
Encontramos estacionamiento cerca de la oficina de información turística y
detrás de la estación de autobuses. Nos acabábamos de estacionar cuando comenzó
a nevar. Estábamos bien protegidos y dormimos tranquilos.
En turismo nos dieron
mapas e indicaciones sobre actividades para realizar en la zona. Especialmente
nos interesaron las rutas para senderismo. En los cuatro días que estuvimos
aquí recorrimos cinco de esos senderos, alguno más difícil que otros, todos en
medio de paisajes bellísimos, regresábamos cansados pero contentos. La comida y
la siesta nos parecían maravillosas. En el sendero que llaman El Chorrillo del
salto, estuvimos buscando huellas de la presencia de Huemules en la zona (un
ciervo huidizo en peligro de extinción) es posible que hayamos encontrado… un
mechón de pelo!!! (jajajaja). El sendero La Torre es fenomenal, aunque un poco
difícil, ese día ya teníamos cansancio acumulado y regresamos hechos polvo.
Pasamos un día y una
noche en una de las parcelas del camping El Relincho, así pudimos tomar una
ducha caliente, descargar y lavar el W.C., descargar aguas grises y cargar agua
potable para Juanita, llevar ropa a la lavandería y aprovechar la conexión wifi
para escribir y colgar imágenes en el blog.
Salimos del Chaltén el 20/11
a las 9:20. Nos había recibido la nieve y el frío y nos despedía el sol, era un
día precioso. Nuestra meta era la ciudad de San Carlos de Bariloche 1327 kms al
norte recorriendo la R40. Hicimos
paradas intermedias para repostar, tomar café o comer en los siguientes
pueblos o ciudades: Tres Lagos, Gobernador Gregores, Bajo Caracoles, Perito
Moreno, Río Mayo, Tecka, Esquel y El Bolsón.
Hasta Tres lagos la
carretera buena, aunque sin arcén. A partir de allí y durante casi tres horas por
el ripio tuvimos que andar a 30 kms/h. A las 15:00 sobre carretera asfaltada
hicimos una parada para revisar a Juanita, ajustar todo lo que se había
aflojado o movido (por ejemplo, las sillas y mesas de camping, ropa, una
puerta…) comer y descansar. A Gobernador
Gregores llegamos a las 17:15, estuvimos paseando por el pueblo y encontramos estacionamiento
en una gasolinera YPF. Dormimos mal porque muy cerca teníamos una discoteca que
estuvo abierta hasta las 6 de la mañana.
Al día siguiente,
durante 4 horas (turnándonos) condujimos hasta el poblado Bajo Caracoles donde
comimos. Fue un trayecto de rectas larguísimas de hasta 60 kms con baches en el
último trayecto. Veíamos la gran Pampa del Asador a lado y lado, al fondo las
montañas nevadas del Parque Nacional de los Glaciares, guanacos, ñandúes y muchísimos
insectos que atravesaban la carretera caminando o saltando. No sabíamos si eran
saltamontes o langostas. Eran tantos que nos detuvimos a observarlos y tomarles
fotos. Al parecer es una plaga que ataca los cultivos en algunas provincias de
Argentina y Chile. Parecían estar en período de reproducción, algunos
copulando, otras con el vientre muy largo como si cargarán un huevo, cruzaban la
carretera por lo que muchos morían aplastados por las ruedas de los coches.
A las 17:00 llegamos al
pueblo Perito Moreno. Pudimos estacionar para pasar la noche al lado del
cuartel de gendarmería y justo frente a un hogar de abuelos que luego pude
visitar. Fue una visita muy agradable, durante hora y media estuve con las
cuidadoras mientras Antonio conversaba con un hombre mayor que vivía allí y que
le contó sus historias como trabajador campesino en la Estancia la Calandria.
De aquí salimos a las 11:00
hacia Bariloche. antes de llegar a nuestra primera parada, el pueblo Río Mayo,
dejamos la Provincia de Santa Cruz y entramos en Chubut. Entre las 14:30 y las 17:30
el trayecto fue difícil, hacía mucho calor el viento era muy fuerte y la
calzada estaba llena de langostas y baches malísimos. Entonces nos encontramos
con un desvío y tuvimos que recorrer 30 kilómetros de ripio. Están
reconstruyendo éste tramo, pero toda ésta zona de la R40 lo requiere. Desde las
14:30 casi no hablábamos, era como si nos hubieran castigado. Intentamos
soportar lo mejor que pudimos el calor, el viento y la polvareda que levantaban
los coches que cruzaban a nuestro lado, muchos sin respetar los mínimos de
velocidad establecidos.
A las 20:15 llegamos a
la estación de servicio de Tecka en la Provincia de Chubut. Llenamos el
depósito de gasoíl y nos dispusimos a estacionar, en ese momento un conductor
en otra camioneta dio marcha atrás sin darse cuenta de que estábamos ahí y nos
golpeó rompiendo el cristal de la puerta trasera izquierda y abollando un poco
la puerta. Nos asustamos mucho. Afortunadamente no fue grave porque estábamos
detenidos y la camioneta que nos golpeó apenas empezaba a moverse. Hicimos el
parte para el seguro, movimos a Juanita a un descampado, retiramos y limpiamos
los restos de cristal, volvimos a poner la tela/ cortina de esa puerta y fuimos
a estacionar frente a una auto caravana todo terreno de matrícula inglesa. La
pareja que la conducía nos ofreció su ayuda y nos acompañó un rato. Ellos también se dirigían a Bariloche. Nosotros
tendríamos que gestionar primero el arreglo del cristal y la puerta.
Pasamos la noche en
ésta estación de servicio. Madrugamos mucho (5:45) para llamar a la aseguradora
en España. Por Internet localizamos un taller Fíat en Esquel, la ciudad
siguiente y con mejores recursos. A
las 7:30 salimos hacia allá, no sin antes dejarle una nota de agradecimiento en
el parabrisas del coche a la pareja de británicos.
En el taller de Esquel no
tenían el cristal, pero nos propusieron una solución más rápida económica y
confiable: acercarnos a una vidriería especializada en donde pondrían un
cristal no original pero sí con las mismas garantías. El proceso tardó unas 2
horas. Nos gustó el resultado. Regresamos al taller Fíat para poner filtros de
gasoíl y aceite nuevos, limpieza de filtro de aire, cambio de aceite, revisión
de correa, control de niveles, revisión de luces y amortiguadores. Mientras
hacían esto estuvimos caminando por la zona, no fue un paseo agradable porque
hacía un calor insoportable. El cambio de frío a calor ha sido drástico y en muy
poco tiempo.
A las 17:30 Juanita estuvo
de nuevo en marcha. Decidimos estacionar y pasar la noche en esta ciudad. Encontramos
un buen lugar en la avenida Ameghino, bajo la sombra de un gran árbol. Después
de limpiar un poco el polvo del interior de Juanita nos llegó el turno para
descansar. Decidimos quedarnos un día más. Así pudimos caminar por la ciudad,
visitar su Museo Histórico, la estación del tren La Trochita y en una cafetería usar conexión
wifi para comunicarnos con la familia
El 25 de noviembre salimos
hacia el Parque Nacional de los Alerces, muy cerca de Esquel y sobre el límite
con la república de Chile. Se creó para proteger estos árboles gigantescos que,
según mencionan en las guías del parque, “son el ser vivo más antiguo de
Argentina y el segundo más longevo del mundo”. El trayecto para llegar al
parque es muy bonito, pronto comenzamos a ver bosques con árboles de gran porte
y lagunas inmensas de aguas cristalinas y tranquilas. Ingresamos por la portada
centro hasta el poblado Villa Futalaufquen donde se encuentra el centro de
información. El guarda parque nos brindó toda la información que necesitábamos.
Es temporada baja, hay poca gente, la entrada es gratuita, se puede permanecer
dentro todo el tiempo que se desee y ofrece varias sendas para hacer caminatas
de 30 minutos a 12 horas de duración con distinto grado de dificultad. Nos estacionamos
para pasar la tarde y la noche en una zona habilitada muy cerca del poblado y
dedicamos el tiempo a descansar y a pasear sin rumbo. Disfrutamos observando
bandurrias australes, pájaros carpinteros, golondrinas y una gran variedad de
árboles (lengas, Ñires, cañas, cipreses de la cordillera, maitenes, notros);
arbustos (calafate, chilco, espino); y flores (Reina mora, Mutisia,
Astromelias, lupino, rosa mosqueta). Además de ver un alero con pinturas
rupestres de cazadores-recolectores que se instalaron en la zona hace unos 3000
años y subir a un mirador que nos permitió tener una vista panorámica del lago
Futalaufquen.
Al día siguiente antes
de salir del parque estuvimos recorriendo la Villa y pudimos hablar con el
doctor Dámaso Cruz médico de atención primaria en el puesto de socorro. Y entonces retomamos la R40 en dirección
norte, con baches y un clima variable con tendencia a lluvioso. A las 17:30 nos sorprendió
un retén de guerrilleros del frente de resistencia del Departamento Cushamen.
Yo estuve muy asustada. Tan rápido como pude escondí los originales de nuestros
documentos pues pensaba que se trataba de un asalto. Sin embargo, se trataba de
un grupo de personas, hombres y mujeres muy jóvenes que parecían cansados, se
veían muy delgados y con muy pocos recursos materiales. Mientras unos vigilaban
otros se acercaban a los coches para hablar con la gente. Nos aclaraban que
esto que hacen, retener el trafico unos 20 minutos, no va contra nosotros. Quieren
que la gente que pasa por este punto sepa que están siendo perseguidos y
criminalizados como nación pueblo Mapuche. Se quejan de que les están robando
sus tierras los terratenientes y las empresas mineras, petroleras,
hidroeléctricas y forestales. Sus armas son caucheras, boleras, piedras y
troncos que han atravesado en la vía. Continuamos nuestro camino en silencio,
luego hablamos sobre lo sucedido, pero a partir de suposiciones, necesitamos
leer e informarnos sobre este tema para poder opinar, por eso no nos atrevemos
a compartiros nuestros comentarios en este espacio. Al parecer también en Chile
existe un movimiento fuerte de grupos indígenas.
Llegamos al Bolsón a
las 18:30 un día de feria artesanal y mucha gente. Estacionamos en un espacio
habilitado cerca de la calle principal y decidimos organizar nuestra
documentación para tener a mano sólo fotocopias y mantener bien protegidos los
originales. Entonces salimos a pasear
por la ciudad. Unos 15 minutos después, siguiendo el sonido de música que escuchaba
Antonio, llegamos a una plaza en la que el grupo de rock la Roca acompañaba al cantante
Mike Cook. Tocaban y cantaban rock and roll y blues, versiones muy buenas. Así
que nos sentamos en el suelo a disfrutar. Media hora después ya teníamos
asientos cómodos en el mismo sitio y conversábamos con un chico de Buenos Aires
que nos contó que el cantante era toda una leyenda. Vino al Bolsón siendo joven
y se quedó aquí. Hicimos fotos. Mientras escuchamos nos
tomamos una cerveza muy rica y pasamos un rato agradable.
Esa noche dormimos muy
bien. Amanecimos con la sensación de haber descansado de verdad. El desayuno
fue como siempre buenísimo en Juanita. Y las aventuras todas esperándonos.
Estuvimos en la oficina de información turística y nos hicimos una idea de lo que podemos conocer.
Estuvimos caminando por el mercado artesanal, paramos a tomar un café en la
terraza del restaurante La Torre mientras escuchábamos blues de diferentes
músicos que ponía en su equipo el dueño del lugar. Terminamos comiendo ahí y escuchando
música hasta las 17:00. Antonio tuvo la oportunidad de acercarse a saludar al
cantante Mike Cook que entró al restaurante a comer y pudo agradecerle el buen
momento que nos hizo pasar. Luego volvimos a casa (Juanita).
En San Carlos de Bariloche
estuvimos tres días, del 28 al 30 de noviembre. Esta ciudad está al sur del lago
Nahuel Huapí en el Parque Nacional del mismo nombre y entre sus muchos
atractivos cuanta con el Cerro Catedral, uno de los complejos invernales más
grandes de América del Sur. Nosotros pasamos
dos noches en el camping Petunia ubicado en el pueblo o barrio Perito Moreno a
12 kms del centro de Bariloche. Allí pudimos ducharnos, lavar ropa, completar agua
para Juanita, descansar y dormir bien. Pero encontrar camping no fue fácil. La mayoría
estaban cerrados porque aún es temporada baja. Después de recorrer la ciudad
hasta cinco veces decidimos que era mejor estacionar en alguna calle. Antes
teníamos que cargar gasolina y agua y lavar el W.C. en una estación de servicio
YPF. Mientras lo hacíamos hablamos con el “playero” (el hombre que maneja los
surtidores de gasoíl) y él nos dijo que podía estar abierto este camping, fue
nuestro último intento y salió bien.
Al día siguiente visitamos
la ciudad. Tiene playas públicas bonitas pero la costanera es deficiente y los estacionamientos
escasos y están en deficientes condiciones. Debido al calor y a que había mucha
gente volvimos pronto al camping para descansar. El día 29 además de pasear por
la ciudad localicé y pude conversar con la doctora Mara López en su consulta.
Ella es geríatra y trabaja con personas con demencia, su experiencia y
conocimientos me ayudarán a comprender mejor la situación de estas personas en
esta región de América.
El miércoles 30 dejamos
Bariloche y nos dirigimos al paso internacional Cardenal Samoré para comenzar
nuestro viaje por Chile. Nuestro último recorrido en Argentina fueron 119 kms
por una buena carretera que bordea el lago Nahuel Huapí y que serpenteando va ascendiendo
por la cordillera, con una parada en la aldea Villa La Angostura.para tomar café y decir “hasta la próxima Argentina".





Feliz Año Nuevo
ResponderEliminarVaya pasada de fotos
Seguid disfrutando
un abrazo
pedro
Os digo lo mismo que otras veces, la cara de felicidad que se os ve, demuestra lo que estais disfrutando de vuestra aventura.
ResponderEliminarLos relatos, minuciosos, muy descriptivos y con esas fotos tan estupendas (las del glaciar son increíbles) haceis que nos sintamos partícipes de vuestra aventura. Nos encanta leeros y veros, pero sobre todo, nos gusta veros contentos, sanos y felices.
Seguir disfrutando de esta maravillosa aventura.
Cuidaros amigos.
Un abrazo.
Vamos todavia, disfruten mucho
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