martes, 27 de junio de 2017

Veinte. Recuerdos de nuestro paso por Ecuador

Un saludo para todos. Habréis notado que no logramos mantener la continuidad de los relatos. Por favor tened paciencia ya que no solo dependemos de acceder a conexión wifi de buena calidad y libre sino también -aunque os parezca increíble-, con mucha frecuencia no nos queda tiempo para escribir. Cada día emprendemos un nuevo recorrido, conocemos lugares, probamos comidas y bebidas diferentes, recopilamos muchas fotos, nos sorprendemos con la gente y sus historias, nos ocurren muchas cosas buenas y algunas veces también no tan buenas, buscamos sitios para estacionar y pasar la noche... Al final del día estamos tan cansados que solo hacemos algunas anotaciones y organizamos las fotos para no olvidar o confundir lugares, antes de irnos a dormir.

Preparaos. Tomad vuestra bebida favorita y sentaros dispuestos a leer. Hoy os compartiremos nuestras vivencias en Ecuador, un país que nos sorprendió gratamente. Elegimos recorrerlo de sur a norte siguiendo la cordillera de los Andes para evitar el calor y los mosquitos de las zonas costera y amazónica. Nos tomó un mes recorrer algunas ciudades de las provincias de Loja, Azuay, Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi, Pichincha, Imbabura y Charchí. Como era de esperar para un recorrido entre montañas, la ruta estuvo llena de ascensos descensos y marcadas curvas. Aunque nos acompañó siempre algo de frío y lluvia, la temperatura era agradable y las carreteras en general estaban en buenas condiciones. Tuvimos que pagar varios peajes, pero todos al mismo precio: 1 dólar. 

Entramos al país por la ciudad de Macara en la provincia de Loja. Pasamos las dos primeras noches en la hostería Candamo para descansar y revisar mapa de ruta para Ecuador. Y seguimos hacia Vilcabamba, que en quichua significa valle sagrado. La niebla algunos derrumbes en la carretera y las restricciones de Juanita para subir cuestas nos obligaron a ir con mucha precaución, pero esto también nos sirvió para hacernos conscientes de la hermosa y exuberante vegetación de este valle famoso por la longevidad de quienes lo habitan.

Estuvimos paseando por las calles, el parque central y dos largos senderos que van paralelos al río en el pueblo Vilcabamba. Es pequeño, tranquilo, acogedor y con un clima muy agradable. Tiene unos 5000 habitantes entre los que se cuentan muchos jubilados estadounidenses que ven cómo aquí sus pensiones rinden más y tienen una excelente calidad de vida. Nos lo confirmó Thomas, fotógrafo jubilado que vive aquí desde hace cinco años y considera que es su paraíso. Interesada en averiguar qué había de cierto en los rumores sobre longevidad de los habitantes de la zona quise conocer el Instituto de Gerontología, pero descubrí que ya no existe pues una vez finalizaron sus proyectos lo integraron al Ministerio de Sanidad y sus instalaciones fueron cedidas al Instituto de Tecnología.

Después fuimos a la ciudad de Loja, capital de la provincia. Nos impresionó su bien organizado sistema de transporte público, la limpieza de sus calles, la belleza de sus parques, la amabilidad de sus gentes y lo orgullosos que se manifiestan los lojanos de su ciudad. Allí tuvimos que ir a consulta de oftalmología porque tuve un incómodo y dolorosísimo herpes en el ojo D que tardó 15 días en sanar.

Partimos entonces hacia Cuenca. Después de dar muchas vueltas por la ciudad finalmente encontramos estacionamiento muy cerca de la entrada al Parque Pumapungo. Con vigilancia 24 horas, tranquilo, bonito, junto a un sendero que bordea el río Tomebamba. Aunque en nuestra estancia coincidimos con los carnavales, la ciudad estaba muy tranquila. Seguramente porque mucha gente aprovecha para tomarse un descanso del trabajo y visitar pueblos vecinos. Vimos muchos negocios cerrados. Esto fue un problema porque no encontrábamos un técnico que revisara el inversor de corriente del habitáculo de Juanita, que dejó de funcionar. No pudimos volver a usar el microondas ni cargar baterías de ordenadores o cámaras.  Optamos por ir a cafeterías o restaurantes para recargar, pero era una situación bastante incómoda porque el proceso tardaba y con frecuencia los meseros nos ofrecían algo más para consumir.

Nuestro amigo Andrés, propietario de auto caravanas Sitmon en Salamanca, consiguió un nuevo inversor de corriente, pero no pudo hacérnoslo llegar porque el envío internacional de componentes o partes eléctricas por paquetería es una exportación, los tramites son complejos costosos y toman tiempo. Así que lo mejor era esperar a que terminaran los carnavales para revisión, reparación o sustitución aquí. 

Aprovechamos el tiempo de espera para conocer la ciudad y sus alrededores. Nos gustó mucho el centro histórico que conserva iglesias y casonas de estilos colonial y republicano; el museo del Ministerio de Cultura en el Parque Pumapungo; los parques, grandes avenidas, edificios modernos y los senderos peatonales que se pueden recorrer junto a los ríos que pasan por la ciudad. 
Estuvimos en Gualaceo, pueblo típico de la zona famoso por sus carnavales. En ruta pacientemente aguantamos la harina y el agua que niños y jóvenes lanzaban al paso de los coches. El ambiente a orillas del río era buenísimo: algunos acampaban, otros preparaban platos típicos en rusticas fogatas, muchos jugaban dentro y fuera del agua. Por la calle principal del pueblo circulaba un desfile de carrozas con reinas, grupos musicales y bailarines que vestían trajes típicos. El espectáculo era muy bonito, lo estuvimos observando un par de horas y disfrutamos haciendo fotos a uno y otro lado de la vía, al tiempo que intentábamos esquivar el agua, la harina o la espuma que sorpresiva e indiscriminadamente arrojaban por las calles. De camino hacia el estacionamiento de Juanita una persona tiró agua desde la ventana de su casa, al parecer su intención era mojar a unos amigos que venían delante de nosotros, pero lo que logró fue dejar a Antonio completamente empapado. Vaya disgusto que se llevó. Estuvo furioso todo el camino de regreso a Cuenca.
Vistamos el Parque Nacional Cajas. Llovía y hacía frío, pero aun así pudimos disfrutar de un hermoso paisaje de paramo con numerosas lagunas y calmar el frío con una taza de chocolate al calor de una acogedora chimenea en una cabaña de pescadores.  

Por fin un técnico pudo revisar el inversor de corriente, pero no arreglarlo ni ofrecernos otro ya que en toda América el voltaje de la corriente es de 110 voltios y la nuestra es de 220. Nos sugirió esperar a llegar a Bogotá, Colombia, en donde posiblemente encontraríamos repuestos.

Dejamos Cuenca por la autopista Cuenca-Azogue en dirección a San Pedro de Alausí. Un pueblo situado en medio de imponentes montañas y que elegimos visitar para hacer el recorrido en el famoso tren de la nariz del diablo. Nos bajamos en la estación para informarnos sobre precios y horarios. Al regresar, cerca de Juanita un hombre miraba y tomaba notas en una libreta pensamos que nos estaban multando por el estacionamiento, pero era el Sr. Fredy -de Riobamba- que quiere viajar y anotaba los lugares que hemos visitado y marcado con pegatinas. Después de conversar un rato, nos dijo que conocía un buen lugar donde podíamos acampar, conduciendo su coche delante nos llevó hasta un hostal en un alto con vistas estupendas y todos los servicios incluido lavadero y un buen estacionamiento para auto caravanas.

El tren es una composición de máquina diésel eléctrica y tres vagones con grandes ventanales. El recorrido que hace dura casi tres horas ida y regreso, por una vía en zigzag que le permite ir avanzando y retrocediendo y así avanzar por las faldas de una montaña llamada la nariz del diablo. Un paisaje increíble. En una parada que duró unos 10 minutos Antonio pudo conversar con el maquinista, Mario. Hicimos muchas fotos y él le regaló a Antonio un pin de los ferrocarriles del ecuador.

Pasamos una tarde noche en Riobamba de camino al Parque Nacional Cotopaxi. Recorrimos algunas calles, el parque central, el colegio nacional Maldonado y la plaza de mercado. Y dormimos en el parqueadero de la estación de trenes. Esta ciudad está muy cercana al volcán Chimborazo, la montaña más alta del país, que pudimos contemplar desde la carretera.  

Disfrutamos el Parque Nacional Cotopaxi varios días. La entrada, el estacionamiento y la acampada son gratuitas. Tiene senderos bien demarcados y muchas lagunas. Los paisajes son espectaculares. Destaca el activo volcán nevado Cotopaxi con 5897 m de altura y que tuvimos la suerte de ver en todo su esplendor sólo durante un par de horas ya que lo habitual por estas fechas es que lo oculte una densa niebla. También pudimos ver muchos patos en las lagunas, algunas manadas de caballos salvajes en las praderas y un zorro rojo que nos visitó una tarde mientras comíamos. Pasamos las noches en las zonas de acampada. Una de ellas muy cerca de La Rinconada, una cabaña donde Alejandro Yáñez y su novia gestionan un servicio de alojamiento y alimentación muy acogedor. Estuvimos conversando largo rato con ellos y terminamos participando en una grabación para el programa de televisión internacional “Desde Casa” de Ecuavisa Internacional. Fue muy divertido. Querían conocer nuestras experiencias de viaje y en el PN Cotopaxi.

En Quito hicimos lo mismo que en otras grandes ciudades, alojarnos en un hotel. Entre otras cosas, nos permite tener un estacionamiento seguro para Juanita y usar el transporte público para desplazarnos. Estuvimos en el Carolina Monte Carlo que está en el barrio La Mariscala, una especie de zona rosa con muy buen ambiente y a pocos minutos en taxi del centro histórico.  Recorrimos la ciudad en el bus turístico. Visitamos muchas iglesias y catedrales en la zona colonial, el museo de la ciudad y subimos en teleférico a la cúspide de Cruz Loma a unos 4000 msnm y muy cerca del volcán de Pichincha. Desde arriba nos dimos cuenta de la extensión de la ciudad pero la niebla no nos permitió contemplarla como esperábamos, además, después de caminar por un corto sendero comenzamos a notar los efectos negativos de la altura, estábamos fatigados lentos y como atontados. Así que solo permanecimos un rato  y nos fuimos para el centro de la ciudad en taxi.

Visité a la Dra. Lissette Duque, neuróloga, vinculada a la asociación Alzheimer Ecuador y también fundadora y directora del Centro Neuromedicenter que fue la primera iniciativa en el país especializada en Alzheimer. Ofrece servicio de centro de día de adulto mayor y áreas de diagnóstico y tratamiento. Desde aquí quiero enviarle un saludo y reiterarle mi agradecimiento por su amabilidad, disposición y el tiempo que me dedicó. Dejamos el hotel de Quito después de despedirnos del dueño el Sr. Damián y de Carlos el recepcionista un chico venezolano recién llegado al país. Ambos nos facilitaron todo para que pudiéramos movernos por la ciudad. 

Nos dirigimos a Papallacta, un pequeño pueblo cerca de Quito a unos 3250 msnm, para conocer sus famosas termas. El lugar es muy bonito. Tiene nueve piscinas naturales cada una con diferente temperatura. Estuvimos dentro casi tres horas. Empezamos en una de agua tibia, luego fuimos pasando por otras tres cada vez más calientes y regresamos a la tibia, intercalando cada paso con un baño de agua helada. Siempre relajados y disfrutando. El vapor del agua de las piscinas se confundía con la niebla del lugar, tanto que en un momento ya no era posible ver a otras personas. Después una ducha y tomar algo caliente. Pagando 12 dólares pudimos quedarnos a dormir estacionados dentro del complejo termal, muy cerca de la entrada a las piscinas.

En la mañana nos dirigimos a “la mitad del mundo” un monumento que se encuentra a unos 20 kms de Quito y marca la latitud cero. Llegamos al medio día. Pagamos 35 dólares cada uno por paquete básico, recorrimos la zona y tomamos muchas fotografías. 

Después de comer en un restaurante cercano seguimos viaje hacia Otavalo. Por el camino paramos en una cafetería para conseguir información pues una señal de carretera indicaba Ibarra, pero tanto a izquierda como a derecha y no sabíamos cual coger. Allí conocimos a Gustavo y a César dos hombres que tomaban café y amablemente nos informaron. Después de interesarse por nuestro viaje estuvieron viendo a Juanita y Gustavo nos invitó a su casa a pocos kms de allí. Tiene 79 años y vive solo. Su esposa falleció hace siete años y su hija de 32 estudia en Madrid y por eso se encuentra muy triste, las echa mucho de menos. La casa es preciosa y tiene una vista impresionante hacia Quito sobre el cañón del río Pisque. Estuvimos tomando una cerveza, conversando y recorriendo a pie los alrededores. Anocheció y tuvimos que quedarnos estacionados allí y dormir en Juanita. Al día siguiente buscamos a despedirnos, pero Gustavo nos pidió que lo esperáramos, iba con el arquitecto Marcelo a mirar terrenos de su propiedad cerca de casa en los que quiere construir chalets. Regresaron a media mañana. Antonio ofreció y preparó una paella que disfrutamos los cuatro. Después de la sobremesa Marcelo se despidió y acompañamos a Gustavo el resto del día viendo un partido de fútbol y oyéndolo tocar la guitarra. Fue una de las veladas más especiales que hemos tenido en este viaje, llegamos a sentirnos como si fuéramos amigos de toda la vida. Al día siguiente nos despedimos y les dejamos una botella de aceite de oliva que compramos en Nazca. Esperamos que todos los planes que tiene se cumplan y que su hija regrese pronto para que su vida se llene de más ilusiones. Un saludo amigo Gustavo. 

El cuenta kilómetros de Juanita marcaba 18500 km, eran las 10:45 horas y habían pasado solo 10 minutos después de habernos despedido de Gustavo, cuando cruzamos del hemisferio sur al hemisferio norte. Nos felicitamos con un choque de manos y un buen toque de bocina. ¡Bravo!

Unos 45 minutos después llegamos a Otavalo. Pueblo famoso por la habilidad de sus indígenas artesanos. Estacionamos cerca de una iglesia. Había mucha gente reunida celebrando una boda. Muchos de los invitados vestían trajes típicos. Los hombres camisa y pantalón blanco, ruana azul, sombrero negro y llevaban su largo cabello recogido en una trenza. Las mujeres también con trenzas, vestían hermosas blusas blancas bordadas y con encajes, falda tubular azul oscura larga con fajín bordado en la cintura y un pequeño pañuelo sobre los hombros. Los novios vestían igual. A la salida de la iglesia un grupo de músicos animaba el ambiente con ritmos típicos de la zona. Después de felicitar a los novios y tomar algunas fotos con su autorización, fuimos a comer a un restaurante cerca de la plaza central. Dedicamos un par de horas a recorrer algunas calles y caminar por la zona del mercado.

Sin dificultad llegamos al camping summerwind. Estuvimos un par de días que aprovechamos para lavar y secar ropa, limpiar bien a Juanita, escribir y colgar otra entrada del blog. Es un sitio amplio, bonito y está en el entorno natural de la laguna Yahuarcocha en la ciudad de Ibarra. Aquí conocimos a Stefan y su esposa Petra dos alemanes que están recorriendo el mundo en un súper camión todo terreno de tres ejes. De aquí partimos hacia el Puente Internacional de Rumichaca que marca la frontera entre Ecuador y Colombia.

Nos despedimos de Ecuador. Ha sido una experiencia maravillosa de la que destacamos a las personas: amables, sencillas, dispuestas y muy trabajadoras, en especial quienes se dedican a las labores del campo y principalmente a las mujeres que vimos en zonas de niebla y campos escarpados labrando la tierra mientras llevaban niños sujetos a la espalda.

Hasta la próxima… Salud y buenos viajes para todos




 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 

 































3 comentarios:

  1. Se os echaba de menos,
    preciosas las fotos
    cuidaros
    un abrazo
    Pedro

    ResponderEliminar
  2. Como siempre, un magnífico relato y unas fantásticas fotografías. Ya os echábamos de menos. Seguid disfrutando amigos. Cuidaros mucho

    ResponderEliminar
  3. Hola Gloria Tetesa
    Soy Jair, vivo en el segundo piso encima de Nancy y Jorge.
    Me desatrazaré y seguiré su emocionante recorrido.
    Espero Alaska los esté tratando muy bien.
    También me fascina viajar.
    Estamos en contacto.
    Su experiencia eztá fuera de serie

    ResponderEliminar