viernes, 14 de abril de 2017

Dieciocho. Momentos especiales en Cuzco, Machupicchu y Nazca.

Dejamos Calapuja y a nuestros amigos del pueblo celebrando la fiesta de San Esteban y continuamos hacia Cuzco. Por el camino paramos para visitar la antigua y abandonada estación del tren de Chuquibambilla y disfrutar del maravilloso paisaje del alto de La Raya a 4335 msnm; la línea férrea Puno-Cusco de 384 kms nos acompañó durante casi todo nuestro recorrido.

Aún nos faltaban 118 kilómetros para llegar y cumpliendo con nuestra norma de no conducir de noche decidimos quedarnos a dormir en Sicuani una ciudad de aproximadamente 41000 habitantes y localizada a 3500 msnm. Siguiendo las indicaciones de nuestra aplicación GPS nos dirigimos a la plaza de armas, casi sin darnos cuenta estábamos en medio de un enorme mercadillo de calles estrechas, tenderetes improvisados y mucha gente comprando en la calle. Seguimos avanzando lentamente pues era imposible dar marcha atrás. La gente nos miraba extrañada de que estuviéramos metidos ahí. Cuando ya no pudimos avanzar más tuvimos que pedir ayuda. Tanto vendedores como compradores se dieron cuenta de que éramos unos extranjeros perdidos y se solidarizaron con nosotros, siempre sonriendo se iban arrinconando movían cajas corrían tenderetes y avisaban a la gente para que nos dejaran pasar. Poco a poco y con la paciencia de todos logramos salir, nos quedamos sorprendidos ya que a nuestro paso saludaban, se despedían dándonos la mano y diciéndonos «bienvenidos a Perú, disfruten su visita». Fue increíble. Después de salir del problema y de reírnos mucho, unas calles más adelante logramos llegar a la plaza de armas y encontrar un buen estacionamiento para pasar la noche y descansar.

 
 
 
 
 
 
 
 

Cuzco se encuentra aproximadamente a 3.400 msnm. Llovía y había mucho tráfico cuando llegamos. Nuevamente nos dejamos guiar por nuestra aplicación GPS para llegar a Quinta Lala el único camping cerca de la ciudad. La ruta que nos proponía parecía una sencilla línea recta cerca de la plaza de armas, pero fue toda una locura ya que nos llevó por en medio del centro histórico hasta una calle empedrada, estrecha, con una pendiente de unos 40 grados y sin salida. La Juanita subió hasta donde era posible pero luego tuvimos que regresar dando marcha atrás. Ya podéis imaginar la situación. Los coches que venían detrás tuvieron que hacer lo mismo para darnos paso, en la primera calle que encontramos desviamos y anduvimos en contra vía hasta lograr salir de allí. Finalmente paramos un taxi y le pedimos al conductor que fuera delante mostrándonos un camino mejor. Así logramos llegar al camping.

 
 

La ciudad, una de las más antiguas de occidente, es bastante grande. La zona más moderna tiene altos edificios y mucho tráfico. Nosotros preferimos pasear por las empedradas, estrechas y empinadas callecitas del centro en donde pudimos ver y visitar plazas, museos, iglesias, antiguas casonas y palacios que mezclan arquitectura colonial e inca; así como el Coricancha el santuario más importante al sol de la época del Imperio inca que ahora forma parte del convento de Santo Domingo, también disfrutamos viendo artesanías y saboreando algunos platos típicos de la región. 




Aquí celebramos el cumpleaños de Antonio. Aún en la distancia recibió el cariño de hijas, hermanas, sobrinos, sobrina y amigos. El día anterior comimos en un restaurante muy especial y luego, por invitación de su hermana Irene, nos alojamos en un gran hotel. La guinda del pastel para él fue visitar el mismo día de su cumple las ruinas de la ciudadela inca de Machupicchu.

Para llegar allí, primero viajamos unas seis horas en la minivan de un turoperador local, desde la plaza mayor de Cuzco hasta un punto conocido como La Hidroeléctrica siguiendo una carretera de montaña, en malas condiciones con impresionantes curvas, pero también con increíbles paisajes. Luego hicimos una caminata de 10 kilómetros hasta el pueblo Aguas Calientes (Machupicchu pueblo), tuvimos que ir con mucho cuidado porque andábamos por las vías del tren el único camino transitable, bordeando el río Urabamba, además llovía muchísimo y nos calamos. Pasamos la noche en un hostal en el que nos cobraron un adicional por las toallas y el papel higiénico. Al día siguiente muy temprano y en plena lluvia, junto con cientos de personas, hicimos fila para tomar un autobús que ascendiendo por una serpenteante carretera de montaña nos llevó a la puerta principal de la ciudadela en unos 30 minutos. Hicimos otra larga fila para entrar. Al guía que nos acompañaría durante dos horas (06:30 a 08:30) nunca lo encontramos. Así que por nuestra cuenta caminamos tranquilamente por sus distintas calles, plazas, recintos y terrazas el tiempo que quisimos compartiendo impresiones y sensaciones al contemplar la belleza de esta maravilla de la ingeniería y la arquitectura.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


El regreso al pueblo Aguas Calientes nos tomó unas dos horas porque bajamos por la montaña caminando por el zigzagueante sendero de escaleras que está bien señalizado y que es otra alternativa para subir/bajar hacia/de la ciudadela. Disfrutamos del contacto con esta naturaleza selvática, pero llegamos cansadísimos y decidimos quedarnos esa tarde-noche y regresar al día siguiente a Cuzco. Esta vez encontramos un mejor hotel. Aprovechamos para recorrer las pocas calles, visitar el mercado central, el mercado artesanal y la estación del ferrocarril (¡cómo no!). El tren es el único medio de transporte de mercancías y viajeros con el que cuenta el pueblo. Al día siguiente viajamos 60 kilómetros hasta la estación de Ollantaytambo en un tren operado por Perurail, el pasaje es caro pero la experiencia (que será única para nosotros) fue muy buena. Es un tren cómodo, por sus grandes ventanales se pueden contemplar el valle y las montañas, está ambientado con música y bailes regionales, un desfile de modas con atuendos elaborados con lana de alpaca baby y cuenta con una excelente atención del personal del tren. Las llegadas a Cuzco por este medio están suspendidas como medida de seguridad porque es temporada de lluvias, así que luego tuvimos que completar el recorrido en taxi.

 
 
 
 
 

Durante los ocho días que estuvimos en la ciudad también compartimos momentos inolvidables con otros viajeros que llegaron al camping: Natalie una joven motera de Suiza que viaja por Sur América en compañía de Minka una perrita que adoptó en la costa colombiana y que según va creciendo le obliga a hacer adaptaciones en la moto para poder transportarla de forma segura. La última vez que hablamos había mandado construir un pequeño remolque en el que esperaba llevar a Minka en su ruta hacia Brasil. Ojalá todo les haya ido bien. Nos mantendremos en contacto.  Tina y Bernardo, una pareja de alemanes jubilados que viajan conduciendo un súper camión. Han estado en África y Europa. Vienen recorriendo América desde Alaska y se dirigen a Santa Cruz en Bolivia.  Doris y Harry, también alemanes, en 2006-2007 recorrieron la carretera Panamericana por América del Norte y desde agosto de 2015 la recorren por América del Sur, en periodos que interrumpen para volver a Alemania por motivos de trabajo; se dirigen al norte por lo que esperamos coincidir con ellos en otros lugares de nuestro recorrido.


 


Continuamos nuestro viaje desde Cuzco en dirección a Nazca, siguiendo la ruta 3S Carretera Longitudinal de la Sierra Sur, 688 kms con numerosas curvas ascensos descensos, zonas de densa niebla, lluvia, derrumbes…. Nos tomó dos días y medio completar este recorrido.  El primer día, después de casi siete horas de conducción sólo habíamos hecho 193 kms y estábamos en Abancay (75.000 habitantes) a 2.377 msnm en las faldas del nevado Ampay; dormimos en una estación de servicio a la entrada de la ciudad.

El segundo día, salimos temprano por la vía de evitamiento para no entrar en Abancay, pero resultó estar en pésimas condiciones: sin asfalto, con barro, charcos, baches, muy peligrosa y que logramos dejar para conectar con la autopista, una hora después. Entonces seguimos en dirección a Puquio. Durante 161 kms a un lado de la carretera nos acompañó el precioso y caudaloso río Apurimac. Luego vinieron las cuestas, la lluvia y paisajes preciosos con lagos y lagunas en la parte más alta del recorrido. Subimos hasta 4350 msnm. Vimos y fotografiamos llamas, vicuñas y alpacas y paramos muchas veces para hacer fotografías. En un restaurante de carretera coincidimos con Tomás y Camila una pareja de moteros colombianos (de Antioquia) que habíamos conocido el día anterior. Estaban helados, así que les ofrecimos –y aceptaron-  que ella viajara con nosotros en Juanita para esquivar un poco el frío y encontrarnos con él en la primera estación de servicio al llegar a Puquio. Camila iba feliz, pronto entró en calor. Nos encontramos con Tomas según lo dicho, ellos buscaron un hostal y nosotros pasamos la noche en la estación de servicio al lado de un camión 4x4 MAN de matrícula suiza. Al final del día habíamos hecho 317 kilómetros y llegado a una pequeña ciudad de 15.000 habitantes, situada a 3.214 msnm.

El tercer día dejamos Puquio a las 7:30. La carretera era sinuosa, el paisaje árido y las montañas amarillas y rojas sin vegetación, en algunas se podían ver grandes orificios de entrada a abandonadas minas de oro, la tierra parecía erosionada.

 
 
 
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
  
 
 
 


Llegamos al medio día a la llanura desértica de Nazca, con la intención de visitar las famosas Líneas de Nazca, declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad. La ciudad tiene unos 25.000 habitantes, está a 588 msnm, el clima es seco y hacía calor. Después de callejear un rato explorando el entorno, fuimos a las oficinas de Alegría tour - Alas peruanas para contratar un tour de visita a las líneas con transporte y guía incluidos. El dueño de la agencia además nos sugirió para alojarnos el Fundo San Rafael, un hotel cerca de la ciudad, tranquilo amplio cómodo, con piscina agua caliente wifi y estacionamiento para auto caravanas. Pasamos allí dos noches, la primera en una habitación y la segunda en Juanita.  

La visita a las Líneas de Nazca nos llevó unas tres horas. Están a 25 Km de la ciudad entre los kilómetros 419 y 465 de la Panamericana Sur y ocupan una superficie aproximada de 750 kms2Son una serie de gigantescas líneas y geoglíficos que fueron trazados en el suelo retirando las piedras del interior o apartando sus bordes para formar un bajo relieve. Representan figuras geométricas, de animales, plantas y seres fantásticos. Aunque hay varias teorías para explicar el objetivo que tenían, parece que las que más se sostienen actualmente son dos:  la que las considera un calendario solar y lunar usado por los antiguos astrónomos peruanos para determinar temporada de lluvias y mejor época para cosechar; y la que dice que fueron construidas con fines ceremoniales para que pudieran ser vistas desde el cielo por los dioses ancestrales.

Pudimos observar algunas desde una colina cercana y otras desde una torre-mirador situada junto a la Carretera Panamericana, también pudimos comprobar el efecto destructivo que sobre otras han tenido la construcción de esta carretera y la circulación de coches, que al parecer lo hacen al atardecer y de manera furtiva para acortar camino. Luego visitamos la casa-museo de María Reiche, matemática de origen alemán que dedicó de manera obsesiva 66 años de su vida a la investigación y cuidado de las líneas. Conserva bosquejos, mapas, instrumentos de medida, fotos y demás materiales que recopilo, escribió o utilizó en su estudio, y también la habitación austera en la que vivió.

Dedicamos el resto del día a caminar por la ciudad y preparar a Juanita para la siguiente etapa del viaje: la Reserva Natural de Paracas. Allí nos encontraremos en nuestra próxima entrada. Hasta entonces deseamos para todos

Salud y buenos viajes.

Gloria y Antonio


  
 
 
 
 





3 comentarios:

  1. Impresionan las fotos muy buenas
    que envidia me dais
    seguid disfrutando
    un abrazo
    Pedro

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  2. Impresionante. El relato, las fotos, todo lo que nos mostráis nos deja con la boca abierta, así que nos imaginamos lo que debeis sentir al estar contemplando tanta maravilla.
    Esperamos ya la próxima.
    Cuidaros mucho amigos.

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