Dejamos Calapuja y a
nuestros amigos del pueblo celebrando la fiesta de San Esteban y continuamos hacia
Cuzco. Por el camino paramos para visitar la antigua y abandonada estación del
tren de Chuquibambilla y disfrutar del maravilloso paisaje del alto de La Raya
a 4335 msnm; la línea férrea Puno-Cusco de 384 kms nos acompañó durante casi
todo nuestro recorrido.
Aún nos faltaban 118 kilómetros
para llegar y cumpliendo con nuestra norma de no conducir de noche decidimos
quedarnos a dormir en Sicuani una ciudad de aproximadamente 41000 habitantes y
localizada a 3500 msnm. Siguiendo las indicaciones de nuestra aplicación GPS
nos dirigimos a la plaza de armas, casi sin darnos cuenta estábamos en medio de
un enorme mercadillo de calles estrechas, tenderetes improvisados y mucha gente
comprando en la calle. Seguimos avanzando lentamente pues era imposible dar
marcha atrás. La gente nos miraba extrañada de que estuviéramos metidos ahí.
Cuando ya no pudimos avanzar más tuvimos que pedir ayuda. Tanto vendedores como
compradores se dieron cuenta de que éramos unos extranjeros perdidos y se
solidarizaron con nosotros, siempre sonriendo se iban arrinconando movían cajas
corrían tenderetes y avisaban a la gente para que nos dejaran pasar. Poco a
poco y con la paciencia de todos logramos salir, nos quedamos sorprendidos ya
que a nuestro paso saludaban, se despedían dándonos la mano y diciéndonos «bienvenidos
a Perú, disfruten su visita». Fue increíble. Después de salir del problema y de reírnos mucho, unas calles más
adelante logramos llegar a la plaza de armas y encontrar un buen estacionamiento
para pasar la noche y descansar.
Cuzco se encuentra aproximadamente
a 3.400 msnm. Llovía y había mucho tráfico cuando llegamos. Nuevamente nos
dejamos guiar por nuestra aplicación GPS para llegar a Quinta Lala el único
camping cerca de la ciudad. La ruta que nos proponía parecía una sencilla línea
recta cerca de la plaza de armas, pero fue toda una locura ya que nos llevó por
en medio del centro histórico hasta una calle empedrada, estrecha, con una
pendiente de unos 40 grados y sin salida. La Juanita subió hasta donde era
posible pero luego tuvimos que regresar dando marcha atrás. Ya podéis imaginar
la situación. Los coches que venían detrás tuvieron que hacer lo mismo para
darnos paso, en la primera calle que encontramos desviamos y anduvimos en
contra vía hasta lograr salir de allí. Finalmente paramos un taxi y le pedimos
al conductor que fuera delante mostrándonos un camino mejor. Así logramos
llegar al camping.
La ciudad, una de las
más antiguas de occidente, es bastante grande. La zona más moderna tiene altos
edificios y mucho tráfico. Nosotros preferimos pasear por las empedradas,
estrechas y empinadas callecitas del centro en donde pudimos ver y visitar
plazas, museos, iglesias, antiguas casonas y palacios que mezclan arquitectura
colonial e inca; así como el Coricancha el santuario más importante al sol de
la época del Imperio inca que ahora forma parte del convento de Santo Domingo,
también disfrutamos viendo artesanías y saboreando algunos platos típicos de la
región.
Aquí celebramos el
cumpleaños de Antonio. Aún en la distancia recibió el cariño de hijas,
hermanas, sobrinos, sobrina y amigos. El día anterior comimos en un restaurante
muy especial y luego, por invitación de su hermana Irene, nos alojamos en un
gran hotel. La guinda del pastel para él fue visitar el mismo día de su cumple
las ruinas de la ciudadela inca de Machupicchu.
Para llegar allí,
primero viajamos unas seis horas en la minivan de un turoperador local, desde
la plaza mayor de Cuzco hasta un punto conocido como La Hidroeléctrica siguiendo
una carretera de montaña, en malas condiciones con impresionantes curvas, pero
también con increíbles paisajes. Luego hicimos una caminata de 10 kilómetros
hasta el pueblo Aguas Calientes (Machupicchu pueblo), tuvimos que ir con mucho
cuidado porque andábamos por las vías del tren el único camino transitable, bordeando
el río Urabamba, además llovía muchísimo y nos calamos. Pasamos la noche en un
hostal en el que nos cobraron un adicional por las toallas y el papel
higiénico. Al día siguiente muy temprano y en plena lluvia, junto con cientos
de personas, hicimos fila para tomar un autobús que ascendiendo por una
serpenteante carretera de montaña nos llevó a la puerta principal de la ciudadela
en unos 30 minutos. Hicimos otra larga fila para entrar. Al guía que nos
acompañaría durante dos horas (06:30 a 08:30) nunca lo encontramos. Así que por
nuestra cuenta caminamos tranquilamente por sus distintas calles, plazas,
recintos y terrazas el tiempo que quisimos compartiendo impresiones y sensaciones
al contemplar la belleza de esta maravilla de la ingeniería y la arquitectura.
El regreso al pueblo Aguas
Calientes nos tomó unas dos horas porque bajamos por la montaña caminando por
el zigzagueante sendero de escaleras que está bien señalizado y que es otra
alternativa para subir/bajar hacia/de la ciudadela. Disfrutamos del contacto
con esta naturaleza selvática, pero llegamos cansadísimos y decidimos quedarnos
esa tarde-noche y regresar al día siguiente a Cuzco. Esta vez encontramos un mejor
hotel. Aprovechamos para recorrer las pocas calles, visitar el mercado central,
el mercado artesanal y la estación del ferrocarril (¡cómo no!). El tren es el
único medio de transporte de mercancías y viajeros con el que cuenta el pueblo.
Al día siguiente viajamos 60 kilómetros hasta la estación de Ollantaytambo en un
tren operado por Perurail, el pasaje es caro pero la experiencia (que será
única para nosotros) fue muy buena. Es un tren cómodo, por sus grandes
ventanales se pueden contemplar el valle y las montañas, está ambientado con
música y bailes regionales, un desfile de modas con atuendos elaborados con
lana de alpaca baby y cuenta con una excelente atención del personal del tren. Las
llegadas a Cuzco por este medio están suspendidas como medida de seguridad
porque es temporada de lluvias, así que luego tuvimos que completar el
recorrido en taxi.
Durante los ocho días
que estuvimos en la ciudad también compartimos momentos inolvidables con otros
viajeros que llegaron al camping: Natalie una joven motera de Suiza que viaja
por Sur América en compañía de Minka una perrita que adoptó en la costa
colombiana y que según va creciendo le obliga a hacer adaptaciones en la moto
para poder transportarla de forma segura. La última vez que hablamos había
mandado construir un pequeño remolque en el que esperaba llevar a Minka en su
ruta hacia Brasil. Ojalá todo les haya ido bien. Nos mantendremos en contacto. Tina y Bernardo, una pareja de alemanes
jubilados que viajan conduciendo un súper camión. Han estado en África y
Europa. Vienen recorriendo América desde Alaska y se dirigen a Santa Cruz en
Bolivia. Doris y Harry, también
alemanes, en 2006-2007 recorrieron la carretera Panamericana por América del
Norte y desde agosto de 2015 la recorren por América del Sur, en periodos que
interrumpen para volver a Alemania por motivos de trabajo; se dirigen al norte
por lo que esperamos coincidir con ellos en otros lugares de nuestro recorrido.
Continuamos nuestro
viaje desde Cuzco en dirección a Nazca, siguiendo la ruta 3S Carretera
Longitudinal de la Sierra Sur, 688 kms con numerosas curvas ascensos descensos,
zonas de densa niebla, lluvia, derrumbes…. Nos tomó dos días y medio completar
este recorrido. El primer día, después
de casi siete horas de conducción sólo habíamos hecho 193 kms y estábamos en
Abancay (75.000 habitantes) a 2.377 msnm en las faldas del nevado Ampay; dormimos
en una estación de servicio a la entrada de la ciudad.
El segundo día, salimos
temprano por la vía de evitamiento para no entrar en Abancay, pero resultó estar
en pésimas condiciones: sin asfalto, con barro, charcos, baches, muy peligrosa y
que logramos dejar para conectar con la autopista, una hora después. Entonces seguimos
en dirección a Puquio. Durante 161 kms a un lado de la carretera nos acompañó el
precioso y caudaloso río Apurimac. Luego vinieron las cuestas, la lluvia y paisajes
preciosos con lagos y lagunas en la parte más alta del recorrido. Subimos hasta
4350 msnm. Vimos y fotografiamos llamas, vicuñas y alpacas y paramos muchas
veces para hacer fotografías. En un restaurante de carretera coincidimos con Tomás
y Camila una pareja de moteros colombianos (de Antioquia) que habíamos conocido
el día anterior. Estaban helados, así que les ofrecimos –y aceptaron- que ella viajara con nosotros en Juanita para
esquivar un poco el frío y encontrarnos con él en la primera estación de
servicio al llegar a Puquio. Camila iba feliz, pronto entró en calor. Nos
encontramos con Tomas según lo dicho, ellos buscaron un hostal y nosotros
pasamos la noche en la estación de servicio al lado de un camión 4x4 MAN de matrícula
suiza. Al final del día habíamos hecho 317 kilómetros y llegado a una pequeña ciudad
de 15.000 habitantes, situada a 3.214 msnm.
El tercer día dejamos
Puquio a las 7:30. La carretera era sinuosa, el paisaje árido y las montañas amarillas
y rojas sin vegetación, en algunas se podían ver grandes orificios de entrada a
abandonadas minas de oro, la tierra parecía erosionada.
Llegamos al medio día a
la llanura desértica de Nazca, con la intención de visitar las famosas Líneas
de Nazca, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. La ciudad tiene unos
25.000 habitantes, está a 588 msnm, el clima es seco y hacía calor. Después de
callejear un rato explorando el entorno, fuimos a las oficinas de Alegría tour
- Alas peruanas para contratar un tour de visita a las líneas con transporte y
guía incluidos. El dueño de la agencia además nos sugirió para alojarnos el
Fundo San Rafael, un hotel cerca de la ciudad, tranquilo amplio cómodo, con
piscina agua caliente wifi y estacionamiento para auto caravanas. Pasamos allí
dos noches, la primera en una habitación y la segunda en Juanita.
La visita a las Líneas
de Nazca nos llevó unas tres horas. Están a 25 Km de la ciudad entre
los kilómetros 419 y 465 de la Panamericana Sur y ocupan una superficie aproximada
de 750 kms2. Son una serie de
gigantescas líneas y geoglíficos que fueron trazados en el suelo retirando las
piedras del interior o apartando sus bordes para formar un bajo relieve.
Representan figuras geométricas, de animales, plantas y seres fantásticos. Aunque
hay varias teorías para explicar el objetivo que tenían, parece que las que más
se sostienen actualmente son dos: la que
las considera un calendario solar y lunar usado por los antiguos astrónomos
peruanos para determinar temporada de lluvias y mejor época para cosechar; y la
que dice que fueron construidas con fines ceremoniales para que pudieran ser
vistas desde el cielo por los dioses ancestrales.
Pudimos observar
algunas desde una colina cercana y otras desde una torre-mirador situada junto
a la Carretera Panamericana, también pudimos comprobar el efecto destructivo
que sobre otras han tenido la construcción de esta carretera y la circulación
de coches, que al parecer lo hacen al atardecer y de manera furtiva para
acortar camino. Luego visitamos la casa-museo de María Reiche, matemática de
origen alemán que dedicó de manera obsesiva 66 años de su vida a la
investigación y cuidado de las líneas. Conserva bosquejos, mapas, instrumentos
de medida, fotos y demás materiales que recopilo, escribió o utilizó en su
estudio, y también la habitación austera en la que vivió.
Dedicamos el resto del
día a caminar por la ciudad y preparar a Juanita para la siguiente etapa del
viaje: la Reserva Natural de Paracas. Allí nos encontraremos en nuestra próxima entrada. Hasta entonces deseamos para todos
Salud y buenos viajes.
Gloria y Antonio















Impresionan las fotos muy buenas
ResponderEliminarque envidia me dais
seguid disfrutando
un abrazo
Pedro
Impresionante. El relato, las fotos, todo lo que nos mostráis nos deja con la boca abierta, así que nos imaginamos lo que debeis sentir al estar contemplando tanta maravilla.
ResponderEliminarEsperamos ya la próxima.
Cuidaros mucho amigos.
Excelente blog muchas felicidades
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