viernes, 28 de julio de 2017

Veintiuno. Colombia

Pasamos a Colombia por Ipiales, en la frontera del lado ecuatoriano se demoraron en los trámites unas tres horas, pero en el lado colombiano nos fue mucho mejor. Allí conocimos a Lucas y Jimena una pareja de argentinos muy jóvenes que en una camioneta de los 70 acoplada a una caravana en el chasis de la misma época, viajan por América desde hace dos años, viajan de una forma muy sencilla, pero con mucha ilusión y eso es el ingrediente más importante.

Recorrimos con Juanita la ciudad que es de tipo mediano y parece agradable. Compramos en un centro comercial y después, con cierta urgencia nos fuimos al aparcamiento del teleférico que va al santuario de las Lajas donde pasamos la noche. Coincidimos con Paulo y Beatriz, la pareja de brasileños que conocimos en el camping de Ibarra (Ecuador) y otra vez con Lucas y Jimena.

A la mañana siguiente montamos en el teleférico que nos dejó en el santuario de las Lajas, que es una iglesia de estilo neogótico construida entre montañas y un río. Es un sitio de peregrinación para Colombia y Ecuador muy popular, la imagen de nuestra Señora de las Lajas tiene muchos fieles devotos, las inmediaciones de la Basílica está llena de placas con inscripciones de gratitud sujetas a las rocas. Por la tarde continuamos nuestro camino y después de unas horas de conducción en un parque natural a las afueras de Pasto con el nombre de Chimayoy, pasamos la noche tranquilos, por la estancia pagamos 15000 pesos (5 euros). Volvimos a coincidir con nuestros amigos Paulo y Beatriz.

En la mañana nos pusimos en carretera pronto, la intención es de llegar a Popayán. Tengo ganas de ver la ciudad, pues dicen que es de las más bonitas de Colombia. Nos separan 200 kms que hicimos en unas 7 horas, la carretera tiene buen pavimento, pero tiene infinidad de curvas, bajadas y subidas. En el trayecto vimos muchos pueblos en los que sus vecinos son de raza negra. Por fin, a media tarde, llegamos a Eco parque Rayos del Sol situado en las inmediaciones de la ciudad, estábamos cansados pero relajados. Nos recibieron Armando y María, los dueños, son muy amables y están dispuestos a ayudar en lo que pueden. A nosotros, María nos acercó a Popayán un par de veces y Armando nos facilitó la dirección de un técnico para reparar el inversor de corriente de Juanita (desde Ecuador no podemos cargar ningún aparato electrónico ni utilizar el microondas y nos dificulta bastante el viaje). Estuvieron pendientes de nosotros por si necesitábamos algo y es una recomendación segura para todos los viajeros que visiten Popayán. Gracias por vuestras atenciones.

En los cuatro días que permanecimos en Popayán estuvimos muy bien en Eco parque. En la ciudad visitamos el Morro del Tulcán, que es un promontorio en la que está la estatua ecuestre de Benalcázar (fundador de la ciudad) y además tiene una vista de la ciudad muy bonita. También visitamos la Catedral que está en la Plaza Mayor, las iglesias de San Francisco, San José, Santo Domingo, la del Carmen y los dos puentes de piedra que conserva la ciudad. Popayán es una de las ciudades coloniales mejor conservadas de Colombia y es una ciudad de tipo medio, no es muy grande y parece agradable para vivir. Dicen que celebra la Semana Santa más interesante de todo el país y acuden miles de turistas todos los años por esas fechas.

De Popayán fuimos a Silvia, en ésta localidad se celebra todos los martes un mercado que es muy interesante. Los gambianos (la comunidad que habita en esta zona) todos los martes bajan de las montañas a vender sus productos y a comprar lo que necesitan. Se visten de una forma muy original, los hombres llevan faldas como las mujeres y ambos se ponen sombreros de forma de bombín, también usan botas de medía caña, sobre todo los hombres. Ellos son altos y las fracciones del rostro muy marcadas. Pasamos toda una mañana recorriendo el mercado y las calles próximas, compramos algunas cosas para tener un recuerdo del mercado de Silvia.

Continuamos nuestro viaje hacia Bogotá acompañados de Bea y Paulo. El trayecto hacia allí duró dos días, lo más destacable fue el paso del puerto de La Línea que une las localidades de Armenia e Ibagué, es muy duro y llevan muchos años en obra. A la entrada de Bogotá nos despedimos de nuestros amigos con la firme intención de que fuera un hasta luego (también piensan llegar hasta Alaska como nosotros).

Las tres semanas que permanecimos en Bogotá fueron de descanso y de reponer las averías que teníamos en estos meses de viaje. Logramos arreglar las dos cámaras de fotos, el inversor de corriente, poner una puerta entre la cabina y el habitáculo, cambiar el aceite, filtros y la cadena de distribución al motor de Juanita.
En estas tres semanas, permanecimos un tiempo en casa de la hermana y del cuñado de Gloria, Carmen y César. Y el resto en el apartamento de Berta, amiga de Gloria desde hace muchos años. Ella no estaba, había ido a ver a su familia que vive en otra parte del país y nos ofreció el apartamento.
Estuvimos muy bien y descansando del ajetreo de estos últimos meses. De manera particular ha sido la vez que más a gusto me he encontrado en Bogotá.
 Un día casi al final, visitamos a una amiga de Gloria también de hace muchos años, Miriam y su esposo Herman, fue una tarde de charla agradable, pues ellos acababan de llegar de hacer un viaje por Europa, incluido España.
Otro día invitamos a “nuestra casa adoptiva “a los hermanos de Gloria, Edgar, Ángela (su esposa) y Jacobo a comer. Hice unas patatas a la riojana que les tuvo que gustar porque repitieron.
 Gloria en nuestro viaje siempre dedica algún día en visitar centros de Alzheimer y Bogotá no tenía que ser una excepción. En la Fundación Acción Familiar Alzheimer Colombia se entrevistó con la directora Dra. Claudia Varón y con su asistente Diana Suarez, tomó apuntes y en general recabó información sobre la problemática de la enfermedad en Colombia.

Gracias a todos por hacer de nuestra estancia en Bogotá lo más agradable posible y sentirnos como si estuviéramos en nuestra casa en Salamanca (os esperamos).

Desde Bogotá hasta Cartagena de Indias fuimos por la carretera de Bucaramanga, queríamos conocer el pueblo de Barichara y el cañón de Chicamocha, nos esperan 1400 kms. Era martes cuando salimos de Bogotá y llegamos a Cartagena el domingo. En Barichara estuvimos dos días (para mí es el pueblo más bonito de Colombia), hicimos el camino real, que va desde Barichara a Guané, nos demoramos unas cuatro horas y el camino en todo su recorrido es empedrado, Guané es cómo Barichara pero más pequeño, regresamos en bus, pues estábamos muy cansados.

La entrada al cañón de Chicamocha nos decepcionó, costaba 50000 pesos, el teleférico otros 50000 y 7000 el vehículo. Era media tarde y cerraban en unas dos horas, no merecía la pena pagar tanto dinero por tan poco tiempo. Desde la carretera se pueden ver los precipicios, el paisaje es espectacular. Nos desviamos de la carretera general para ir a conocer Aracataca, el pueblo donde nació Gabriel García Márquez el escritor colombiano y premio Nobel de literatura en el año 1982. Pedimos permiso a la policía y pasamos la noche cerca del cuartel. Dormimos mal, pues hace un calor tórrido bien descrito por el escritor en sus novelas. Visitamos la casa museo del telegrafista (el lugar de trabajó de su padre) y la casa reconstruida de sus abuelos que es donde vivió su niñez. De regalo, me compré el libro El coronel no tiene quien le escriba.

Hicimos el último trayecto hacia Cartagena con mucho calor, llegamos a media tarde y recorrimos la ciudad sofocados y con un poco de estrés. Al fin logramos encontrar un aparcamiento en el que aunque caro podíamos quedarnos una noche sólo, mañana veríamos alternativas, Cartagena no tiene previsto alojamiento para este tipo de turismo. Allí en el aparcamiento conocimos a Brian, un norteamericano que viaja en una Ford 550 todo terreno con la célula incorporada al chasis (yo la llamo la Bestia). Esta aventura nos está permitiendo conocer a mucha gente y en muchos casos terminamos siendo amigos, pues coincidimos con el trayecto a realizar y compartimos kms y situaciones que tienen que ver con el propio viaje. En el caso de Brian hicimos los trámites del embarque de los vehículos hasta Veracruz (México) juntos.

En Cartagena de Indias estuvimos una semana, el tiempo que tardamos en arreglar los papeles para el barco, donde Juanita, la Ford de Brian y el Toyota de Ashley y Megan (una pareja de jóvenes australianos que viajan por América desde hace un año) darán el salto hacia Veracruz. No hay comunicación terrestre entre Colombia y Panamá y el tapón del Darién inevitablemente hay que hacerlo en barco si se viaja con vehículo. Esto es el dolor de cabeza de todos los viajeros que queremos entrar o salir de Sudamérica, pues los trámites son costosos por el hotel, el papeleo de la agencia, el barco y otras circunstancias… Nosotros lo hicimos con la empresa Enlace Caribe, son profesionales y te ayudan en lo que pueden, nos cobraron por el trámite del embarque unos 450 dólares.

El tiempo que estuvimos en Cartagena estuvimos alojados en el Ibis Marbella Cartagena, unos 60 dólares al día con desayuno incluido, fue una muy buena decisión y creemos que es un hotel recomendable para todo aquel que vaya a la ciudad. Cartagena es una ciudad de fuertes contrastes (es una particularidad que hemos visto en otras ciudades a lo largo de nuestro viaje). El casco antiguo, el malecón, el barrio de Getsemaní y el fuerte de San Felipe merece la pena verse y patearse, son verdaderamente bonitos. También tiene una historia muy interesante y convulsa, pues ha sido pieza codiciada por otras naciones debido a su posición estratégica y a su excelente puerto natural. Blas de Lezo comandante español de la ciudad y el almirante inglés Vernon, tuvieron una “discursión” por ella en el siglo XVIII. Éste se presentó con una flota de quitar el hipo a sus puertas una mañana de marzo del año 1741 y tan seguro estaba de la victoria que en Inglaterra se acuñaron monedas para celebrar el triunfo.  El resultado final se produjo dos meses más tarde. En el Reino Unido por decreto real, está prohibido que los niños en el colegio sepan el final del cuento.  En cuanto a las monedas, el rey Jorge II las retiró del mercado y prohibió su circulación, hoy día son piezas muy valiosas para los coleccionistas. Este episodio es el más representativo del dicho de vender la piel del oso antes de cazarlo. Bueno… pero historias aparte, hay otra Cartagena menos turística que sus propios vecinos nos contaban que está olvidada por parte de las autoridades.

Una vez embarcada Juanita en el Hoegh autoliners, nosotros madrugamos para ir al aeropuerto, desde allí tenemos un vuelo que nos llevará hasta México capital haciendo escala en la ciudad de Panamá. En el aeropuerto de México nos espera Mike, nuestro amigo mexicano que recogimos haciendo auto stop en la Tierra del Fuego meses atrás. 

Pero bueno eso toca en la próxima entrega. No quiero extenderme mucho con estos coñazos de textos, ni quiero que la gente tenga que pedir vacaciones para el que tenga valor y paciencia pueda leerlos.

Como siempre, os deseamos:

Salud y buenos viajes.

Gloria y Antonio.

 
 
 



1 comentario:

  1. Hola pareja!
    No se necesita valor y paciencia para leeros. Nos hace ilusión enteraros de vuestras aventuras que como siempre son muy interesantes y con unas preciosas fotos.
    Ya esperamos la próxima.
    Buen viaje y cuidaros mucho.

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